lunes, 8 de agosto de 2016

Diario viajeros 2016

ANA escribe
LAURA escribe
ASIER escribe


Día 8 de agosto lunes: vuelos y llegada a Cape Town

Aprovecho la parada técnica de Durban para escribir unas líneas. El primer vuelo a Estambul ha sido de casi 4 h. Hemos jugado alguna partida de cartas al “uno”,  y la verdad es que aunque nos han entretenido con bebidas y cena, se nos ha hecho algo larguito.

Hemos llegado al tan últimamente famoso por las noticias aeropuerto de Ataturk. Uno de los más importantes de Europa, si no el que más, debido a las múltiples conexiones con tantos y tantos países. Conexión de 3 h 15 minutos, cafecito y nestea de los chicos y yo me he comprado una tarjeta micro SD para el móvil.

Siguiente vuelo de casi 10 h, hasta Durban. Nos dan una toallita caliente para limpiarnos la cara, un estuche con cepillo y pasta de dientes, cacao, tapones, calcetines y zapatillas, además de manta y almohada para pasar la noche.



A eso de las 2 h de la mañana nos dan una comida que ni Laura ni yo cogemos. Ella porque duerme plácidamente y yo porque no quiero.

Desayuno a la mañana, y ahora os cuenta Asier su experiencia:

Comparando con otros vuelos este ha sido el mejor de todos. El primer vuelo ha sido más llevadero, la escala en Estambul ha sido divertida. El aeropuerto era tan grande que no te daba tiempo a aburrirte, aparte de conocer a bastante gente. La primera hora del segundo ha estado bien, pero más adelante dormir era casi imposible llevando el motor al lado… al final sólo he podido dormir a ratos. Cuando ya estábamos todos despiertos ha  sido aburrido, todavía nos quedaban 4 horas. Al final aburre tantas horas sentado. Pero al menos ya queda poco.

Laura:

Cuando finalmente hemos llegado sobre la una y cuarto a Ciudad del Cabo, no nos han parado de pasar cosas extrañas y graciosas ala vez. El viaje ha empezado bien.

Primero, en la aduana, nos ha atendido una chica gorda que ha tenido que dejar a un lado el juego al que estaba jugando en el móvil para atendernos, por lo que, como era de esperar, no ha sido muy amable. Además su pronunciación y acento hacia muy difícil que le entendiéramos.
Nos ha pedido los permisos, nos han hecho foto y huellas de todos los dedos de la mano derecha y el pulgar de la izda.

Luego,  al dirigirnos al coche, un chico ha aparecido de la nada para ayudar a Ana a cargar con las maletas y ella le decía todo el rato que no, ya que nuestro supuesto conductor era el que nos acompañaba y él debería de hacer eso. Por eso, al acabar de cargar las maletas en el coche Ana ha ido a pedirle cambios a nuestro chófer para darle al otro chico de propina, pero ha resultado que ese amable desconocido era nuestro chófer.

Después, al ver que el coche era de cuatro asientos Asier y yo nos hemos agobiado porque eramos cinco, pero aquí eso da igual y es hasta normal porque un policía que pasaba por al lado nos ha mirado y no nos ha dicho nada.

Pero ahí no acabó todo porque cuando llegamos a la casa de la cual debíamos coger las llaves de la nuestra, Ana decidió hacerle un hueco al dueño gay de la casa para que fuese con nosotros a enseñárnosla. Así que la estampa era bastate graciosa, los cuatro apretujados atrás como podíamos.



Hemos ido a dar un paseo al Victoria & Alfred waterfront, un sitio muy europeo y de alto nivel. Le hemos pedido a un vigilante de seguridad que nos hiciera una foto con mi móvil, y mientras nosotros hacíamos poses, el chico no nos decía nada y solo miraba el móvil. Jon Ander le decía que ok sonriendo, Ana no paraba de hacer poses, los demás riéndonos y él mirando la pantalla. Al final nos hemos bajado del sitio, y cuando hemos cogido el móvil, hemos visto que había veintiún fotos..

Por otro lado, el apartamento estaba muy bien y tenía una terraza arriba con muy buenas vistas y que fue todo una sorpresa. Pero cuando nos quedamos solos en la casa decidimos ir a dar una vuelta y tirar los plásticos de las maletas en cualquier papelera que encontrásemos, algo que nos costó bastante encontrar, pero que luego al volver de noche a casa nos dimos cuenta que la casa tenía una propia en la calle. Por lo demás, cenamos en un restaurante muy bueno y desde el que se podía ver también un espectáculo de unos chicos que hacían acrobacias saltando a la comba. 



Día 9 de agosto martes :  Herri Krosa por la mujer africana, luego ruta por Cape Town y paseo por Table Mountain.

Asier:

Hoy ha sido un día muy divertido, por todas las cosas que hemos hecho. Lo primero ha sido una carrera de 10 kilómetros. La carrera era porque hoy ha sido el día de la mujer africana, la carrera era para recaudar dinero contra el cáncer.



Después de acabar la carrera hemos ido a desayunar y más tarde a coger un autobús que nos llevaría al pie de la estación del teleférico. El plan era ese: coger un bus que nos llevara al teleférico, subir el Table Mountain , ver las vistas desde arriba , bajar otra vez en el teleférico, y coger un bus turístico para ver la ciudad; eso era el plan... Con las prisas nos hemos metido en el bus que
"supuestamente" nos llevaba a las faldas del Table Mountain .Cuando después de un rato el bus ha empezado a alejarse de la montaña nos hemos dado cuenta de que hemos cogido la línea equivocada... Cambio de planes!!! Al final hemos decidido hacer primero el bus turístico ¡¡qué remedio ya estábamos dentro!! Dimos la vuelta por todos los sitios interesantes de la ciudad, también por los alrededores. Hemos visto cosas muy distintas, desde poblados ilegales donde vivían en chabolas hechas de hojalata hasta chalets de ricos con jardines inmensos... también hemos visto playas bastante chulas, árboles tumbados por el viento y muchas cosas más. Lo último ha sido subir al Table Mountain. Las vistas eran espectaculares, desde esta zona el paisaje no tiene nada que ver con el paisaje que se imagina la gente al pensar en África. El paisaje es húmedo, bastante vegetación verde y al estar en una ciudad también bastantes casas. Hoy también hemos visto algún que otro animal, por ejemplo: pollos de guinea, damanes, gansos del nilo, una mangosta y unos cuantos estorninos del cabo.


Laura:

Cuando hemos ido a correr la carrera, al no ver a nadie, empecé a pensar que no podríamos hacerla porque ibamos un poco a la locura; no sabiamos muy bien dónde era, ni la hora, ni si podríamos hacerla sin apuntarnos... Pero para mi sorpresa hemos podido incorporarnos a un grupo que de repente ha aparecido de la nada. La verdad que al principio ha sido un poco locura porque no había casi espacio para correr e íbamos a pedo de burra pero tras la inesperada caída de Asier por culpa de la zancadilla que le habria puesto alguna de las corredoras de atrás, hemos conseguido hacernos un hueco y adelantar a muchísima gente. Además ha estado muy bien porque el correr con otra gente y por un sitio diferente al que estamos acostumbrados se hace mucho más llevadero, y nos ha dado la oportunidad también de ver calles que no hubiéramos visitado de no ser por esa carrera.

Una vez finalizada la carrera, para nuestra sorpresa, ha sido muy fácil juntarnos con Ana y nos ha dicho que la espera se le ha hecho muy corta y que le han confundido con una fotógrafa profesional (no me extraña, era para verla) Así que, el segundo día por Ciudad del Cabo ha empezado estupendamente.

Después de volver a casa para desayunar como reyes, el encontrar la parada del bus rojo (que era el que queríamos coger) ha sido un poco más agobiante, ya que como estaba la carrera no sabíamos si haría el recorrido normal ni dónde estaba exactamente la parada de bus. Por eso, Jon Ander ha decidido separarse un poco para buscarla mientras nosotros esperábamos en otra "parada" (inventada por nosotros, claro). Tras unos minutos de espera de repente ha pasado un taxi por delante nuestro y nos ha empezado a hablar desde la carretera y Ana, quién sino, ha empezado ha decirle ¨no, no, thank you¨ ya que pensábamos que igual esa ¨parada¨ igual era de taxis. Sin embargo, tras pararse también otro coche y señalarnos hacia donde se habia ido Jon Ander, nos hemos dado cuenta de que nos estaban indicando que el bus estaba ahí y que Jon Ander nos estaba llamando desde hacía ya rato, ha sido muy gracioso.

Pero todo no ha acabado ahí, porque después de acelerar nuestro paso para asaltar el bus que estaba en medio de la carretera de enfrente, el conductor muy amablemente y con una sonrisa en la cara (como la mayoría de gente aquí) nos ha dicho que éste teníamos que canjear los billetes comprados en internet por unos tickets y que él nos llevaba a la oficina en la que teníamos que hacerlo.

Una vez conseguido el ticket y subir en el bus, tras haber sido anteriormente saludados por el chófer como amigos de toda la vida porque nos había reconocido por el asalto de antes, nos hemos dado cuenta de que nos habíamos confundido de bus, que ese hacia el trayecto de la linea azul y no la roja.

Yo la verdad que nunca me hubiera dado cuenta de no haberlo dicho ellos porque la tonta de mí pensaba que todos los buses rojos nos servían ya que necesitábamos hacer el trayecto rojo, imaginando, cómo no, que el de la línea azul sería de azul (dato: TODOS son rojos, es el color de la compañía, no el de la línea). Pero esa vuelta en bus después de la carrera la verdad que no nos  ha venido mal ya que hemos conseguido sentarnos en el mejor sitio de todos, arriba y delante, donde hacía calor, te daba el sol y veías todo. También nos ha dado la oportunidad de grabarnos en la cabeza que... ¡¡Hay que ponerse crema de sol!! (eso y que había una viña de vinos muy buena no han parado de decirlo). Por otro lado, me ha gustado mucho que dijesen también que aquí estaban muy concienciados con el medio ambiente y que también tenían muchos restaurantes vegetarianos (algo que me encanta).

Pero también me he dado cuenta de acordarme de mi ama cuando han dicho que en un hotel muy lujoso de cinco estrellas en el que se han hospedado muchos famosos se quejaron de ver a un mendigo por los jardines de alrededores pero que en realidad se trataba de John Lennon (uno de los huéspedes) meditando por la mañana, y que por Green Point mucha gente hacía yoga y taichi en los jardines de al lado del mar.

El viaje de la linea AZUL ha estado muy bien, es un sitio ideal para vivir; familiar, tranquilo, bonito, discreto... y suelen haber muchos famosos que pasan desapercibidos por la gente de aquí ya que no acostumbran a señalarles ni nada, cosa que por España no pasa, la gente te mira, señala, saca fotos...

Al acabar el trayecto, nos hemos subido al bus ROJO y hemos tenido que esperar una hora para subir al teleférico pero la verdad es que se nos ha hecho muy corta la espera, y más aún pensando en todo el dinero que nos habíamos ahorrado ya que los niños como Asier y yo (si, yo de 17 años también soy una niña para algunas cosas, flipante) no teníamos que pagar y a uno de los adultos les hacían descuento. Luego, tras haberme congelado durante el trayecto por el viento ya que iba en cortos y en tirantes para ponerme morena, al ir a la tienda para que nos regalasen una cosa que nos daban a los niños y al haberme sorprendido al ver que la chica sacaba unos chupetes, que para mi sorpresa no eran de verdad, eran chupachuses, hemos ido a coger algo de comida para comerla mientras nos asomábamos desde alguna de las rocas.

La verdad es que he debido de elegir una roca muy acogedora porque cada vez que alguno se levantaba para turnarnos en las fotos, distintos grupos de personas que estaban alerta para elegir un buen sitio desde donde sacar fotos se acercaban y nos miraban queriendo quitarnoslo. Por eso el interés de Jon Ander en que nos sentásemos y no nos levantásemos.



Unas cuantas horas despúes, Jon Ander ya nos había explicado todo lo necesario de ese lugar (la verdad es que es un libro abierto) y teníamos todas las fotos necesarias de nosotros y de los animales que se nos acercaban pidiéndonos  a gritos comida o que les sacasemos fotos por eso, al decidirnos a marchar,  la cola era eterna y nos hemos agobiado porque supuestamente cerraban alas 17:30 y no sabíamos si bajar andando (Ana no quería, aún teníendo todo lo necesario para nosotras dos; unos clinex) o arriesgarnos y esperar, pero hemos decidido esperar y la verdad es que la espera ha sido muy corta.

Luego una vez abajo, pensábamos que el bus de las 17:33 ya habria pasado pero lo que pasaba era que lllegaba con retraso, cosa que hemos agradecido ya que nos ha dado la oportunidad de ver otro animal.

Pero como todo no podía ser bueno, hemos encontrado caravana tanto par subir como para bajar, pero con las explicaciones tan graciosas y curiosas que nos daban por los auriculares se nos ha hecho muy ameno (DATO: si lo que quieres es conseguir pasta rápido sólo tienes que bañar algo de tal manera que parezca oro y gritar a los cuatro vientos que lo has encontrado en Table Mountain. La gente ira corriendo a buscarlo y tú, como para cuando lleguen estarán hambrientos y sedientos, ya les tendrás preparadas bebidas y bocadillos a precios desorbitados para hacer fortuna).

Para cuando hemos llegado a Waterfront ya era de noche y debíamos cenar, así pues, como el primer restaurante (¡¡tenía hamburguesas vegetarianas!!) que habiamos visto estaba a tope y teníamos que esperar 15 minutos pero el hambre nos estaba matando hemos acabado cenando en Karibu, al que fueron una vez Jon Ander y Ana y que les gustó mucho. La verdad que el trato ha sido excelente, al igual que la comida (la mía por lo menos). Yo he pedido musaka, algo que también me hace mi ama, pero para bien o para mal, no tenían nada que ver, solo tenían en común el nombre.

Asier se ha pedido avestruz, Jon Ander springbok y Ana algo más normal, de su estilo, cordero. También hemos podido oír a un grupo cantar dentro del restaurante y ha sido muy gracioso cuando Jon Ander tras haberle pedido el partido de España  vs Sudáfrica en la tele y venir el jefe para decirnos que ya había acabado y que España había perdido.

En casa Jon Ander se ha dado cuenta que el mensaje que había recibido de que estaba jugándose el partido era sobre las tres, no a esas horas, a saber lo que habrán pensado los del restaurante que hasta ha venido el jefe para darnos la mala noticia...

Para terminar el día, una caminata a toda leche (como a mi me gusta) para llegar a casa, estar unas horitas con el móvil pasando fotos y hablando con la gente, escribir en este diario que es un lio del copón ...( son las doce y diez y yo sigo aqui, no os digo más) y a la cama.


Día 10 de agosto, miércoles: Robben Island  y Boo Kap

Laura:

Hoy hemos vuelto a madrugar (7:15h) para desayunar e ir corriendo a coger el barco que nos lleve a Robben Island, ya que había que estar ahí media hora antes.

Tras un pequeño sprint y una marcha posterior hemos conseguido llegar a tiempo. En la entrada, nos ha sorprendido un equipo de jóvenes jugadores franceses de rugby que estaban esperando para entrar y que además de ser grandes, algunos eran hasta guapos.

Para mi agradable sorpresa, hemos coincidido con algunos de ellos en la cola y he intentado entender lo que comentaban en francés cuando estaban detrás nuestro pero ha sido imposible. Espero que hayan comentado algo de nosotros (más bien de mí, ya me entendéis) ya que lo único que he podido entender es que el chico que más guapo me ha parecido les ha dicho al resto que eramos españoles y ha empezado a decir nombres en castellano (no sé cuál era su intención la verdad). Además, cuando se iban a su barco privado y tenían que atravesar toda la cola, al pasar por al lado ha empezado a cantar una canción de reggetón  de Enrique Iglesias y yo que me he dado cuenta ya que, aunque no parecía estaba muy atenta, al contárselo al resto y cantar lo que había cantado, como me ha oído ha vuelto a cantar lo mismo pero moviéndose un poco haciendo como que estaba en una discoteca bailando.

Sinceramente, me ha hecho mucha ilusión haber coincidido con ellos y nos hemos hecho falsas esperanzas de volver a encontrarnoslos y poder pedirles que se sacasen una foto con nosotros, cosa que hubiese estado absolutamente genial.

Más tarde, al pasar por el detecta-metales, por el cual hasta los trabajadores habían tenido que pasar, me ha hecho mucha gracia que el guardia nos ha dicho algo que ahora mismo no recuerdo con una voz chirriosa como de niño pequeño que claramente era forzada, ¿los guardias en España también acostumbran a hacer eso? No creo.

El viaje hasta Robben Island que yo no sé porqué pensaba que duraría dos horas, ha durado unos veinte minutos más o menos, y ha sido muy llevadero ya que ninguno de nosotros se ha mareado. Hemos cogido un buen sitio atrás y he podido escuchar música tranquilamente. Además, hemos podido ver dos leones marinos antes de que el barco arrancase. Es curioso ver como nosotros nos alegramos y sorprendemos al ver a esos animales marinos cerca nuestro, en el puerto, y como los de aquí ni se inmutan puesto que, para ellos, me imagino, será como para nosotros ver un pez en el puerto, algo de lo más normal.


Cuando nos dirigíamos al bus que debíamos coger para hacer la ruta guíada, nos hemos agobiado un poco al pensar que tanta gente como íbamos era imposible de meter en esos dos buses cachambrosos; estar 45 minutos de pies en el bus no entraba dentro de nuestros planes. Pero, todo ha ido bien y hemos conseguido sitio en el bus, el resto (dato: la mayoría eran negros) se han quedado abajo y no sabemos si harían la ruta andando o deberían de coger otro bus.


La chica del bus era de lo mejor que podríamos haber encontrado, era muy amable y tenía mucha gracia. Ha sido una pena que la combinación de nuestro escaso nivel de inglés y y su acento raro no nos hayan dejado disfrutar por completo de sus explicaciones y de sus comentarios graciosos. La verdad es que ha sido todo un esfuerzo para nosotros. Yo, por lo menos, entendía algunas cosas pero la mayoría me lo inventaba o me podía hacer una idea de lo que explicaba tan solo con un par de palabras ya que en el desayuno Ana nos ha leído un tocho de lo que íbamos a visitar a continuación de esa isla y de Nelson Mandela (dato: cuándo Ana nos lo ha empezado a leer, no entendía su utilidad. Ahora ya lo tengo claro).

En la primera parada del bus, hemos vuelto a intentar sacarnos una foto decente en el marco famoso desde donde se ven Table Mountain y las demás, pero la verdad es que aquí no hay muchos fotógrafos enterados en el tema ni ágiles a la hora de sacarla, se toman mucha tranquilidad.

Luego, el bus nos ha dejado con un ex-prisionero que nos haría de guía y nos explicaría todo lo que quisiésemos.

He de decir que yo me imaginaba que sería más interesante esa parte, ya que no todos los días puedes oirle hablar a alguien que haya pasado por eso. Pero es que la verdad que la diferencia entre la chica del bus y este señor era demasiado notable, no tenían nada que ver en el estilo de informar, de expresarse y de hacer que mantuviesemos nuestra atención en todo momento en lo que decían. Hemos visto la cantera donde trabajaban los presos como Mandela, en la cual debido al brillo de la piedra, muchos se quedaban ciegos, las celdas y demás.

Sin embargo, las explicaciones no se me han hecho muy pesadas y para cuando me he dado cuenta ya estábamos yendo de vuelta al bus.

Al volver, era la hora de comer y yo he sugerido buscar un restaurante que tenga la terraza en el sol para así no sufrir con el aire acondicionado del Waterfront y ponernos morenitos, ha sido ahí cuando me he dado cuenta de que diferentes somos todos.

La razón es muy simple, mientras que yo y mi familia, por ejemplo, nos conformaríamos con buscar una terraza que esté en el sol, Jon Ander y Asier han empezado a "discutir" acerca de dónde estaba el norte y dónde el sur para poder saber así el sol hacia donde se movería y qué terraza tendría sol. Me ha hecho mucha gracia, pero he preferido hacer esa reflexión en silencio...

Finalmente, hemos acabado comiendo dentro ya que, un restaurante que yo ya había fichado desde el primer día y que tenía muchas "cosas de las mías" a la mayoría no nos servía, cuando venga a vivir aquí ya tendré oportunidad de ir más de una vez.

Al acabar de comer, cuando nos dirigíamos a las tiendas para hacer un poco de "shopping", yo, que tengo un radar para mis tiendas raras, me he pedido un smoothie (llevaba; arándanos, plátano, mantequilla de almendras, chía, proteina vegetariana y agua de coco) buenisisisisisimo y me he enamorado tanto de las comidas y bebidas que daban que le he pedido al chico a ver si podía sacar fotos de los carteles. Es impresionante todo lo que he encontrado aquí y que no me esperaba encontrar jamás, y mucho menos aquí, no os imagináis la alegría que me hace ver que no soy un bicho raro. Hablo en  serio cuando digo que me vendría aquí a vivir, estoy viendo muchas señales... (mi ama si lo está leyendo lo entenderá).

Para mi desgracia, tomarme ese gigantesco smoothie justo después de comer (la razón es que no sabía si volvería a tener otra oportunidad para probar algo así) no ha sido muy buena idea ya que me ha llenado tanto que me entraban arcadas al oler o pensar en comida. Y, esa sensación junto con el frío del aire acondicionado y el agobio que es el ir de compras, han hecho que tenga que salir a sentarme en un banco al sol y descansar porque estaba hasta un poco mareada.

Pero se me ha pasado rápido y ya tenía fuerzas para seguir con el día, así que mientras Jon Ander y Asier estaban en una de sus tiendas favoritas (como no, de deportes) Ana y yo hemos pasado un buen rato hablando sentadas al sol.

Después, hemos vuelto a casa a dejar las cosas tras casi ser atropellados por los coches ya que hay mucho tráfico, los semáforos no hay quién los entienda y se conduce al revés, y acto seguido hemos ido a sacarnos unas fotos en Boo Kap.

No nos engañemos, no hay nada como verlo en persona, es imposible captar lo que esas casas te pueden transmitir en unas fotos (hablo de mi, claro).

Aunque se me hacia muy incómodo sacar fotos a esas casas coloridas porque no puedo evitar pensar que la gente que vive en ellas probablemente sea pobre y nosotros en vez de ayudar, nos ceñimos al plan del turista; sacar fotos y dejarnos ver.

También hemos ido a un "mercadillo" que estaba ya siendo recogido y como no, también lo he pasado mal ahí porque pararte a mirar las cosas o simplemente mirar ya lleva consigo que los vendedores te hablen y te pidan que compres.

Odio saber que me están hablando para que compre y no tener la suficiente valentía para mirarles y decirles que no. Y no sé si ha sido mi mala suerte o el que, pero para cuando nos estábamos yendo del mercadillo he podido ver que un mendigo estaba discutiendo con un chico que estaba en la terraza de arriba de un bar (creo que era el camarero) y me ha parecido que le estaba diciendo que se fuese que no fuese pesado, así que he imaginado que ese ya era conocido por ahí por su extremada pesadez.

Luego, me he dado cuenta que estaba en lo cierto, porque nos ha empezado a seguir y a pedirnos dinero durante un cuarto de hora como mínimo, lo que hace tener aires de turista. ¿Dónde están los demás cuando se les necesita?

Como ya empezaba a hacerse tarde, hemos hecho una parada para comprar lo necesario, pero lo necesario en un momento se ha convertido en todo menos en eso, "necesario". La verdad es que se veía venir, pero como el plan de luego era y éste sí, ha sido ir a casa para cenar, no nos ha causado problema ninguno el tener que cargar con la compra.

Asier:

Lo primero del día ha sido ir a Robben island. Para ir a la isla teníamos que ir en barco, para eso hemos tenido que esperar una cola de unos 15 min. En la cola estaba la selección francesa junior de rugby. Al principio he dudado si eran la selección de baloncesto (porque todos eran torres de 2 metros...) pero más tarde ya me he dado cuenta que eran de rugby por lo que llevaban escrito en la mochila. Alguno de la selección tendría que ser vasco-francés porque les ha llamado la atención mi camiseta que llevaba un texto escrito en euskera.

Cuando hemos pasado la cola hemos ido a todo correr a coger sitio en el barco, al final hemos cogido los mejores sitios que estaban en la parte superior del barco. Cuando ya eran las 9:00 y se supone que ya todos los pasajeros estarían a bordo y el barco tenía que arrancar destino a la isla. después de 20 minutos (9:20) el barco seguía quieto en el mismo sitio más tarde nos hemos dado cuenta qué era porque unas señoras habían llegado tarde y el barco las estaba esperando...

Cuando por fin el barco ha atracado en la isla había unos cuantos autobuses esperándonos. Nosotros nos hemos montado en el segundo autobús donde una chica nos estaba esperando para explicarnos las zonas más curiosas de la isla.
Nos ha llevado a ver cementerios , campos de rugby y de tennis, una iglesia, una mezquita, un colegio...(todo eso para los carceleros y sus familias no para los presos...) el autobús nos ha dejado 5 minutos de descanso en el que hemos aprovechado para sacarnos una foto con la ciudad de fondo. La visita por los terrenos de la isla ha sido llevadera a pesar de no entender nada , la segunda todo lo contrario...
La segunda visita era por una celda de máxima seguridad, era una chapa porque no entendíamos nada , la contaba un antiguo preso político que estuvo 12 años encarcelado en la misma celda en la que el explicaba todo. La visita se ha hecho más amena porque una señora se estaba durmiendo y se le caía la cabeza ,y nosotros nos reíamos . Al acabar la visita hemos ido a comer a un restaurante chino-japones-coreano-yo que sé qué. Después hemos ido al Waterfront a hacer compras de regalos. Hemos estado en bastantes tiendas de cosas africanas,algunas cosas raras pero chulas. Hemos ido a un mercadillo artesanal en el que hemos comprado poca cosa pero que ha merecido la pena para verle a Ana regatear con el vendedor.

Al salir del mercadillo un mendigo nos ha empezado a seguir 15 min de reloj contados dando la chapa para que le diéramos dinero. Luego hemos decidido volver al apartamento a dejar las compras y a pagar el apartamento. Como todavía no nos hemos acostumbrado a mirar primero a la derecha y luego a la izquierda pues casi nos pilla un coche.Mientras volvíamos hemos ido a ver el barrio musulmán de Ciudad Del Cabo (que es muy peculiar por sus casas de colores tan chillones).

Después de ver el extraño barrio hemos vuelto hacia nuestro apartamento y Ana ha ajustado las cuentas con el señor del apartamento.

Ana:

Hoy los chicos trabajo duro de organizar sus ropas pensando qué se van a poner mañana para ir a correr a las 7h, luego otra ropa, y dejar las maletas en Ciudad del Cabo, llevándonos lo imprescindible en una única maleta para los cuatro para pasar un día e ir a ver las ballenas. El día de mañana jueves, estaremos viendo la península del Cabo con sus pingüinos y demás, y así las maletas no se quedarán en el coche, simplemente nos desharemos de ellas.

Hemos cenado en casa, y estamos desayunando también porque teníamos cocina. Las tareas de fregar van por turnos y por ahora estamos disfrutando todos de la compañía. Son unos chicos encantadores, se les nota que están a gusto.

Día 11 de agosto, jueves: Pescando y Pescados en False Bay

Laura:

Hoy hemos empezado el día con un pequeño footing por la costa Asier, Jon Ander y yo y el día la verdad es que pintaba bastante bien,¡¡ pobres inocentes!!, no sabíamos la que nos caería encima.

Si hubiésemos sido un poco más avispados hubiéramos podido percibir como el día de hoy iba a ser una constante montaña rusa con más desgracias que alegrías ya que desde el momento uno de la mañana la cosa se ponía chunga; Ana debía volver a aprender a conducir en un tiempo récord.

Pero para eso, como primero hace falta el coche, Jon Ander y Ana han ido a por él mientras Asier y yo recogíamos todo y guardábamos en una maleta la ropa que necesitaríamos todos el día siguiente ya que esta noche no la íbamos a pasar en Cape Town, sino en Hermanus, para así el día siguiente ir a ver ballenas.

Ha sido en ese momento cuando nos ha sorprendido la inesperada aparición del casero gay, entrando en, hasta entonces “nuestra casa”, “ like Peter at home,je,je “, algo que tanto a Asier como a mí nos ha hecho mucha gracia. Creedme, en el momento lo ha tenido.

Volviendo a lo referente al coche, lo de aprender a conducir, otra vez, lo digo porque aquí todo se hace con y/o por la izquierda; se conduce por la izquierda, se cambian las marchas con la mano izquierda, se gira en las rotondas por la izquierda… Razón de más para que nada más coger el coche Ana le haya dado al retrovisor de un coche que estaba estacionado en doble carril y que se haya tenido que tragar unas cuantas quejas de otros conductores claramente más expertos en el tema. He ahí el porqué de nuestra tensión, no queríamos que el recuerdo de un viaje tan fantástico se chafase por un inesperado accidente.

Dejando a un lado el agobio y la lentitud de esos momentos en el coche, quiero centrarme en la larga y tendida conversación que unos minutos antes habíamos tenido Jon Ander, Asier y yo, discutiendo cuál sería el plan de hoy. La idea principal era ver unos pingüinos en Simon’s Town, pero no sabíamos si el tiempo y el ánimo nos permitiría seguir luego nuestro trayecto hasta otra parada para ver pingüinos, Betty’s Bay,  o si preferiríamos ir a otro sitio.

Por eso, tras decidir que ya lo pensaríamos más tarde, hemos ido a otro que sería el próximo día nuestra nueva casa, cuyo edificio se llamaba “bread and barrel guesthouse”. Al entrar, un enorme macho ibérico les ha recibido con un fuerte abrazo a Jon Ander y a Ana, parecía que los conociese de toda la vida (dato: Asier no estaba y yo lo he visto cuando iba al baño, por eso nos hemos librado del abrazo).

La verdad que, después de ver a esa bestia y su forma de actuar y estilo, he entendido el porqué de ese nombre de “ barrel”. La diferencia entre nuestro anterior casero y éste era notable, está claro.

Acto seguido, al ir en dirección a Simon’s Town, no hemos podido evitar pararnos un segundo en una playa de arena blanca con enormes algas que hemos encontrado por el camino ya que gritaban a los cuatro vientos que nos sacásemos una foto ahí. Nuestro fallo ha estado en que como tontos que somos, hemos dejado todas las mochilas y el bolso de Ana dentro del coche a la vista, pero gracias a Dios no nos han robado nada así que, no hay razón alguna para que en la siguiente parada no pecasemos con lo mismo, y así ha sido.

Unos minutos más tarde, hemos vuelto a parar encantados con la idea de poder ver como unos chicos pescaban en la playa tirando de una enorme red. Ha sido muy agradable poder disfrutar de esas espectaculares vistas, y no hemos podido evitar colarnos entre ellos para ayudarles a tirar de la red para ver lo que habían pescado. Si yo hubiese sido uno de ellos, me hubiese encantado ver como unos turistas se unen a mí y a los demás a ayudarnos a sacar la pesca y no se conforman con sacar fotos de la estampa.
Por otro lado, me ha hecho especial gracia cuando a causa de la pesca que estaba siendo arrastrada lentamente hacia la orilla, aparte de gaviotas que intentaban robarles algún que otro pez también se podían ver algunas focas disfrutando del festín. Y como guardianes de la pesca de sus amos, dos perros se enfrentaban a las focas que estaban ya en la orilla muy cerca de los pescadores que, a diferencia de mí, se mostraban impasibles ante su presencia para mí, majestruosa de esos animales.
En cuanto a la pesca, yo creo que para ellos no ha sido gran cosa ya que la mayoría de lo que se veía en las redes eran algas y suciedad. Además, un gran numero de animales marinos ha sido separado del resto para ser arrojados de nuevo al mar. Pero, desgraciadamente, a muchos ese momento o les llegaba demasiado tarde y para entonces ya estaban muertos o eran sin querer aplastados por un pisotón “inocente”. (dato: he dicho animales marinos porque no sólo eran peces, también habían medusas gigantes, un familiar de tiburón y otros muchos bichos raros que no había visto en mi vida).

La estampa era preciosa, estábamos disfrutando como auténticos niños pequeños y el tiempo estaba pasando sin ser nosotros conscientes de ello, simplemente nos dejábamos llevar.



Y ha sido justo en el último momento cuando me he atrevido a acercarme a dos niños que estaban al lado de una caja de mejillones que,  al ver que les miraba con cariño y dulzura,  el más pequeño me ha saludado con la mano. Yo, por mi parte, como les llevaba tiempo observando y había visto como su madre cuando veía un cangrejo se lo guardaba también en la caja ya que ellos no se atrevían a tocarlo, en cuanto he visto uno se lo he llevado para poder así acercarme más a ellos.  Y Ana, que estaba cerca de mí, ha aprovechado para sacarnos una foto juntos, algo que yo he agradecido muchísimo porque llevaba tiempo queriendo una foto de ese estilo.

Cuando les hemos enseñado la foto en el móvil, el pequeñín ha dicho asombrado: “ it´s me “.

Como estaba tan cómoda con esos niños y eran tan monos, llena de euforia, les he dicho que me esperasen ahí que les iba a llevar unas chucherías (dato: al principio les había ofrecido unos chicles pero no sabían lo que eran, así que, por miedo a que se lo tragasen y se atragantasen he preferido ir en busca de unos caramelos o algo del estilo)

Pobres niños, si lo hubiese sabido no les hubiese dicho nada, me he sentado fatal. 

El gran contratiempo acababa de llegar a nuestro idílico viaje. Nada más aproximarme al coche, unos cristales al borde de la carretera me han sorprendido (dato: para quien no lo sepa, acostumbro a andar mirando al suelo), y al levantar la vista es cuando he podido observar como nuestra ventana estaba rota y el coche estaba vacío, cosa que antes no. Estaba claro, le acabábamos de alegrar el día a alguien con nuestro fallo tan de principiantes de dejar cosas a la vista dentro del coche y de dejar también el mapa con el que sabrían claramente que eramos turistas.



Ya os podreis imaginar, un agobio del horror, una tensión, una preocupación, un mal rato, un cambio de planes… HORRIBLE. La verdad es que podría haber sido peor si Ana, por ejemplo, hubiese dejado el bolso también dentro del coche como la vez anterior, o hubiésemos dejado los pasaportes en el coche, o hubiesen visto la maleta… Lo robado ha sido, nada más y nada menos que 3 mochilas. La de Jon Ander por un lado, con la cámara, los objetivos, 2 tarjetas de crédito y una brújula. La de Asier por otro, con las gafas de ciclismo, las lentes, la go-pro, dinero… Y por último la mía con, las gafas, el cargador, un libro, comida, pantalones, dinero…

La verdad es que no me han robado el móvil por puro churro porque en el ultimo momento ha sido cuando he decidido llevármelo conmigo. Además, pensaba que también me habían robado mis queridísimos cascos del i-phone pero luego como por arte de magia los he encontrado debajo del asiento de adelante. Lo peor de lo que me han robado, por el planning que teníamos organizado, ha sido la comida y los pantalones. Lo de la comida la verdad es que lo he resuelto fácilmente porque los demás llevaban también más comida en la maleta que no nos han robado.

Sin embargo, lo del pantalón ya ha sido más grave porque son los únicos vaqueros que he traído y los iba a necesitar más tarde ya que a las noches hace bastante frío y al día siguiente necesitaba estar abrigada y no íbamos a pasar por casa. Asier también ha tenido mucha suerte ya que, al principio pensaba que al robarle la mochila también le habían cogido el móvil.  Gracias a Dios, en el último momento había decidido guardárselo en el bolsillo de la chaqueta, la cuál había dejado a plena vista detrás de los asientos de atrás. Pero, por alguna razón desconocida, los ladrones no se han interesado por ella lo más mínimo, menos mal.

Sin embargo, aunque el mal haya sido “mínimo” ya que físicamente a nosotros no nos han hecho nada,  el mal trago y el cambio de planes también te lo llevas.

Por eso, tras ser ayudados por un señor muy majo que pasaba por ahí ( le hemos dado 100 Rnd, o sea 6 € ) para que viniera la policía, que por cierto ha pasado a toda pastilla y no nos ha visto y hacer unas llamadas para desactivar las tarjetas, ha decidido Jon Ander ir a la oficina de Hertz al aeropuerto a que nos dieran otro coche.

Hemos tenido que esperar unos 10 o 15 minutos, que luego en realidad han sido dos horas y media desde que hemos llegado. Pero como en esta vida siempre hay un momento para el amor, como no, he ligado, el Romeo esta vez ha sido uno de los empleados de la empresa de alquiler de coches llamada Hertz, quien al principio se ha acercado preguntándome si era de brazil (dato: ha sido algo que no se porqué razón me ha gustado mucho que me preguntase) y finalmente se ha atrevido a pedirme el número y a decirme que era muy guapa.

Una vez pasado todo el mal trago, haber comido y habernos montado en el diminuto coche que nos habían dado, hemos emprendido el trayecto, esta vez sin paradas a Hermanus donde nos tocaba hospedarnos esta noche.

Poco después de haber llegado y buscar sin éxito unos pantalones para mí ya que las tiendas aquí cierran a las seis y eran algo más tarde de las siete y media, hemos ido a Spur (dato: es una hamburguesería donde hay muchísima carne, demasiada para mi gusto) a cenar. Ahí hemos podido hablar muy tranquilamente de las experiencias con los distintos viajes que han hecho Ana y Jon Ander y ha sido muy interesante. Pero lo más gracioso para mí ha sido cuando he pedido una ensalada que se basaba en pollo, bacon y algo frito y que además ese era su nombre y acto seguido le he tenido que decir que le quitase el bacon, el pollo y eso frito. La camarera se ha reído y ha sido muy maja, como todo el mundo aquí, excepto los ladrones, claro está.

Ana:

La experiencia de conducir por la izda francamente no sé cómo la voy a llevar. 

Al de nada de coger el coche, el incidente que ha relatado Laura, era en una cuesta y he acelerado tanto el motor que ha estado oliendo a quemado el coche un montón de tiempo.

Lo de cambiar las marchas con la izda no se lleva tan mal, aunque alguna marcha cuesta lo suyo. Lo que parece increíble es lo difícil que es separarse del lado izdo de la marcha, es decir, sus coches aparcados, la gente que va en bici o andando, camiones etc, se tiende a acercarse a ese lado y no sé por qué. El truco es lo que me dice Jon Ander, mantenerme encima casi de la línea de la derecha de la marcha, lo que sería nuestra izquierda, y aquí la derecha.En fin, encima como nos han cambiado de coche, he conducido dos. Mañana será otra odisea.
El capítulo de Asier tendrá que esperar a mañana, ya es tardísimo, y está viendo rugby.

Asier:

Hoy nada más levantarnos Jon Ander, Laura, y yo hemos ido a hacer footing por la costa de Ciudad del Cabo . hemos pasado el estadio , el campo de golf y el faro de la ciudad. También hemos pasado por unos jardines en la que hemos visto el amanecer. Al acabar de correr hemos ido a casa a ducharnos y a desayunar, mientras Laura y yo acabábamos de preparar la maleta Ana y Jon Ander han ido a coger el coche alquilado.

Mientras Jon Ander y Ana no estaban en el apartamento el propietario de la casa entrado como si nada… ha estado hablando con Laura y conmigo y como si nada, ha entrado ha puesto una lavadora,de yo que se de que, y se ha llevado nuestras toallas. Un poco raro, pero en ese momento nos hecho gracia. Cuando Ana y Jon Ander han llegado con el coche yo me he quedado en el coche vigilando mientras ellos cargaban.

Ana:

La anulación de las tarjetas tras el robo, ha sido una pequeña odisea, menos mal que habíamos comprado una tarjeta prepago sudafricana, y así todo no había manera ni con el código de España, ni quitando ceros, etc. Al final conseguimos hacerlo en uno y en el otro nos lo hizo Sara en un periquete, tras llamarla y darle instrucciones.

El tema de la policía es un capítulo aparte: fuimos a cambiar el coche a la oficina del aeropuerto y allí poner la denuncia, pues bien, los policías nos miraban, se miraban y no movían ni un dedo, parecían querer jugarse a los chinos quién hacía el informe. La verdad es que nos costó conseguirlo, al final, se quedó Jon Ander y le dieron un informe que no tenía ni número ni detalle de lo acontecido, solo que era robo.

Supuestamente lo mandarían por email, pero es África y por eso tendríamos que volver otro día para hacer las cosas bien.

Fuimos a Hertz y le dimos dicho informe, que era penoso.

Día 12 de agosto, viernes : Ballenas en Hermanus, Pingüinos en Simon's Town

Asier:

Hoy hemos comenzado el día con un riquísimo desayuno en el alojamiento en el que hemos permanecido calientes (al menos yo) en una fría y ventosa noche. El desayuno era muy completo, teníamos desde zumos de fruta hasta yogurt con cereales y la parte caliente que te la hacían los señores de la casa: huevos, revuelto de setas; tortilla francesa con setas y tomate…

Después  del fuerte desayuno teníamos planeado ir al puerto a salir en una embarcación en búsqueda de ballenas. Pues hemos cogido el coche para dirigirnos al puerto aunque teníamos la duda de si el barco iba a salir debido al fuerte viento que soplaba en la costa. Al final tuvimos suerte y hemos podido salir en busca de ballenas.

Antes de salir nos han dado una charla de la que no me he enterado de nada porque seguía medio dormido.  Al fin nos montamos en el pequeño barco , Ana y yo nos hemos puesto arriba del barco y Laura y Jon Ander se han sentado en la parte inferior del barco por si acaso se mareaban.

Ana y yo fuimos todo el viaje con la vista puesta en el mar por si veíamos algo, al final habíamos llegado al otro lado de la Bahía sin llegar a ver nada. 

Estábamos un poco frustrados porque pensábamos que el barco volvería otra vez al puerto de Hermanus . Cuando el barco ya había girado en vez de dirigirse hacia el otro lado de la bahía se ha dirigido más hacia dentro, un poco más tarde de que el barco cambiara de rumbo hemos visto la primera ballena. No era muy espectacular, pues solo se le veía la aleta, pero al ser la primera hacía ilusión.

Después de ver la primera ballena hemos estado unos 40 minutos seguidos viendo ballenas. La segunda que hemos visto ha sido más espectacular, la ballena ha empezado a dar saltos por encima de la superficie del mar . También hemos visto colas de ballena, una ballena con su cría , ballenas saltando; unas cuantas veces respirando (en realidad no hemos visto tanta cantidad, lo que pasa es que como veíamos un buen rato a la misma ballena pues hacía varias cosas de estas). 

Pero las que realmente me han impresionado han sido dos:  Una que ha saltado a unos 100 metros de nosotros y se le ha visto perfectamente, la segunda ha sido una que ha pasado a unos 15 metros del barco (la teníamos prácticamente pegada) , la ballena no ha salido del agua pero al pasar se ha podido ver en el agua perfectamente detallada , desde la cabeza hasta la cola.

Al de un rato nos han mandado meternos a cubierta porque se avistaba tormenta. A sido un “agradable” viaje de vuelta al puerto en el que el barco se movía bruscamente de un lado a otro, la mayoría de las personas estaban potando en sus bolsas y se podía “disfrutar” de una mezcla del olor  de mar que se mezclaba con el olor de…¿vómito?

En fin, el viaje de vuelta no pudo ser más agradable (por suerte no potamos ninguno de los cuatro). Al salir de ver ballenas(que mereció la pena a pesar del viaje de vuelta) cogimos el coche para intentar adelantar lo atrasado del día anterior. Al final, por falta de tiempo, decidimos  no ver la primera colonia de pingüinos e ir directamente a la segunda colonia y después de ver los pingüinos ir al Cabo de Buena Esperanza.

Cuando estábamos llegando al pueblo próximo al de los pingüinos había obras, e hicimos caravana de 20 minutos. Justo cuando habíamos acabado de hacer la espera un obrero nos paró a nosotros y a toda la fila de detrás otros 20 minutos, y para rematar la jugada cuando por fin pasamos una excavadora de las obras estuvo unos 10 minutos delante nuestro yendo súper - despacio .

Cuando conseguimos llegar a Simon´s Town vimos los pingüinos (que eran enanos) sacamos alguna que otra foto y cogimos el coche para ir a Cabo De Buena Esperanza. Resulto que después  de todo el viaje, la entrada al Cabo De Buena Esperanza estaba cerrada desde hace solo 4 minutos. Así que al no poder entrar decidimos ir al apartamento.




Al principio a Ana le costaba eso de  ir con el coche por la izquierda y llevar el volante las marchas y todo del revés, pero después de tantas horas en el coche hoy se ha venido arriba y ha empezado a hacer adelantamientos al estilo sudafricano.

Al final llegamos al apartamento ,en el que nos recomendaron ir a un centro comercial de la zona para cenar. Al principio (como teníamos  WI-FI del apartamento) fuimos con el “google maps” ,cenamos e hicimos de todo, y al volver tuvimos que ir a la aventura porque no teníamos WI-FI. Tuvimos una pequeña equivocación pero nos dimos cuenta enseguida (llegamos sanos y salvos). Al estar en el apartamento solo nos quedaba hacer las maletas para el día siguiente, eso es lo que hicimos antes de dormir.


Día 13 de agosto: vuelo a Durban y coche a St.Lucia

Asier:

Hoy ha sido el día que más duro se me ha hecho desde que llegamos. Primero hemos tenido que madrugar para poder ir pronto en al aeropuerto porque teníamos unas cuantas cosas que hacer. Primero hemos tenido que ir a la policía a que nos dieran un informe que no nos habían dado el día del robo pues porque son unos zánganos.

Después hemos tenido que ir a empaquetar las maletas para que no nos las abrieran y nos robaran las cosas.

Laura:

Después de facturar las maletas hemos ido a pasar el control de embarque. Por un lado se han ido Jon Ander y Ana, y por el otro Asier y yo, ya que así nos lo ha indicado la trabajadora. La verdad es que hace ya unos cuantos años que paso tan tranquilamente por el detecta metales ya que sé que no me suele pitar. 

Pero cuando era pequeña no podía evitar sentirme una criminal cada vez que pasaba por ahí porque pensaba que ellos veían el mal en mí y que esperaban ver algo. Supongo que todos de niños se han sentido así al pasar el control, deseando por dentro que esa maldita máquina no pitase haciendo que todo el mundo centrase su mirada en tí; cosa que en realidad no es para tanto.

Pero,  desde hace ya unos años suelo ir relativamente tranquila al detecta metales porque casi nunca me suele pitar y paso como si nada, sin llamar la atención. 

Hoy sin embargo ha sido diferente, hoy me ha pitado, hoy he llamado la atención.

Tras meter las manos en los bolsillos y sacar el móvil, que no se qué narices hacía ahí ni en qué narices estaba pensando, he respirado tranquila y he ido ultra-super-mega segura a enfrentarme de nuevo a la máquina, pero ha podido conmigo. Esta vez, no he sido yo la culpable, lo juro. Esa maldita máquina estaba loca y ha conseguido ponerme aún más nerviosa y que una de seguridad me manosee para ver si llevaba algo encima. Mientras tanto, su compañero, no sé muy bien porqué, me ha preguntado haber si Asier era mi hermano, algo que no venía mucho a cuento la verdad.

Sin ninguna intención de liarme la manta intentando traducirle al de seguridad que no somos hermanos y que viajo con mi prima segunda, su pareja, osea el tio de Asier, y él, sin nuestros padres, pues  he preferido ahorrármelo y decirle que eramos primos.

Después de contarles a Ana y Jon Ander todo lo que había pasado, hemos ido a desayunar y todos hemos tomado un desayuno abundante para aguantar todo el día. Ahí nos hemos dado cuenta que hemos pasado por el control dos botellines de agua de medio litro cada uno.

Pero, la horas de las comidas poco a poco se me hacen más cuesta arriba ya que cada vez es más difícil encontrar algo que me guste o me apetezca por aquí. Se va notando que ya no estamos en el primer mundo y que la comida guarra y con carne empieza a ser lo TOP aquí. Echo de menos esos puestitos que al parecer solo nos gustan a los raros como a mí... Pero bueno, intento amoldarme todo lo que puedo.

Después de desayunar, Ana y yo hemos ido al baño y aquí es muy típico ver a una señora de la limpieza fuera, que cada vez que sale alguien de hacer sus necesidades, lava el vater  y te saluda muy amablemente, igual igual que allí, ¿verdad? En España deberíamos de tomar nota de ese tipo de cosas y empezar a ponerlas también en práctica puesto que la limpieza en los baños públicos no es nuestro fuerte ni mucho menos, por no hablar del olor…

Asier:

Por otro lado, el avión ha salido con un poco de adelanto, la compañía en la que volábamos es famosa porque las azafatas bailan mientras explicaban las indicaciones ,pero a nosotros nos lo han explicado normal L. Durante el vuelo Ana, Laura y Jon Ander se dormían a ratos, yo al contrario he estado todo el viaje escribiendo el blog de ayer que lo tenía atrasado por falta de tiempo para que todos escribiéramos.

Laura:

Durante el viaje, Ana y yo estábamos sentadas junto con una señora inglesa o alemana, la verdad es que ya ni me acuerdo, que al parecer iba con toda su pandi en el vuelo pero que justamente le había tocado ir sola sentada con nosotras, ¿casualidad? No lo creo. Y digo eso porque era realmente pesada, como un grano en el culo, como el que debía de tener en su culo, porque la mujer no se sentaba ni para atrás, no paraba quieta.

En realidad, ya desde el principio deberíamos de haberlo sospechado Ana y yo, puesto que cuando las azafatas iban a hacer las típicas explicaciones en caso de emergencia, la azafata ha tenido que hacerle un gesto inocente, casi imperceptible, para que se siente. Nunca hubiera imaginado que ese simple detalle de ver a una persona por el pasillo venga a pararse con la gente de su “pandi” a hablar y que no se sentase me fuese a molestar tantísimo. Me tranquiliza pensar que no estoy loca, Ana también estaba harta.

Asier:

Al llegar a Durban hemos estado un buen rato esperando al coche porque nos habían dado uno más pequeño del que habíamos contratado. Mientras Ana y Jon Ander se ocupaban de hacer los papeles Laura y yo vigilábamos las maletas en la calle, yo he visto un saltamontes más grande que mi dedo corazón y que cuando volaba tenía las alas de colores (así que me he quedado todo el rato mirándo como subía un palo).

Cuando por fin teníamos coche hemos empezado a hacer un largo viaje hacía ST Lucía.

Desde la autopista se veían txabolas típicas de África (de esas redondas) y muchos poblados dedicados a la ganadería y a la agricultura. A 70km del destino hemos parado para comer algo. Y como Ana no se fiaba de nadie nos ha mandado comer dos a cada lado del coche para tenerlo 100000000%  controlado (como si fuéramos militares patrullando alrededor de algo importante) . 



Mientras comíamos he visto unos pájaros muy peculiares que se llamaban “ibis” y también he visto una especie de lagartija de distintos tonos de marrón y bastante grande y gorda. Seguido de arrancar al acabar el picnic hemos visto una escena que se me ha quedado perfectamente grabada en la mente.

Era un accidente, pero no un accidente normal, ha sido un accidente en el que los cuerpos de los ocupantes de los coches estaban desprendidos sin vida por la carretera.

Ha sido una escena horrible en la que mi mente automáticamente se ha puesto a recapacitar y pensar en cosas que nunca había pensado antes… Después del largo viaje por fin llegamos a ST Lucía donde nada más entrar en la ciudad he visto un par de hipopótamos ,unas cuantas variedades de pájaros y muchos pero que muchos monos.

Más tarde hemos decidido dar un paseo en busca de hipopótamos y cocodrilos, aunque en vez de eso hemos visto: pájaros, monos ¡como no! 4 -5 nutrias y un bushbuck (un antílope pequeño, tendría un metro o algo menos…) Al final no hemos encontrado lo que buscábamos pero ha merecido la pena. Además este sitio tiene buena pinta…

Laura:

Así como reflexión general, no puedo decir que el viaje cada vez me guste menos porque no es así ni mucho menos, pero sí que me estoy dando cuenta que mis ganas poco a poco van marchitándose.

Me doy cuenta que soy demasiado guindilla o activa o no lo sé, no se expresarme, pero si no me da el viento en la cara y no hago algo de provecho durante el día, me baja la moral.

Lo he notado estos días ya que, los planes son diferentes a los del principio, con los que sí que me sentía mejor ya que estábamos mucho más tiempo haciendo cosas diferentes, sin parar, en la calle…Y estos días, sin embargo, estamos pasando la gran parte del tiempo en el coche y me doy cuenta que necesito moverme y hacer algo, o mi humor poco a poco va cambiando, me supongo que tendré que aprender a controlarme.

Por esa razón, he agradecido muchísimo que al llegar al alojamiento que, por cierto, está genial, hayamos ido a dar un paseíto para ver animales. Ya os podreís imaginar, ese paseíto poco a poco se ha convertido en una marcha organizada por mí ya que no puedo evitar andar rápido.

Estos alrededores, la buena conversación, la buena compañía y el viento en la cara han hecho el resto… En el fondo el día no ha estado mal, duro al principio pero dulce al final.

Hoy hay que intentar dormir más que las horas que estamos durmiendo estos días porque hay que reponer fuerzas para… ¡¡salir a hacer footing!! Mañana será un nuevo día con nuevas experiencias y cosas que contar, que la suerte vaya con nosotros aventureros.

Día 14 domingo : Chapuzón en el Índico (Cape Vidal) y reserva de St.Lucia (hipopótamos).

Asier:

Hoy hemos comenzado el día con un footing por el nuevo pueblo en el que nos alojamos, Santa Lucía. Al salir nos hemos metido por unos senderos que no sabíamos muy bien hacia dónde llevaban . Al entrar en el sendero hemos visto dos duikers (antílopes de unos 50 cm) y a lo largo del camino hemos ido viendo mogollón de duikers ( unos 8 o algo así).

Cuando el sendero se acababa a la par del río hemos seguido hacía delante hasta una zona que había un cartel de cuidado con los cocodrilos, justo nada más pasar el cartel se ha movido algo entre los arbustos que estarían a 10 metros de nosotros … pero resultaba ser un pájaro ,aunque nos hemos llevado un buen susto…

Hemos continuado corriendo hasta llegar a un arenal y al dar media vuelta para volver a casa hemos visto en una isla de en medio del río a cuatro cocodrilos. Dos de ellos estaban muy activos (nadando) y los otros estaban quietos sin hacer nada de nada. A la vuelta también hemos visto monos.

Después de llegar de hacer footing hemos desayunado y hemos ido a una reserva natural a ver animales, a Cape Vidal. Nada más entrar en la reserva hemos visto unos ñus, casi seguido hemos visto a unos antílopes. Después hemos continuado un buen rato por la carretera hasta  ver a dos facóqueros, cuando nos disponíamos a continuar en el otro lado de la selva hemos visto una manada de 4 rinocerontes a lo lejos (al lado de ellos estaban también unas cebras).

Más tarde hemos seguido por la pista viendo algún que otro antílope hasta que nos hemos encontrado con un rinoceronte negro, estaba él solo y muy cerca de nosotros, y cada vez se acercaba más hacia nosotros… después de 20 minutos mirándolo nos hemos dado cuenta de que se acercaba no hacia nosotros sino hacia unos arbustos que teníamos unos metros delante.

Hasta que llegamos a la zona de picnic hemos visto cebras , antílopes , kudus , algún pájaro algo peculiar etc… Cuando hemos llegado a la zona de picnic antes de comer Jon Ander, Laura y yo nos hemos bañado en una playa del Océano Indico. En el área de picnic había mogollón de monos pequeños ,pequeños pero no muy simpáticos… Mientras comíamos teníamos que estar vigilando por si alguno se acercaba a mangar la comida.

Hemos comido sin ningún problema pero justo al final cuando Ana ha sacado unas patatas , unas manzanas y algo de chocolate un mono ha saltado hasta las manos de Ana intentando robarle algo , pero al final lo único que se ha llevado ha sido una patada de Ana…Este ha sido el segundo intento de robo,ja,ja.

Al volver como teníamos algo de prisa no hemos visto tantos animales , habremos visto : unas cebras, manada de kudus machos , orangutanes , manada de kudus hembra, un Bushbuck , tejeros, un martín pescador , rinocerontes… poca cosa…

A la tarde hemos ido con una agencia, Sharka barkers, a buscar hipopótamos y cocodrilos por los manglares en un barco. Nada más salir hemos visto un cocodrilo, hemos continuado por el manglar hacia el norte. Al principio hemos visto un par de hipopótamos nadando en medio del río muy cerca del barco, al principio nos impresionaba pero eso era porque no sabíamos lo que nos esperaba…


Un poco más tarde hemos visto a otros dos hipopótamos nadando y no hemos tardado mucho en ver la primera manada de hipopótamos , la manada estaba bastante activa para ser de hipopótamos , la mayoría se metía debajo del agua y buceaba hasta otro lado, las madres se ocupaban de alimentar a sus crías (como las alimentaba debajo del agua no se veía así que las veíamos cuando salían a respirar).

Hemos continuado el viaje viendo hipopótamos (y un búfalo pastar) hasta que hemos llegado hasta una manada, que con diferencia, era mucho más grande que las demás. En aquella manada estaban mucho pero que mucho más activos que en el resto de manadas, dos crías jugaban a pelearse y con la boca abierta se empujaban mutuamente. Unos jóvenes hipopótamos ya casi adultos también jugaban a pelearse , esta pelea era más espectacular.

Hemos estado un largo rato viendo a esa manada y al volver hemos ido viendo a las mismas manadas que a la ida, y al cocodrilo que estaba en la misma postura (quizás era de plástico…)

Cuando hemos acabado la excursión hemos ido a cenar ,pero antes de cenar Jon Ander se ha comprado una cámara de fotos para las siguientes reservas naturales poder fotografiar mejor a los animales. Y después de cenar pues poco más hemos hecho.

Hoy (para mi) ha sido unos de los mejores días desde que llevamos en África. Y la selva solo acaba de empezar…

Laura:

A diferencia de ayer, el día de hoy ha sido muchisísisimo mejor, y es que el día ya ha empezado de la mejor forma posible gracias al footing que hemos hecho a la mañana. Es una pena que Ana no se apunte a este tipo de cosas porque no es solo ejercitarnos un poco, sino que descargas un montón de malas energías, disfrutas de paisajes desconocidos, respiras aire fresco y te ayuda a cargarte las pilas para aguantar todo el día con una sonrisa, o al menos yo lo veo así. ¡¡No hay mejor medicina que un poco de endorfinas!! Bueno, mejor que no se apunte que así podemos ir mas rápido jajajaj.

Durante el trote hemos visto como un cocodrilo se giraba en el agua y se disponía a salir a la superficie. Nada más salir, dos pasos han sido los únicos que ha podido dar para luego dejarse caer, literalmente, como un cuerpo sin vida,  sobre la arena. Conclusión: el cocodrilo ha hecho el esfuerzo de su vida y ya está listo para permanecer en la misma posición durante el resto del día, curiosa la vida de estos animales… Pero, por suerte para nosotros, hemos sido testigo del movimiento de estos animales, cosa que el resto de turistas (incluida Ana) no, y se tienen que conformar con verles como rocas en medio de cualquier sitio horas y horas.

Al acabar, el desayuno ha estado muy bien ya que he podido encontrar más o menos lo que buscaba, aunque cambiando los copos de avena por muesli con miel creo que eran y el yogur de soja por otro normal. Si se quiere ir de aventurera por la vida también habrá que serlo en las comidas.

La verdad es que este alojamiento y lo que en él se ofrece es de lo mejor en lo que hemos estado, y el señor es además muy amable y te ayuda con lo que puede.

Una vez haber llenado la tripa, hemos ido a hacer una especie de safari, cosa que yo creía, si soy sincera, que no me iba a gustar. Para mi sorpresa, no ha estado mal, nada mal. Me he sentido como una niña pequeña buscando en el horizonte animales, cualquiera, me daba igual.

La verdad es que cuando gente como Jon Ander y Ana te enseñan fotos de sus safaris, las fotos te gustan sí, porque son bonitas, pero no te dicen nada más que eso, que son bonitas. Pero una vez experimentas lo que es ir en coche y encontrarte tú, no cualquier otra persona, si no tú, a esos animales, empiezas a entender el sentimiento de orgullo de esas personas cuando te enseñan sus fotos. 

Por eso, no he podido evitar sentirme muy afortunada por ser testigo de, por ejemplo, una simple meada de un rino o un simple acercamiento de cualquier otro animal. Es tú momento, un momento del que disfrutas solo tú y los que te rodean, porque los demás no están ahí y ni se habran dado cuenta de su presencia, te pertenece a ti.

De todas formas, he de decir que la compañía también hace mucho, y el tiempo, ya que he podido también aprovechar a ratos para intentar ponerme morena aunque creo que ha sido misión fallida. ¿Alguna vez habéis sentido que la música y el instante que vives cuando la estás escuchando  se puede convertir en un momento inolvidable en la vida?¿Algo único? Yo definitivamente sí, y creo que no soy la única.

La combinación perfecta entre el aire en la cara, los animales, la naturaleza, los colores y la música típica de Africa de fondo en el coche es la culpable. Sencillamente único.

Después, al final del camino, me ha sorprendido encontrarnos con una playa enorme de arena blanca. Esa playa era y es también muy especial, ya que no te esperas para nada después de estar como en la selva una playa de tal tamaño en la que los monos te esperan en la entrada comiendo comida robada a cualquier turista en un ataque perfectamente planificado aprovechando un despiste tonto. 



Por eso, no podíamos desaprovechar la oportunidad de pasear por esa playa. Sin embargo, las ganas por tocar el agua del Oceano Indico han podido con nosotros y Jon Ander, Asier y yo no hemos visto oportunidad mejor para bañarnos en aguas Africanas, aunque la contra partida fuese estar calados después, puesto que no disponíamos ni de toalla ni de bañador y nos hemos tenido que bañar en ropa interior.

Ha sido toda una aventura la verdad; las cosas improvisadas son las mejores, yo lo tengo más que claro.

Al salir y comer, siempre con un ojo alerta por si a un mono se le antojaba robarnos la comida, Asier ha tenido que coger un palo para marcar territorio por si un mono se acercaba, para asustarle. Pero, a la hora de la verdad, cuando un mono se ha acercado, Asier muy seguro de sí mismo ha movido el palo como si le fuese a dar para asustarlo, pero los papeles de repente se han visto cambiados y ha sido el mono el que le ha asustado a él. Las apariencias engañan, no parecía más que un indefenso mono, pero le estábamos subestimando claramente. Así que os podréis imaginar la estampa tan ridícula que había en esos momentos: Asier en calzoncillos con un palo siendo intimidado o asustado por un pequeño mono con los testículos azules. (dato: lo de los testículos es verdad, son azules, y el pene, rosa)

Otra estampa muy graciosa también relacionada con los monos ha sido esta vez la de Ana. Ella estaba todo cargada de comida y, de repente, le ha saltado de la nada un mono para cogérsela. Menos mal que Ana, cuál gorda con un hambre del quince, que agarraba su comida como si le fuese la vida en ello, ha solventado la situación con una posterior patada a lo Leo Mesi al pobre animalito. Tendríais que haberle visto, qué orgullosa se sentía de no haber perdido la comida (su querido chocolate entre ella) y de haberle podido al mono dándole una patada que, como ella dice; te sale sola, sin pensar…

Después, nos hemos vestido y hemos ido de vuelta a casa para cambiarnos e ir a ver hipos con una empresa, ha estado genial también. Nunca pensé que podría ver a esos bichos en plena acción y tan cerca, son enormes y preciosos, hemos disfrutado mucho. (dato: también hemos visto un cocodrilo, pero nada tenía que envidiarle el que hemos visto nosotros a la mañana; el nuestro se movía).

Además, no sé porqué razón pero aquí acostumbran a darte comida a todas horas, en todas las excursiones, cualquier momento es bueno para sacar algo de comida, aunque estés potando desconsoladamente en el barco viendo ballenas (cosa que todos alrededor estaban haciendo).

Por eso, aquí no iba a ser menos; primero nos han sacado fruta, y después, bebidas (te, café y chocolate caliente) y una especie de galleta rara para untar. La verdad que en este caso, como en vez de patatas fritas, tal y como hicieron cuando fuimos a ver ballenas, nos han dado fruta, me ha soprendido mucho y me ha hecho mucha ilusión; las patatas fritas no te van a aportar nada bueno que la fruta no te aporte (dato: la fruta de aquí además de ser más pequeña y tener a veces forma rara esta buenísima, así que con más razón para darla)

Al finalizar la excursión, hemos ido a cenar, y yo la verdad que no iba con nada de ganas, ya que ayer se me hizo un poco cuesta arriba encontrar un sitio que me gustase ya que aquí no hay nada de variedad y temía que tuviese que volver a cenar sushi. Pero, como cuando se te aparece un ángel de repente y te cumple un deseo, he conseguido cenar más que a gusto.

La historia es que, en Ciudad del Cabo, visualicé un día un sitio que era muy yo, y que me moría de ganas por probar pero que no me atrevía a decir nada ya que sabía que no iba a ser del gusto de los demás y no quería forzarlos. Y como por arte de magia, ayer vi los carteles de algunos de los platos del sitio ese llamado Kauai, pero cuando fuimos a ver que daban ahí, vimos que estaba cerrado, así que mi gozo se quedó en un pozo. Pero, por suerte para mí, Kauai no estaba cerrado de por vida, lo que pasaba era que su horario dura hasta las seis, por lo que hoy, al ir un poquito antes de las seis, he podido pedir mi cena ahí y comérmela mientras Jon Ander se compraba una cámara de fotos en la tienda de al lado.

Mi cena ha sido insuperable; un wrap con lechuga, aguacate, lombarda, pimiento rojo, brócoli, semillas de sésamo, anacardos, zanahoria y una cosa rara de color rosa. Y de este modo, luego ellos han podido cenar en ese sitio que yo odié pero que a ellos les encantó. Aquí la verdad es que es una pena la manera que tienen de desaprovechar un buen pescado. Para que os hagáis una idea, yo pedí pescado al grill y te venía con patatas y arroz. Desde mi ignorancia, di por hecho que el pescado sería como el que suelen dar por España y que las patatas serían panaderas o algo así, y que el arroz…Bueno del arroz no pensé nada, solo que no tenía ningún sentido en ese plato, pero bueno.

El caso es que cuando me dejaron mi plato en la mesa se me pusieron yo creo que los ojos como platos, se me deberían de haber salido de las orbitas porque yo estaba flipando, no daba crédito. El pescado tenía como una salsa rara, y sabía a palomitas. ¿La razón? Su costumbre de cocinar con mantequilla. Y las patatas tampoco eran como pensaba que serían, eran fritas, en fin, un completo acierto para mí.

Después de cenar, a casa a escribir este diario que "tan poco tiempo" nos quita escribirlo a Asier y a mí y para la cama, que mañana a las 07:30 tenemos que estar desayunando. Esperemos que todos los días vayan así de bien, estoy segura de que sí. 



Día 15 agosto, lunes: Hluhluwe-Imfolozi Nat.Park (rinocerontes y +)


Laura:

Antes de contar el día de hoy, voy a añadir algo sobre la playa de ayer que se me pasó con las prisas. Tal y como dije, la arena era muy clara, casi blanca, pero a medida que fuimos andando por la playa, descalzos, nos dimos cuenta de que curiosamente teníamos los pies negros de la arena. Pero luego, en la excursión para ver hipos nos explicaron que eso negro que se pega en los pies es metal, o eso me pareció entender. Además, todo el mundo aquí dice que el agua es muy fría, pero sin embargo, a nosotros no nos lo pareció, el agua de Bilbao es más fría.

Dicho esto, empiezo ya con el día de hoy. Como es de costumbre ya por aquí, hemos madrugado y para las siete y media estábamos ya desayunando. Al acabar, nos hemos montado en el coche y hemos parado, como ayer a comprar una piña ya que aunque aquí sean mucho más pequeñas, de sabor están buenísimas. Pero, a diferencia de ayer que conseguimos regatear de 20 R a 12 R, pero como no tenía cambios nos la dejó por 10 R, hoy no hemos comprado nada.



Aquí, en los puestos ambulantes de la calle, como es de esperar, no hay demasiada seriedad. Por eso, al atendernos una chica de otro puesto porque la de la piña no estaba, no nos ha hecho apenas caso. Al no ser suyo el puesto, se ve que no le interesaba demasiado el tema, así que nos hemos ido con los bolsillos llenos, pero con las manos vacías.

Luego, nos hemos montado en el coche y hemos seguido el camino hacia el parque. Por el camino, yo me he puesto los cascos para oír algo de música mientras tanto. La verdad es que me gusta mucho mirar por la ventana y escuchar una buena canción que me lleve a reflexionar un poco sobre lo que veo por estas calles o sobre cualquier otra cosa. Lo suelo hacer muy a menudo, es mi momento de paz.

Antes de llegar, ya hemos podido ver muchos rinos diferentes y cebras, es una pasada poder tener a esos animales tan cerca y ver a sus crías. Poco después, al llegar a la puerta del parque, hemos aprovechado para parar a ir al baño y ha sido en ese momento cuando ha llegado un autobús del colegio del que como por arte de magia han bajado como unos 200.000 niños y niñas con uniforme verde y amarillo, todos ellos sonrientes y saludándonos con la mano.

Además, cuando les hemos empezado a sacar fotos “discretamente” desde el coche, ellos han sido avispados y nos han visto y han respondido posando graciosamente, como si de unos jóvenes modelos de revista se tratase.

En esa parada también he podido acercarme a una especie de monumento en el que ponían diversas cosas en inglés. En ella hablaban de la importante labor que han hecho algunas personas por la conservación del medio ambiente, nombraban a los muertos que han colaborado en ese parque, citaban frases de gente famosa que tenía que ver con el medio ambiente y la fauna y por último, había un listado de 20 consejos muy interesantes.

Eso último ha sido lo que sin duda más me ha gustado, y sé que a mi madre también le hubiese gustado mucho leer eso, porque también ponían cosas de la meditación y del yoga (dato: mi madre puede estar tranquila, he sacado foto, pero mejor si se pone al día con el inglés porque no se lo voy a traducir)

Luego, hemos entrado por fin en el parque, pero la verdad que al haber visto tantos, no me acuerdo del orden y no sabría nombrarlos a todos. Solo os digo, que hemos podido ver muchísimos rinos y a unos tres metros de distancia, es impresionante. También hemos visto jirafas, cebras, monos, ñus…  Y cuando hemos visto un elefante que, cómo no, estaba comiendo tal y como hace las 24 horas del día durante los 365 días del año, hemos decidido brindarle al animal un minuto de silencio para poder disfrutar del ruido de su masticar.



Tenemos una suerte increíble, la suerte del principiante me imagino, ya que ninguno de los cuatro ha estado nunca antes en ese parque. No solo hemos podido oírle masticar a ese elefante, qué os pensabais. Como por arte de magia, un ruido desconocido que venía de algún animal también desconocido, de algún lugar próximo a nosotros pero, como no, desconocido,  se ha mezclado con el masticar del elefante. Todos nosotros hemos llegado a la conclusión que una de dos; o el elefante tiene unas tripas que suenan, para nuestra fantástica imaginación, demasiado alto, o era el rugir de un león próximo a nosotros.

Creo que tanto yo, como el resto, preferimos quedarnos con lo segundo, juro que lo parecía a la perfección, no estamos locos, al menos todavía…

Poco después, tal y como se ha podido notar en lo de antes, nuestras ganas por encontrar leones eran inmensurables así que ya veíamos leones y leopardos por todas partes. Por eso, gran suerte la nuestra ha sido la aparición de un coche cuyo conductor nos ha avisado de la presencia de unos 10 o 15 leones en el punto 7 del mapa. Cómo no, ahí nos hemos dirigido, con los ojos como platos y con el corazón queriendo salirsenos por la garganta de la emoción.

Si por alguna razón tuviese que ponernos un emoticono en la cara, mi elección claramente sería el que tiene corazones en los ojos. Pobres ilusos, para nosotros no importaba la distancia, solo queríamos ver al segundo big five que nos quedaba por ver, lo que no sabíamos era que no íbamos a encontrar “nasti de plasti” al llegar.

La verdad es que, entre una cosa y otra, las horas se te pasan volando, aún estando todo el rato en el coche, y es que buscar animales engancha mucho. Para que os hagáis una idea: es un constante “buscando a wallie” o el juego de buscar las diferencias que suele aparecer en los periódicos de papel.

Después hemos ido a comer a una parada con mesas en las que la gente suele hacer muchas barbacoas, cosa que no entiendo, ya que nosotros intentamos comer en el menor tiempo posible para poder aprovechar el tiempo, es lo lógico vamos. El sitio no estaba nada protegido, no habían vallas alrededor ni nada que evitase la entrada de los animales, por lo que nos hemos encontrado un niala caminando tranquilamente  con su pata coja cerca de los baños.

Pero hay que estar tranquilos; los animales salvajes de por aquí como los leones, leopardos, elefantes y rinos son tan listos que saben que ahí suele haber gente disfrutando de su comida tranquilamente y que no hay que molestarles. La seguridad ante todo…

En el momento de la comida ha sido cuando ha aparecido la parte tensa de la expedición. Todo ha sido causa de un mal entendido entre Ana y yo, que ha tenido como consecuencia que mi comida se quede en la habitación. La pregunta era: ¿En cuál de las dos?

Como consecuencia y último recurso, he comido una lata de atún en aceite que Ana había metido por suerte en el último momento en la mochila, ya que dudaba si meter sardinas o atún para los bocatas del picnic.

Después, hemos seguido el camino con la intención de ir poco a poco de vuelta a casa ya que yo necesitaba hacer algo de deporte y me habían dicho que al no hacerlo a la mañana lo haríamos a la tarde. Y para nuestra desilusión, por el camino apenas se veían animales interesantes, y el paisaje tampoco era nada del otro mundo.

La verdad es que, en cuanto a paisaje se refiere, me ha parecido más bonito el de ayer que el de hoy. El de ayer era mucho más verde, a diferencia del de hoy que era más seco.

Ya estábamos por el final del camino, a punto de salir del parque cuando hemos decidido seguir por el otro parque aunque fuese un poco, por el principio. Y, menos mal que lo hemos hecho, porque si no nos hubiésemos ido mucho más desilusionados a casa. La clave del día ha sido un elefante enorme viejo que estaba, nada, a unos tres metros de nosotros, masticando tranquilamente unas ramas como si fuesen regalices. Era muy emocionante oírle el masticar que tenía.

Además, tenía una pose muy graciosa ya que tenía las patas de atrás cruzadas, como posando tranquilamente, como quién disfruta tan panchamente de un tentempié a media tarde en su jardín.



Estábamos disfrutando como unos niños, en primera fila, de la estampa del elefante cuando de repente se ha empezado a dirigir hacia nuestro coche, al lado donde estábamos Asier y yo sentados. Os podéis imaginar nuestro cambio repentino en la expresión en la cara. Ha sido un auténtico show. Nos hemos asustado muchísimo con ese enorme bicho acercándose hacia nosotros, indefensos turistas.

Nuestra reacción ha sido instantánea y la misma, los tres (Ana, Asier y yo) hemos empezado a gritarle desconsoladamente al pobre Jon Ander “¡¡Jon Ander por favor arranca!!” Y él, que estaba tenso, no podía arrancar el coche ya que, como suele pasar en estos momentos de desesperación, uno se vuelve más tonto y se le olvidan las cosas, en este caso, cambiar las marchas con la mano izquierda y arrancar.

No pasa nada, un desliz lo tiene todo el mundo, lo importante es que estamos vivos. Y que se lo digan a Asier, que se ha ido a toda leche hacia el otro lado del coche, preso del susto.

Menos mal que no éramos los únicos que estábamos ahí, otro coche también estaba con nosotros, aparcado en dirección contraria, y él lo ha tenido más difícil para arrancar y intentar escapar porque tenía que hacerlo marcha atrás. Maldito elefante que no se ha conformado con asustarnos un poco al aproximarse sino que ha tenido que seguirnos un poco por detrás, que momento…

Al volver a la calma, ese momento que había sido muy tenso y en el que hemos visto nuestras vidas amenazadas, se ha convertido en un gracioso momento que en el fondo a todos nos gustaría repetir, nos hemos reído mucho recordándolo. Y ha sido muy gracioso porque los del otro coche también se han empezado a reír porque ambos hemos tenido que escapar de repente.

Menos mal que hemos alargado un poco el momento de vuelta a casa ya que así nos hemos podido ir con un muy buen sabor de boca, y con un muy buen momento en la memoria claro.

Pero lo que no nos podíamos esperar era que hoy los elefantes la tomarían tanto con nosotros. ¿La razón? Muy fácil.

Volviendo por la carretera, no entendíamos porqué un camión que estaba delante nuestro estaba conduciendo por el otro arcén en dirección contraria a la que debía ir por ahí. Y, cómo no, Ana que es muy chula ha decidido seguir para adelante e intentar adelantarle, cosa que no ha podido. Ha sido mirar a la izquierda y ver un gigante elefante al lado de la carretera moviendo las orejas bruscamente (dato: eso es señal de que está enfadado, razón de más para alertarse y escapar).

La consecuencia ha sido, evidentemente un miedo y un susto de muerte, y la explicación al comportamiento tan raro del camión de enfrente. Yo, por mi parte, que estaba al lado de Asier, y he visto su proceso de acojone, no he podido evitar partirme el culo tanto por dentro como por fuera.

Deberíais haberle visto, agarrando el asiento de adelante con las dos manos y gritando mientras miraba hacia atrás, para ver bien al bicho, “¡¡Tira tira!!” Que gracioso ha sido por favor… Todavía me rio recordándolo.

Después, hemos parado por el camino a comprar algo de comida para el resto de días en un sitio que hemos encontrado por el camino, que, por cierto, no podría ser más al estilo 100 por 100 africano.

Había muchísimo movimiento de gente y de coches, todos pobres y cargados con ropas y demás. Por eso, al no saber si les sentaría mal o se les haría raro ver a una chica con pantalones cortos, muy cortos, he tenido que cambiarme a unos largos dentro del coche.

Con las compras en el coche, la cosa tenía que ser rápida si queríamos salir a correr, así que nos hemos cambiado y hemos ido los tres de siempre a hacer un footing. Y mientras, Ana ha ido a comprarme mi cena en el sitio de ayer que cerraban a las seis y se ha duchado.

Mi cena, me la he comido al llegar en el jardín de la piscina, tirando con la luz de la linterna del móvil, tenía demasiado calor como para cenar en el cuarto mientras Asier se duchaba.

Mi cena ha sido inmejorable, un tupper bastante grande con: quinoa, arroz integral, lechuga, aguacate, un huevo cocido, frambuesas, chips de coco y brócoli. Y después hemos ido a otro restaurante que a estos les gusta mucho y que ya habíamos ido una noche antes para que cenasen ellos mientras yo empezaba con el diario.

Hoy ha sido también un día genial, no hemos conseguido regatear nada a los que estaban medio dormidos en los puestos de la calle, pero no ha estado mal el intento, se morían de sueño los pobres.

Asier:

Nada más despertarnos y desayunar hemos ido rápidos al coche para dirigirnos hacia Imfolozi Hluhwule, parque que esta a 50km de ST Lucia. Para llegar a él hemos tenido que pasar bastantes poblados “zulus” en los que se veía claramente cómo los de la zona vivían del autoconsumo de sus escasos animales (generalmente cabras y gallinas) , algunos poblados también viven dedicados hacia las minas cercanas.

Unos kilómetros antes de entrar al parque hemos visto a dos rinocerontes y a una cebra pastar al borde de la carretera, la gente de la zona que pasaba por hay los miraba como si fueran simples vacas mientras que los turistas se paraban a fotografiarles.
Antes de entrar al parque hemos visto a un colegio de niños de unos 5 años que venían de excursión al parque, eran muy graciosos todos vestidos iguales. 



Cuando ya entramos oficialmente en la reserva natural hemos visto un elefante que se alejaba (buen comienzo) y casi seguido hemos empezado a ver rinocerontes y más rinocerontes  (se supone que eran difíciles de ver).

Hemos hecho cuentas de los animales que hemos visto y hemos acabado viendo 27 rinocerontes blancos. Era una barbaridad para ser rinocerontes… Los que más me han gustado han sido tres que estaban pastando al borde del camino y cada vez se acercaban más (se han llegado a acercar hasta unos 3 metros del coche) después de una larga mañana buscando animales acabamos viendo: muchos rinos, muchas cebras, cuatro jirafas a la distancia, muchos ñus, dos elefantes, babuinos, muchos ñalas , unos pocos impalas, algún que otro kudu, unos cuantos facóqueros y algo más que fijo que se me olvida… Eso solo a la mañana.






Lo más emocionante de la mañana es cuando estábamos tan tranquilos en un monte viendo a un elefante comer… cuando de repente un seco y conocido ruido ha interrumpido el silencio, ¡era un inconfundible rugido de un león! Al menos Ana ,Laura y yo estábamos segurísimos de que era el rugido de un león . 

Mientras que Jon Ander opina que solamente han sido las hambrientas tripas del elefante, al final no supimos descifrar de donde venía ese curioso ruido pero nadie nos puede negar que fuera el rugido de un león porque solo nosotros cuatro vivimos esa experiencia.

En el lugar en el que nos paramos a comer había dos nialas hembra y uno macho (que tenía la pata rota) debido a su lesión nos hemos podido acercar bastante y sacar alguna foto chula.

Después de comer nos pusimos en marcha, vimos rinos, cebras, búfalos… justo cuando nos disponíamos a salir del parque decidimos ir un poco más hacia el sur en la parte que no habíamos estado (y no hicimos mal en ir…). Al de más o menos un kilómetro del desvío hemos visto a un elefante que comía ramas de los árboles que las partía con los dientes (el ser humano necesitaría una sierra para cortar ramas de ese grosor) y ahí te das cuenta de la descomunal fuerza de ese animal.


Hemos estado un rato mirándole pero al final hemos decidido seguir hacia delante a buscar más animales. Como no encontramos ninguno decidimos volver a la salida porque se estaba haciendo tarde. El elefante seguía ahí, en el mismo sitio comiendo.

Como casi no había gente viendo al elefante nos hemos podido poner en primera a verlo. No tardó ni 3 minutos en darse la vuelta hacia nosotros y lentamente se dirigía hacia el coche .

Nosotros nos quedamos mirándole y cada vez que se iba acercando su estatura imponía cada vez más… llegó al punto en el que estaba tan tan cerca que la trompa llegó a rozar el coche (justamente estaba delante de mi ventanilla) en ese momento todos nos acojonamos pero bien (menos Jon Ander).

Laura, Ana y yo empezamos a pedirle a Jon Ander que arrancara , pero con la presión que le metíamos busco el freno de mano y las marchas en la derecha(que es donde están en España, en Sudáfrica están en el lado contrario), al final nos fuimos alejando del elefante pero él nos seguía.

En realidad no nos seguía a nosotros , solo tenía intención de cruzar la carretera(y nosotros estábamos en medio). Cuando el ambiente se calmó empezamos a reírnos ( con esa risa tonta que te viene en estos momentos) y Jon Ander nos explicó que el elefante estaba tranquilo. Y tenía razón , al elefante se le veía manso y tranquilo pero imponía tanto que no puede evitar desplazarme al asiento del medio cuando le vi tan cerca.

Al acabar este suceso tenía una sensación extraña : es verdad que habíamos pasado miedo durante el suceso pero al acabar tenías ese chute de adrenalina que tienes al hacer con éxito algo peligroso… Había sido una genial experiencia de una aventura africana en la que sientes varias cosas a la vez : miedo , asombro y felicidad.

Por si la aventura se nos había quedado corta el destino nos guardaba una segunda parte.

Cuando ya habíamos salido del parque y nos dirigíamos rumbo a casa vimos a lo lejos que un enorme tráiler de leña se apartaba de su carril cómo para esquivar algo. Inconscientes de qué era seguimos hacia delante ,yo iba totalmente desconectado del mundo real, cuando de repente oímos un ruido que provenía de un lado de la carretera.

Era otro elefante, y como justo el tráiler volvía a su carril tuvimos que hacer un ligero frenazo que nos hizo reducir la velocidad hasta tal punto en el que me dio a ver con detalle cómo el elefante (esta vez sí) estaba enfadado, daba vueltas sin sentido y golpeaba con su potente trompa a los arbustos de alrededor…

Como ya estábamos fuera del parque no me esperaba una cosa así, y entre que estaba en mi mudo y me pilló tan de sorpresa el estrés volvió a surgir y tuve una reacción tan tan improvisada que ahora mismo no soy capaz de saber lo que hice.

Lo único que sé es que mi reacción tuvo que ser graciosa, porque unos minutos después de lo sucedido (cuando el ambiente se calmó) se empezaron a partir el culo de cómo había actuado.

Al principio estaba algo perdido de lo que se reían, pero al final acabaron contagiándome la risa sin saber exactamente de qué nos reíamos. Fue una experiencia increíble que para entenderla hay que vivirlo, porque no se puede expresar con palabras. Al llegar pueblo hicimos un footing nocturno en el que vimos un bushback, un cocodrilo y un par de murciélagos.

Así acaba este emocionante día pero la aventura en la selva africana acaba de empezar…  


Ana:

Bueno, lectores, nos vamos a Swazilandia. Tendremos unas cabañas sin corriente eléctrica y con candiles.

Le acabamos de dar la noticia a Asier que mañana tendremos a las 15 h, un safari en bici con los rangers, a ver si nos salen leones. Se ha puesto muy contento, y creo que con algo de respeto a lo que nos puede salir. Laura lo sabía ya.

Hemos preferido decírselo hoy porque también es importante disfrutar de esos momentos previos. Como en todas las preparaciones de nuestros viajes, hay tres momentos importantes: el antes, el durante y el después, y no queríamos privarle de ese antes.

Nos vamos ya, con una lluvia muy fuerte, parará en breve, ja..ja.

Hasta el siguiente capítulo


Día 16 de agosto, martes: carretera a Swazilandia y cumbre de viajeros en Hlane

Laura:

Hoy al saber que acabaríamos el día en el parque de Hlane y que no íbamos a poder salir a correr porque no habría espacio suficiente, me he despertado con la alarma de las 5:45 h que puse la noche anterior. Mi intención era salir a correr y acabar a las 6 h o a las 7 h, porque a las 7:30 h, teníamos que estar ya abajo desayunando. Sin embargo una cosa es el planning que te hagas en tu cabeza y otra más distinta la realidad, lo que terminas haciendo. Lo digo porque al despertarme, he visto por la ventana de la habitación que estaba todo muy oscuro, como si fuese de noche.

Yo sola además, por un sitio desconocido por donde suelen haber animales salvajes, entre ellos rinos, y hay lugares por los que no se debe pasar porque te roban , he decidido no ir, por si las moscas.

La verdad es que el tiempo, al parecer, tampoco acompañaba mucho porque cuando me he despertado por segunda vez, a las 7 h con los demás, para ir a desayunar, estaba jarreando.

Con la tripa llena y todas las maletas guardadas ya en el coche nos hemos dirigido hacia Swazilandia. El camino ha sido un poco largo hasta llegar a nuestro campamento. Hemos pasado dos controles ( uno de salida de Sudáfrica y otro de entrada a Swazilandia ), muy rápidamente sin colas, cosa que a Ana y a Jon Ander les ha extrañado porque cuando ellos vinieron pasaron horas en las colas.

Por el camino, lo más interesante ha sido el reparto de regalos que les hacíamos a los niños que encontrábamos por el camino, es muy enriquecedor poder ayudar a esta gente tan pobre. Al principio, he de decir que no me sentía muy cómoda porque las primeras veces intentábamos también sacarnos fotos con ellos, cosa que me ponía muy tensa.

Las fotos en el fondo las quería porque es un recuerdo más de este viaje y, además te permite ver la realidad de la vida que día a día vive la gente de aquí, apartados de la “ sociedad “.

Pero, me parecía muy violento porque si me ponía en su lugar yo no sabría muy a ciencia cierta si eso me sentaría bien o mal.

Al final le he cogido el gustillo porque íbamos con la cámara, simplemente les ayudábamos, sin nada a cambio aparte de una sonrisa.

Es curioso como al principio cuando te acercas a ellos, te miran con los ojos abiertos como platos, extrañados por tu presencia, tímidos. ( Dato: no todos estaban así, otros estaban demasiado acostumbrados y te venían corriendo pidiéndote de todo, mirando dentro del coche ).

Cuando les das las cosas, apenas se ve expresión alguna de felicidad en sus caras,se quedan inmutables, pero una vez te das la vuelta y te vas, si vuelves tu mirada hacía ellos, puedes ver cómo algunos corren presos de la emoción a enseñarles las cosas a los mayores o cómo miran los juguetes por ejemplo, eufóricos sin parar de sonreir. Me encanta ver a éstos niños así de felices, sonrientes, agradecidos. Son tan majos que cuando te vas no paran de despedirte con la mano y una gigante sonrisa blanca.

Al llegar hemos visto que justo al lado de la verja que nos protege a los que aquí nos hospedamos, de los animales, en la charca habían ocho o nueve rinos, qué casualidad.

Después de hacer todo el papeleo, hemos comido y, como no teníamos ningún plan pensado y Ana se había enterado que en unos minutos salía un safari al que podíamos ir porque había sitio y costaba unos 20 €, nos hemos apuntado, y a la expedición.

No teníamos muchas esperanzas de ver animales interesantes, más haya de unos rinos ya que nadie decía haber visto por aquí algo interesante. Además, una amiga de la infancia de Ana, que se llamaba Lorena, que casualmente se ha encontrado aquí, le ha confirmado esa teoría. Y, por si fuera poco, cuando el guía nos ha preguntado qué qué queríamos ver y hemos contestado nosotros, y otros españoles que también estaban en ese safari, que queríamos ver leopardos y leones, el guía nos ha dicho que eso es muy difícil, así que yo, ya lo daba todo por perdido, se habría reído en nuestra cara.



La vuelta, tal y como se esperaba no ha empezado de forma muy interesante, pero la cosa ha mejorado cuando hemos visto una pareja de elefantes ( la madre y su cría ) en una charca. Estaban bebiendo agua muy próximos a nosotros. Es una gozada ver toda la cantidad de agua que absorben por esa trompa, y el ruido que hacen al tragarla.

Pero lo mejor, sin duda alguna, ha sido cuando la cría de repente se ha empezado a acercar y acercaba un poco la cola, y se movía como vacilante. Parecía un bebé jugando con su juguete o inspeccionando el terreno. Me he muerto de miedo, he empezado a imaginarme a ese elefante dando volquete al coche, ya que como movía un poco las orejas, pensaba que estaba cabreado y que nos atacaría. 

Además, mi imaginación no paraba de volar y ya se estaba imaginando a la madre viniendo hacia nosotros, enfadada, lista para atacar porque estábamos con su cría  ( dato: la cría no era muy cría, que conste ).

Ese momento con los elefantes me ha alegrado el día, porque la verdad es que no estaba muy entusiasmada, estaba harta del coche.

Después, hemos seguido el trayecto y hemos podido ver uno de los dos big five que nos quedaban, ¡¡ unos leones ¡!. La cosa aquí es cuestión de suerte y la verdad es que nosotros de eso tenemos mucho al parecer. Lo malo es que no estaban activos, se estaban limpiando porque se acababan de despertar. Por eso, ya que el guía nos ha dicho que nunca había visto tantos leones juntos desde que estaba aquí, ha intentado activarlos con el ruido de abrir y cerrar las puertas porque era su hora de salir a buscar algo de cena. ( Dato: seguramente, que vayan a cazar algún impala, que tal y cómo dicen aquí, son el fast food de los leones ).

Al volver al parque, hemos ido a cenar a las 18:30 h, como nos hemos encontrado con unos amigos del safari que habían estado hablando durante prácticamente todo el trayecto con Jon Ander y Anda, nos hemos sentado juntos a cenar.

La cena, para mí sorpresa, ha sido muy acertada y he podido comer de forma abundante. La cena era de buffet y había unas cuántas cosas raras que no se sabía lo que eran, además la falta de luz, evidentemente, no ayudaba mucho a descifrar el tetrix.

Yo, por mi parte, he cenado una cosa rara que era como un cereal blanco pero que parecía coliflor desmenuzada que se llamaba tradicional pap. La verdad es que era como el arroz blanco ( también disponible ) de sabor nulo. A ese plato también le he añadido un poco de ensalada aliñada con algo raro, patata, zanahoria y cebolla cocidas y zanahoria cruda en trozos.Pero como me apetecía y me encanta probar comidas desconocidas, raras, también he tomado un poco de sopa de frutos secos con zanahora dulce. El sabor era muy especial, y lo acompañaba un pan dulce que no estaba nada mal.

En conjunto, la cena ha sido muy agradable, con estos dos amigos improvisados del safari.

Eran muy graciosos y nos han contado un montón de cosas de sus viajes, ya que el chico es blogger y se dedica profesionalmente a ello.

Ahí en su blog que se llama “ viajeropedia “ pone un montón de ofertas de vuelos y cosas así y por ello ha podido también viajar gratis con todas las comodidades de un rey, le ponían hasta mayordomo.

Ana y Jon Ander no han podido tener más suerte, han encontrado otros viajeros como ellos. Solo hacía falta verle la cara de felicidad de Ana al oírles hablar de sus viajes y de su blog, para saber que tanto ella como Jon Ander, estaban disfrutando.

Al acabar la cena, como nos habíamos sentado sentado los seis en una mesa de seis, pero al preguntarnos por el número de nuestra txoza habíamos dicho simplemente que era la grande de ocho, nos hemos dado cuenta de que se habían liado con la cuenta. En ella solo aparecía el precio de nosotros cuatro, que éramos los alojados en esa txoza. Por eso, hemos decidido dividir el precio entre los seis y no avisar del error.

Por último hemos dado una vuelta por alrededor del parque, al borde de la verja para intentar ver animales, pero ninguno de los seis hemos conseguido ver nada.

Se me olvidaba decir que, nuestros amigos se han encontrado con una sorpresa en su txoza al volver del safari. Como ya había anochecido, y los del parque habían puesto ya en todas las txozas candiles, y por la calle, pero la luz aún así era escasa. Por eso, el susto que se han llevado al abrir la puerta y ver a unos chinos dormir en el suelo de su txoza ha sido aún mayor todavía, no se explican que hacía ese chino ahí, cómo habría entrado y por qué narices estaban durmiendo en el suelo teniendo dos camas. ( Dato: los chinos al parecer no se suelen cortar mucho las uñas de los pies, porque según lo que han dicho ellos, podría perfectamente escalar un árbol con esas zarpas ).

El alojamiento por su parte, es de lo más acogedor y salvaje. Nuestra casa es preciosa tanto por dentro como por fuera, y aún siendo muy grande y no tener electricidad y tener una altura considerable, los candiles desprenden calor suficiente para mantenernos calientes, cosa que yo especialmente agradezco.

Asier:

Hoy nada más despertarnos estaba lloviendo. No era muy buena señal porque todavía nos quedaba todo el día.

Cargamos las maletas en el maletero ( haciendo un puzzle para que entrasen en el coche ). Nada más acabar de desayunar, dejamos el pueblo de Santa Lucía para dirigirnos hacia el país vecino, Swazilandia. Tuvimos un largo viaje hasta llegar a la frontera, en la cual, vimos mogollón de poblados zulú. Poco a poco el paisaje iba cambiando, en Santa Lucía el paisaje era más verde y lleno de vegetación.

Cuando nos íbamos acercando a Swazilandia, el paisaje iba siendo cada vez más seco, con menos árboles ( era el típico paisaje de la sabana africana ), hierbas secas con alguna acacia de vez en cuando ).

Cuando por fin llegamos a la frontera, Ana nos contó que la última vez que ellos estuvieron en la frontera de Sudáfrica, estaba bien, pero la de Swazilandia estaba fatal ( llena de polvo, las baldas caídas, carpetas tiradas por el suelo.. ). Resulta que cuando llegamos a la frontera de Swazilandia nada era igual, unos edificios modernos se establecían donde debería estar la pocilga vieja. Una cosa que me llamó la atención de la frontera, es que tenían colgados tres cuadros: el primero y el más alto de todos, el del Rey. El segundo, el de la Reina madre, y el tercero el del presidente.

Continuamos el camino, pero el paisaje había cambiado, no el paisaje de la naturaleza, si no el paisaje arquitectónico y de pueblos, de economía y de todo. 

Las casas eran mucho más humildes y pobres, al igual que la gente.

Durante el viaje, hicimos tres paradas para regalar cosas. La primera parada fue en una casa que estaba cerca de la carretera, en la que ya estaban entrenados para pedir. Se ha acercado toda la familia para pedir más. La segunda parada fue en otra casa en la que cuatro niños pequeños estaban jugando con unas gallinas. 

Cuando les dimos los juguetes, no hablaban, solo nos miraban, pero cuando el coche arrancó, pude ver cómo corrían y gritaban hacia sus padres, para contar lo sucedido. La tercera y última parada ha sido enfrente de unos niños que volvían de la escuela; han tenido la misma reacción que los anteriores, y al igual que los anteriores, al arrancar, hemos visto cómo miraban y se intercambiaban los juguetes. Más tarde, por fin, llegamos al parque y a las 15:30 h, hemos hecho un safari en el que hemos visto rinos, impalas, kudus.. Más seguido vimos un par de elefantes ( la madre y la cría ).

Les vimos a los dos, beber en una charca. El pequeño se ha acercado hacia nosotros a curiosear un poco, ha estirado la trompa,, y si hubiéramos estirado la mano, podríamos haberle tocado.

Yo iba en la parte de adelante junto al ranger ( que conducía ), y él me iba contando cómo filtraban el agua antes de beberla y etc… El elefante se nos puso de frente a mí y al ranger y lo vimos justo delante del morro del coche. Era increíble, verlo tan de cerca. A ellos que ayer me vacilaban por haberme asustado del elefante, el karma les hizo efecto, porque cuando el elefante ha hecho un movimiento brusco, he podido ver cómo se acojonaban. Yo hoy, permanecía tranquilo por el simple hecho de ver al ranger también tranquilo, así que he podido disfrutar del animal tan pegado a nosotros.




Terminamos el safari viendo cinco leonas y un león. Ya eran cuatro de los cinco grandes los que habíamos visto. Nada mal para no haber entrado todavía en el Kruger ¡!!!.

En el safari hemos conocido a una pareja de Gijón que eran muy simpáticos. 

Hemos cenado con ellos y hemos paseado todos juntos por el parque para ver si veíamos algún animal, pero solo acabamos viendo una araña y un incendio dentro de los límites del parque.


Día 17 de agosto, miércoles: 
escapada a Siteki, Safari en BTT y bailes en Hlane.

Asier:

Hoy nada más despertarnos, hemos salido a correr. Al principio me daba pereza, pero cuando hemos empezado a correr, he notado cómo que me sentía bastante a gusto, las piernas me iban solas. Así que después de la sesión de correr, hemos hecho unos ejercicios ( abdominales, flexiones, etc ). Al acabar de correr, hemos desayunado y más tarde cómo no sabíamos qué hacer, porque en el parque no había casi animales, al final decidimos ir a ver un pueblo Swazi. Al pueblo al que hemos ido se llama “ Siteki “ y estaba en lo alto de una colina. Siteki no es un lugar turístico, de hecho, éramos los únicos blancos que estaban en todo el pueblo. Nada más entrar en él, hemos hecho un paseo en coche hasta unas casas de las afueras. En ese paseo hemos visto que casi todos tenían menos pobreza comparando con el resto del país, no eran tan pobres, pero aún así vivían en txabolas hechas de hojalata y cemento.

Aparcamos en el “centro“ del pueblo, que era un simple parque. Fuimos a un supermercado y al volver de él, Ana se ha parado a darle unas cosas a una señora pobre. Yo, como estaba algo lejos, vi como la señora hacía gestos extraños y aplaudía. Cuando Ana, se acercó, estaba llorando y nos explicó cómo al darle unos huevos y unos yogures, la señora se puso de rodillas y ha empezado a aplaudir.

Mientras, el viaje de vuelta a casa, hemos parado una vez para darle unos juguetes a un niño. Cuando he bajado a darle los juguetes, se han acercado otros dos niños, primero le he dado al pequeño, que era el primero que iba a dar, después, se ha acercado el segundo y también le he dado. Casi seguido se ha acercado el tercero pero no a pedir, si no a pedirnos que le comprásemos collares.

Como no le íbamos a comprar, pues le he dado también juguetes. Al niño se le ha olvidado que tenía que tenía que vender, y se ha quedado contento mirando los muñecos que le había dado.

Durante el viaje al campamento, he visto unos niños que jugaban con un alambre enganchado a unas latas como si fuera un coche, me ha llamado la atención.

Nada más llegar al parque, comimos y fuimos a hacer un safari en bici. La idea me apasionaba: bici, safari…, pero la verdad es que fue una pérdida de tiempo, como safari solo vimos kudus e impalas.



Lo único positivo es que por fín, cogía una bici después de tanto tiempo.
Cuando acabamos el safari, Laura quería ir a andar, pero como me daba pereza dar vueltas a una finca, pues me he quedado viendo a unos rinos, beber en una charca ( no hice mal ).

Al de un rato, como los rinos no hacían nada más que estar tirados en el suelo, he pensado “ vaya panda de vagos “. Y parece que me han leído el pensamiento porque unos diez minutos más tarde de pensar en los rinos, se han levantado sin motivo alguno y se han acercado hasta la valla que separaba el campamento, de la selva africana. Estaban los rinos levantados a la vez, apurando al máximo la valla electrificada. Más tarde llegaba la emoción, la pelea de dos rinos y era espectacular ver cómo golpeaban sus potentes cuernos.




Unos españoles ¡cómo no! fueron tan idiotas de vacilar tanto a un rino, que éste cogió carrerilla y empezó a correr a toda pastilla hacia aquellos españoles. El rino, se paró justo al borde de la valla y lo españoles se empezaron a reir, aunque estaba claro que ese enorme tanque de tres toneladas, hubiese sido capaz de atravesar una simple alambrada eléctrica, y los pobres tontitos no sabían la suerte que tuvieron.

Después de estar un rato mirando a los rinos, Ana, Jon Ander y yo, decidimos ir a ver si había impalas. A la mañana al hacer footing, Jon Ander y yo hemos visto cómo los impalas se colaban por la alambrada hacia dentro del parque.

Resultó que a la tarde, no había ningún impala. Después de cenar, decidimos ir a hacer el diario.

Mientras estaba haciendo este mismo diario, que estáis leyendo, hemos oído unos tambores fuera. Salimos y resultó que había unos bailando danzas indígenas de la zona. Nos quedamos viéndolos. Eran bastante chulos pero lo mejor ha sido cuando le han sacado a Ana a bailar, porque no tenía ni idea de qué tenía que hacer. También le sacaron a Ana con Laura luego a la vez a bailar. Ese es el resumen del día de hoy, que ha sido muy divertido.

Laura:

Hoy hemos salido Asier, Jon Ander y yo a hacer un poco de footing por el parque, alrededor de la valla. Mi fallo ha sido desayunar antes y por eso tras tener que ir corriendo al baño dos veces seguidas, he decidido dejar de correr, y andar un poco.

Al acabar, hemos hecho un poco de abdominales, flexiones y demás, y hemos ido a ver un pueblo de aquí cerca ya que el safari lo teníamos a las 15 h.



Ha sido un poco difícil encontrar lo que buscábamos, ya que aquí no hay pueblos tal y como nosotros lo conocemos, solo hay casas sueltas.

Finalmente, hemos encontrado uno por el que, evidentemente no acostumbra a haber blancos, y hemos decidido entrar en un supermercado a curiosear un poco, lo digo porque aquí encontrar una farmacia en la que venden teléfonos y demás, es lo más normal del mundo.

En el super, había muchas cosas raras, y la verdad es que me ha extrañado mucho haberme encontrado salchichas y demás, veganas, de las que yo como, en el congelador, además de muchos productos de soja, ¿ quién se habría imaginado que en ese supermercado tan cutre, habría de eso?

Y como es casi de costumbre ya por aquí, se me ha acercado un chico y me ha empezado a hablar en inglés, algo que me ha extrañado, por eso, en cuanto he conseguido entender y he oído que me decía: “ I just want to know you”, he salido escopetada. ( Dato: para los que no sepan inglés, eso significa “ tan solo quiero conocerte “ ).

Me ha sorprendido que se me haya acercado porque no iba enseñando nada, puesto que quería evitar que me mirasen por ir en cortos, y me había cambiado antes en el coche, a unos largos.

La verdad es que aquí se extrañaban al ver a las chicas en cortos. Cuando más me he dado cuenta de eso, ha sido cuando en el parque, la cuadrilla de niños del colegio, que venían a ver rinos cerca de nuestra txoza, me miraban cuando pasaba y se reían seguido, como no, de algunas palabras. Pobres niños, que se asustaban tanto, que iban corriendo a su profesor para advertirle de mi grave error. 

Han ido a dar con la más adecuada, además porque yo no soy nada pudorosa y acostumbro a enseñar cacha, soy un poco exhibicionista en ese sentido.

Al salir del super, queríamos encontrar a alguien adecuado a quién poder dar las cosas que llevábamos en el coche para repartir. Por eso, no hemos dudado un segundo en darle todos los habones, los huevos que habíamos comprado y un tupper también comprado para mí, de yogur, plátano y muesli a una señora que pasaba.

Cuando nos hemos acercado a ella, se nos ha arrodillado, yo creo que por cansancio y porque se podría imaginar nuestras intenciones. Era una señora muy delgada, que andaba con la ayuda de un palo y con dos bolsas, que yo creo eran de ropa, en las manos. Daba mucha pena. No hacía falta ser un lince para darse cuenta que necesitaba nuestra ayuda.

Por otra parte, su reacción, ha sido de lo más conmovedora. Al principio, nos ha costado entendernos porque no sabía inglés, pero, gracias a Dios, se ha acercado un hombre que nos ha ayudado traduciéndole lo que decíamos y diciéndonos también lo que ella quería. En cuanto le hemos dado las cosas, ha empezado a levantar las dos manos como si estuviera orándole a un Dios, pero en este caso no había ningún Dios, solo dos turistas ( Ana y yo ) que daban un poco de lo que tenían.

Además, no paraba de aplaudir y en su expresión de la cara se podía ver un reflejo de felicidad entre tanta tristeza, algo de esperanza. Sin duda alguna hacía mucho tiempo que nadie ayudaba a esa pobre mujer. Tenía mucha tristeza y soledad en su interior y era inevitable que no se le reflejase en la mirada. Tan solo decía dos palabras: “ yabonga nakulu “, “ muchas gracias “. ( Dato: evidentemente no se escribe así, esa es la pronunciación ).

Ha sido muy encogedor, dándonos la mano como muestra de cariño y agradecimiento. Y Ana, que es claramente mucho más cercana que yo, le ha robado algún que otro abrazo. Yo, sin embargo, aunque me moría de ganas y de envidia, he preferido no hacerlo. No quería que fuese incómodo para la mujer, no sabía si aquí dar abrazos, se ve como algo normal o algo violento, fuera de lugar.

Es curioso que distintas somos las personas, aún siendo de la misma clase social, o incluso familia. Ana, por su parte, no podía parar de llorar incluso durante el trayecto de vuelta al parque. Yo, sin embargo, me sentía muy feliz y reconfortada por haber podido contribuir ayudandole a esa señora. Evidentemente, después de algo así, algo se te mueve por dentro y reflexionas acerca de muchas cosas, demasiadas incluso diría yo. Pero, en mi opinión, no debes dejar que el sufrimiento “ negativo “, como quién dice, que está lleno de tristeza, desaprobación y rabia, se apodere de ti. Eso sería perjudicial y tampoco llegarías a ninguna parte. Por eso, desde mi punto de vista, está claro que tienes que reflexionar mucho sobre lo injusta que es la vida, por ejemplo, o lo egoístas e ignorantes que somos a veces, pero siempre quedándote con lo bueno primero. 

Consiguiendo así, ayudar y quedarte con un buen sabor de boca, que al final, es algo bueno lo que has hecho.

Por el camino, también hemos encontrado a unos niños a los que hemos dado unas piruletas que habíamos comprado ( estás eran para repartir ), en el super y unos juguetes. Estaban también muy contentos, y uno de ellos, que estaba con la que sería su madre, me imagino, no nos paraba de dar las gracias por darle eso a su hijo.

Evidentemente, lo que hemos dado a esos críos no era nada de vital importancia ni necesario para la supervivencia, pero sí, un detalle. Algo que, puede alegrarles el día a esos niños. La verdad es que parecía Navidad y yo me sentía como los Reyes Magos cuando van en su carroza repartiendo regalos y recibiendo a cambio sonrisas. Sin duda alguna, la Navidad había llegado a Swazilandia para esos niños.

Ahí, en el pueblo, también hemos podido ver los juguetes que los niños se hacían para jugar. Eran todo un invento. Eran como cochecitos manejables con un palo, y por lo que se veía, todos los niños disponían del suyo. El coche eran unos palos enganchados a unas latas, que hacían de ruedas, y estaba enganchado a otro palo más largo desde lo manejaban.

Al volver al parque, pensábamos que dispondríamos de mucho tiempo, antes de hacer el safari en bici, pero no ha sido así. Nuestra intención era comer para las 13:30 h, pero al pasar un rato viendo los rinos de la charca del parque, hemos comido a todo correr, para llegar a tiempo al safari. El tiempo se nos había echado encima.

El safari, por su parte, ha sido una boñiga. No hemos visto ningún animal interesante, solo hemos conseguido ver impalas, nialas…, lo más interesante ha sido un buitre gigante que bajaba volando de un árbol. A mí me ha impresionado muchísimo.

Me  ha gustado, por una parte el safari porque me ha recordado a cuando iba a andar en bici con mis aitas por Tarragona. Tengo muy bien recuerdo de esos paseos y me he sentido muy liberada y feliz al pedalear por la tierra entre los árboles sintiendo el viento en la cara.

Sin embargo, ha sido una pena, aunque sea contradictorio esa libertad de la que hablo. La razón es muy simple, no parecía que fuese un safari, podíamos ir solos por adelante Asier y yo, que el chico no nos decía nada. Por eso, creo que todos hemos sido conscientes desde un primer momento que no veríamos “ nada “ ya que solo íbamos con un guía que no llevaba nada para protegernos, ni pistola, ni palo, ni nada.

Nuestro gozo en un pozo, ni Asier ni yo, hemos podido correr con las bicis tanto como nos hubiese gustado, ni hemos ido despacio, pero disfrutando de unos buenos avistamientos.

Al volver, yo después de hacer un par de ejercicios aprovechando que el safari me había sabido a poco y que estaba activa y con ropa de deporte, he ido a dar unas vueltas andando con los cascos a todo volumen. Mientras tanto, los tres ( Asier, Ana y Jon Ander ), disfrutaban sentados viendo a los rinos en la charca.

Unos minutos después, cuando pasaba por la charca y donde estaban las sillas repletas de gente sentada tranquilamente, me ha sorprendido ver las sillas vacías y a la gente un par de metros atrás de pies. Se me hacía raro que estuviesen todos tan alejados de la valla, y yo, todo chula, pero nada prudente, he seguido con mis cascos puestos por el lado de la valla, pero no he conseguido dar más que un par de pasos porque de repente me he encontrado amenazada por un rino que estaba mirándome fijamente desde muy cerca de la valla. Esa era la clave para entender el porqué de tal separación de la gente. (Dato : una chica les había dicho que se levantasen y fueran hacia atrás porque el rino les podía ver y oler ).

Ha sido más interesante y emocionante que un safari en bici, quién lo diría…

Nunca habíamos visto a unos rinos tan activos y amenazantes. La estampa acojonaba mucho, tendríais que ver la seguridad de estas vallas, es tronchante. Si eso nos va a salvar del ataque de estas fieras, apaga y vamonos.

De hecho, ya habíamos visto a la mañana durante el footing como unos impalas entraban pasando por las vallas. Era tan sencillo como apartarlas un poco con los cuernos y pasar, todo un misterio.

Después, hemos ido a cenar y yo he repetido el pap y la ensalada con una salsa rara, además de unas verduras. La cena en nuestra opinión, no ha sido tan acertada como la del otro día, pero era comestible.

Ya estábamos escribiendo el diario, Asier y yo, cuando de repente, hemos empezado a oir una especie de tambores sonar. Por eso, al asomarnos a la ventana y ver que era un baile “ típico “ del que se trataba, hemos dejado todo como estaba y hemos ido a verlo.

Ha estado muy chulo, un poco repetitivo porque todo el rato hacían lo mismo pero con otra música, que además, solo se diferenciaba por la letra. Las ropas eran también “ típicas “, y el baile me imagino que también, pero vamos que solo era levantar la pierna hacia arriba y poco más.

Para terminar con el espectáculo, todos nos hemos levantado a participar en el baile, haciendo un círculo. La primera que se ha puesto en el medio con uno de los palos que nos han pasado, ha sido Ana, ¡¡¡ qué gracioso !! ha sido cuando sin saber que debía de hacer, ha empezado a moverse de forma rara con el culo, y uno de los chicos bailarines se ha empezado a reír en su cara. La verdad es que se parecía mucho a mí, vaya con esos movimientos, eran muy de ella.

Luego ya, cuando ha empezado a entrar más gente, nos hemos dado cuenta que lo que había que hacer, era cómo no, levantar la pierna.

Todo el mundo estaba muy animado, yo creo que a causa del alcohol, y para terminar, los chicos nos han agarrado de la mano a Ana y a mí y nos hemos puesto los cuatro a bailar en medio del círculo, levantando las piernas y gritando algo al compás.

Luego, la gente atrevida y contagiada por nuestra alegría, ha empezado a hacer lo mismo, y uno se ha caído hacía atrás. Con la mala suerte, que era el que estaba enfrente nuestro imitándonos y nos ha llenado de arena el pelo y la cara con el pie.

Ahora ya vamos a la cama, con el sonido de los rinos de fondo, y mañana…….., mañana ya se verá.


Día 18 de agosto jueves:
Despedida de Swazi y entrada triunfal al parque Kruger

Laura:

Hoy el día ha vuelto a empezar con un footing, seguido de un rápido desayuno porque a las 10 h, debíamos estar fuera.

Una vez en el coche, tras ser despedidos por la chica de la entrada muy sonrientemente, hemos empezado el camino al parque Kruger.

Por el camino hemos decidido parar para repartir ya la mayoría de los juguetes que teníamos y un par de cosas más.

Esta vez no hemos ido a casita ( por llamarlas algo ), que estén cerca de la carretera, si no que hemos tenido que atravesar un poco de campa para llegar a la casa afortunada.

En la entrada, nos ha recibido una niña sonriente, pero tímida a la vez, sorprendida por nuestra presencia.

Al entrar en su casa, todavía en Swazilandia, nos hemos encontrado con unos cinco niños solos, de distintas edades pero sin padres. Además se notaba claramente que estaban acostumbrados a la ausencia de sus padres, y tampoco sabían inglés, por lo que nos hemos tenido que comunicar con ellos por gestos.



Han recibido un buen botín de cosas: camisetas, juguetes, playeras, piruletas, bolis.. Se les veía muy agradecidos, aunque yo no tenía muy claro si sabrían dar uso de esos bolis por ejemplo.

Al asomarnos más adentro, donde dormían y demás, o sea en lo cubierto, hemos podido ver que gracias a Dios, la comida para ellos no escaseaba. Tenían bolsas enteras de coliflor, tomates.. y demás, que estaba claro, cultivaban ellos.

Su casa estaba hecha de madera, plásticos.. y su techo consistía también en un plástico grande sujeto por yo que sé qué, y tenían muchas gallinas y pollitos.

Luego, nos hemos hecho un par de fotos con ellos, y  esta vez no me ha parecido nada violento porque Ana me había explicado antes, que a ellos les hace mucha ilusión luego poder verse en ellas, y así ha sido, estaban muy contentos por verse en ellas.

Eso de las fotos, me ha recordado a que hace un par de días en el parque de Hlane en Swazilandia nos pasó algo muy gracioso. Estábamos los cuatro posando para que un señor nos sacase una foto en la charca de los rinos,con nuestro consentimiento, que quede claro,pero el móvil iba mal y aprovechando eso, un chico negro se puso a la par del señor y, sin cortarse un pelo, empezó a sacarnos fotos. Fue una estampa realmente graciosa, cómo me pude reir. Es que eso por ahí, no se ve, no es normal ni mucho menos. Estoy segura de que ese hombre tendría mejores fotos de nosotros que nosotros mismos, cosas de la vida.

Siguiendo con lo de hoy, en la salida de Swazilandia, nos ha atendido una mujer gorda que no ha podido evitar soltar un eructo cuando nos hablaba, pero lo ha solventado muy bien con un “sorry“. La tía se había quedado tan a gusto, y nadie de los otros trabajadores que estaban por alrededor se habían inmutado. Se ve que es algo muy normal, mejor dentro que fuera, ¿no?

En ese momento la primera en soltar una inevitable carcajada, ha sido Ana, ella con esas situaciones no se puede aguantar, es muy natural, pero todos después le hemos acompañado al ver que si nos reíamos no pasaba nada. Ana, sin duda alguna, es la más atrevida de todos, le gustan las emociones fuertes.

Acto seguido, una vez habernos sellado los pasaportes al girarnos para salir de allí, Asier nos ha dicho que la mujer grandota se había sacado a todo correr un bocata en el que solo se veía pan. El hambre ataca por Swazilandia, se nota por las mujeres de por aquí. Yo creo que se deben extrañar al vernos a Ana y a mí, que somos todo lo contrario a ellas, delgadas sin apenas culo ni tetas.

Ha sido muy gracioso cuando, mientras nos miraban los pasaportes y demás, nosotros hablábamos de ellos sin cortarnos un pelo, en su cara, y ellos no paraban de rajar, hablando seguramente de nosotros también.

En esos momentos, yo me siento muy tonta y es que después, al despedirnos, no hay nada como intercambiar unas sonrisas para irnos todos tan contentos.

Después hemos tenido que pasar por el control de la entrada a Sudáfrica, dónde unos curiosos guiris, nos han alertado de que habían dos controles en la carretera. 

El hombre ha sido muy amable, aunque un poco lento de mente también, porque a quién se le ocurre advertirnos de eso en frente de la policía, en la aduana?Hay que explicarle a este hombre, que el inglés es ya internacional y que también ha llegado a África.

Evidentemente, tal y cómo esperábamos, hemos dado con los dos controles, que tenían a unos dos o tres minutos, como muchísimo, de distancia entre ellos. Se trataba de un control formado por militares bien armados. Eran muchísimos, y sorprendentemente todas eran mujeres. Ha sido flipante, o al menos para mí, me ha impresionado mucho, para bien, está claro.

En el primero nos ha parado otra mujer también potente que tenía un diente de oro, y me ha sorprendido su amabilidad, algo que escasea por España en las personas que trabajan en la seguridad. Nos ha preguntado a dónde íbamos, y tras decirle que al Kruger, nos ha dado algún que otro consejo. Además, al ver el carné de conducir de Ana, le ha dicho que parecía mucho más joven, algo que cómo no, le ha alegrado el día a Ana.

Después, en el segundo, nos ha parado otra señora a la que no se le entendía nada y que también tenía un diente de oro. Ana, por su parte, ha aprovechado para preguntarle el porqué de que sean todo mujeres, y claro, al señora nos ha respondido y todos al unísono hemos dicho: “ ah… “, asintiendo con la cabeza. 

Si ahora o en ese mismo momento nos pregunta a ver cuál ha sido su respuesta ninguno de los cuatro seríamos capaces de decirla.

Sin embargo, en ese momento Ana ha sabido muy bien solventarlo añadiendo un: “women to the power”. Sinceramente no creo que esa frase tenga sentido alguno. En castellano significa “ las mujeres al poder” y si que lo tiene. Pero, ese “women to the power”, yo creo que no es más que un “espanglish”, es decir, una mala traducción, una mezcla de todo.

Sin embargo, la mujer se ha reído y ha asentido como dándonos la razón, dando a entender que estábamos en lo cierto. Yo por mi parte, he dudado de su sinceridad, creo que nos ha pagado con la misma moneda.

Luego, finalmente, hemos llegado a la puerta del Kruger, donde cómo no, no puede faltar la pregunta estrella: “¿llevas armas?”, a la cual, si respondes que sí, no sé qué pasaría.

Aunque estuviésemos en la puerta, el camino para llegar a nuestro alojamiento, ha sido una tirada, el Kruger es gigantesco, y al llegar, como ya habíamos hecho anteriormente, en una parada la compra importante de la comida, hemos comido a toda prisa (como ya es costumbre), a eso de las 16 h.

En veinte minutos, ya estábamos otra vez en el coche para ver animales, ya que a las 18 h cierran las puertas y si llegas más tarde, te multan.

Disponíamos de muy poco tiempo, por eso el trayecto debía ser corto. Yo, no tenía nada de esperanzas por ver algún animal interesante, sin embargo, hemos podido ver al último de los Big Five que nos quedaba, ¡¡el leopardo!!



Ha sido impresionante, ya nos imaginábamos que se trataría de un leopardo cuando hemos advertido un grupo enorme de coches parados. El encontrar un buen hueco para verlo, era lo complicado, pero no imposible. Y, por eso, hemos conseguido el mejor sitio de todos, era precioso.

Estaba tumbado en una postura muy rara encima de una rama del árbol, realmente escondido. Si no hubiese sido por el montón de coches, no lo hubiéramos visto, nadie lo hubiera visto.

En la naturaleza, encontrar animales es realmente difícil. Nos cuesta ver hasta jirafas que están cerca, y eso que son altas, así que no os digo más. Estos animales encuentran escondites donde no los hay.

El animal, que sin duda alguna, de escondites no sabe demasiado, es el elefante. 

Lo digo porque tanto hoy, como otros días, hemos encontrado algún que otro elefante detrás de un arbusto intentando comer. Sin embargo, sus intenciones parecían más, las de intentar esconderse de los focos y de nosotros los turistas, tras ese arbusto que, evidentemente era más pequeño que él.

Era una ridícula estampa para el animal, la verdad. Pobre, con lo que me gustan a mí los elefantes… Ha sido un gran descubrimiento esto de los elefantes, la verdad. Nunca me hubiese imaginado que me fuesen a gustar tanto.

Después, hemos parado en una charca cercana a la puerta de nuestro alojamiento, ya que la hora no dejaba parar mucho más.

Ahí hemos podido ver: cocodrilos e hipos, uno de ellos muy cerca, de pies. Los demás, estaban en el agua, y solo dejaban a la vista sus orejas y su nariz, es decir, la parte de arriba de la cara, lo necesario para respirar.

Unos nadaban, bueno, en realidad andan debajo del agua apoyando las partas en el fondo. Otros, sin embargo, estaban al lado de un arbusto, en medio de la charca, quietos y mirándonos, unos diez o quince, nos estaban intimidando claramente.

Por último, hemos dado un pequeño voltio para ver el resto de las casa, y nos hemos muerto de envidia al ver las casas de los demás, eran puros chalets con barbacoa, terraza.., y además al pie de una charca donde, probablemente bajan muchos animales. Pero nos da igual, lo nuestro es más auténtico, las pijerías no van con nosotros, a nosotros nos gusta más rollo informal, rollo camping.

Asier:

Hoy nos hemos pasado todo el día viajando. Nos hemos levantado pronto para dejar el pequeño país de Swazilandia y dirigirnos de nuevo hacía el enorme país vecino, Sudáfrica. Antes de cruzar la frontera, hemos parado en una casa que aparentaba mucho más pobre que las demás, con diferencia, eran unas telas encima de unos palos.

Cuando nos acercamos a la casa, una niña de unos once años, sale a recibirnos. 
Estaba un poco asombrada y cuando Ana la saludó, ella respondió con otro saludo tímido. Cuando entramos en el jardín había unos cinco niños, ningún adulto. Ana les ha chocado los cinco a todos los niños. En su casa solo tenían gallinas y tomates para comer y a saber hasta dónde tenían que ir a por agua.

Les hemos dado los juguetes, y nos hemos sacado una foto con ellos, cuando nos fuimos, se despidieron felices. Seguimos el camino hasta llegar a la frontera. 

Nada más llegar a la frontera en el lado de Swazilandia, le he dado lo que me quedaba a unos niños, y mientras volvía, un obrero me ha saludado moviendo la cabeza como si fuese mi colega de toda la vida.

Al entrar en la frontera para enseñar el pasaporte, una señora nos ha recibido con un eructo y acto seguido se ha empezado a descojonar. Cuando entramos en el lado de Sudáfrica al volver que tener que enseñar el pasaporte, otro señor nos ha avisado que había radares de la policía, y lo ha hecho justo delante de la policía de la aduana.

Cuando entramos en Sudáfrica, en la carretera había dos controles con militares y todo. Lo curioso es que tanto la policía y los militares eran todas mujeres, ningún hombre.

Al seguir el camino, paramos al de un rato en un supermercado, en el que compramos unas cuantas cosas y cuando me disponía a salir, me para la policía, pensaba que me iban a multar por exceso de velocidad con el carrito, pero no, solo querían el ticket de compra.

Cuando por fin, entramos al Kruger, fue espectacular. Había un elefante y un par de jirafas junto a unos impalas en un paisaje de los que salen en los documentales. Seguimos avanzando mientras veíamos animales (en general impalas).

Después de un rato en coche pude ver cómo una cola caía desde la rama de un árbol, entonces dije: “para, para, para”, estaba segurisimo de que era un leopardo, pero no, solo era un mono.

Seguimos el viaje y vimos elefantes, cocodrilos, rinos, hipos, impalas…, pero lo mejor din ninguna duda, fue lo que más estaba buscando: el leopardo. Hoy estaba en un árbol subido.

Parece que no le apetecía moverse porque hoy estaba tumbado. Cuando cambió de postura, le pudimos ver entero.

Ya teníamos los Big Five, y solo llevábamos un día en el Kruger.


Cuando volvimos a nuestro campamento no nos quedaba más que descansar para el safari del día siguiente a las 5 h. 

Día 19 de agosto, viernes. En el Kruger: Lower Sabie, Morning Walk
  
Asier:

Hoy nos hemos levantado a las 4:40 h, para hacer un safari andando. Se supone que éramos ocho pero solo seis hemos sido los que hemos ido, y cuatro éramos nosotros.

Nos han llevado en una camioneta hacia un lugar donde los coches normales no pueden andar. Se han parado en una finca en la que estábamos en medio de la sabana. Mientras íbamos hemos visto tres rateles (tejón mielero), que son muy muy difíciles de ver porque son nocturnos.

Cuando nos hemos bajado de la camioneta se han puesto a explicar las normas los dos ranger que iban armados con rifles, más de una vez nos ha repetido que sigamos todas las normas si no queremos poner nuestras vidas en peligro. Hemos hecho el safari siguiendo los rastros de un elefante que había sido de la noche anterior. Durante la búsqueda también encontramos el rastro de dos leonas, pero seguimos la búsqueda del elefante por decisión de los rangers.




Llegamos hasta la orilla de un río, en el que decidimos desayunar.

En ese momento pudimos aprovechar para preguntarles sobre muchas cosas a los rangers.

Regresamos a la camioneta. En este espectacular safari acabamos viendo dos búfalos, steenboks, busbuck, impalas, antílopes del juncal. Y mientras volvíamos hemos visto también un chacal y cebras. Nos habíamos quedado sin ver al elefante pero me lo había pasado muy bien porque había aprendido mogollón de cosas.



Después de la mañana de safari, fuimos a comer al restaurante del campamento, como han tardado 45 minutos en sacarnos la comida y han atendido antes a gente que llegaba más tarde, pues Ana les dejó de propina 40 céntavos (2 céntimos), en general se suele dejar 10 € o así en estos países.

A la tarde hemos estado viendo animales desde el campamento (bushbucks, hipos, elefantes, facóqueros).

Después de eso fuimos al parque a buscar animales (como Ana se encontraba mal de la tripa, ha decidido quedarse).

Después de volver de la búsqueda vimos un águila pescadora,águila de la sabana,antílope de lomo grisáceo, elefantes, kudus, waterbucks, hipos, cocodrilos, dos cheetah (guepardos), un tántalo africano, una carraca multicolor, un rino, ñus, cebras, facóqueros, búfalos, steenboks y alguno más…

Laura:

El día de hoy ha empezado muy temprano, a las 4:40 h para ser exactos.

A las 5:15 h, ya estábamos montados en la camioneta del safari y dirección a la ruta que íbamos a hacer a pie.

Al principio el frío pelaba y más aún montados en la camioneta. Por eso, yo iba con muchas, muchísimas capas: tres camisetas, dos jerseys, un chubasquero, dos pares de calcetines, pantalones y la manta que nos dejaban para el trayecto.

Los guías eran muy majos y se fijaban en todo, como tenía que ser. Eran capaces de ver todo tipo de pisadas y de distinguir cualquier sonido.

A diferencia de los de Hlane, en Swazilandia, éstos eran dos e iban bien armados con un rifle cada uno. Por eso se notaba que esto sí era un parque natural y no un zoo, cosa que no estaba tan clara en Hlane ya que, tenían puertas por todos lados, y la seguridad era mínima.

Además, a diferencia del otro, el máximo de personas que podrán hacer el morning walk eran ocho, porque controlar a más gente sería ya misión imposible.

La verdad es que te dejaban bien claro a lo que ibas, dónde estabas y el peligro que corrías, por eso, las pautas que debíamos seguir, eran tantas.

Hemos visto huellas de hipos, leones, rinos, impalas, búfalos, rateles, steenboks. 
Ha estado muy bien el paseo porque ha sido algo diferente en el que podías sentir la tensión del peligro.

Al volver, hemos ido al restaurante de aquí y hemos desayunado, solo Ana y yo, porque los chicos ya habían picado algo de lo que nos habían ofrecido los guías.

Después, nos hemos vuelto a montar en el coche para ver más animales. Lo más interesante de los avistamientos conseguidos en el momento han sido dos guepardos tumbados a la sombra.

Se trata de un animal muy difícil de ver, por eso que hemos necesitado la ayuda que nos daba la gente que ya los había visto para encontrarlos. La verdad es que la suerte va con nosotros porque siempre que salimos con algún avistamiento en mente, lo conseguimos.

Al acabar el voltio, en mi opinión, un poco pesado por el calor y por los pocos animales que se veían, hemos ido al restaurante a comer. Cosa que, no entraba en nuestros planes ya que habíamos pensado en comer de picnic. Pero, tras ver la buena pinta que tenía la carta y las vistas que tenía al río, los planes finalmente han sido cambiados.

La comida en el restaurante nos había quitado mucho tiempo porque lo lentos que eran, no era normal. Por eso, hemos decidido no darles propina, algo que no acostumbramos a hacer.

Una vez haber acabado de comer, como en el restaurante había wifi, nos hemos quedado ahí en la terraza hasta las 16:30 h, más o menos.

Después de esa hora, vuelta al coche, ¿a quién le pilla por sorpresa?, lo que sí nos ha pillado a todos por sorpresa ha sido el malestar de Ana, razón por la cual, se ha tenido que quedar en casa.

Nosotros tres, por nuestra parte, hemos seguido con lo previsto. Sin duda alguna, me ha gustado mucho más esa segunda vuelta en coche que la primera. A muchos les sorprenderá ya que, los avistamientos tan poco han sido nada del otro mundo. Una vez llevas ya tiempo aquí, muchos animales empiezan a ser invisibles para ti. Los animales que al principio te parecen la caña y hasta te paras a sacarles fotos, luego son como un grano en el culo.

Te haces falsas ilusiones cuando ves algún que otro arbusto moverse o escuchas el crujir de las hojas del suelo, es para matarlos.

Esta vez, a diferencia de la anterior, ha sido mucho más divertida la salida, y es que, ya en la charca que hay nada más salir del campamento, hemos visto, hipos, cocodrilos y otras aves. Pero, sin duda alguna, lo mejor han sido cómo no, los elefantes. Nunca había visto tantos elefantes juntos, de distintos tamaños y edades y mucho menos cruzar la carretera todos en fila. Ha sido un momento mágico.

Evidentemente, era digno de grabar, y así lo he hecho, porque no es lo mismo contarlo que vivirlo,¿no?

La situación acojona ya simplemente por el tamaño, así  que os lo podéis imaginar cómo me acojono cuando nos miran o se acercan. Me encantan y los amo, pero soy una cagada y una paranoica con ellos, leo gestos de alerta everywhere.

Por suerte, ese miedo no me revuelve las tripas.

Tristemente, no puedo decir lo mismo del leopardo que vimos ayer, porque la ilusión que me hizo, se vio reflejada en mi estómago al instante.

Al acabar, muy orgullosos de los avistamientos y muy justos por la hora, ya que cierran las puertas a las 18 h, hemos regresado donde Ana.

Allí estaba ella, currando con el blog. Pobre, le toca pasar todo lo atrasado que escribimos en los cuadernos, que ilusamente, pensábamos dar por ahí.¡¡ que no les daríamos uso, pensarían estos dos!! me río.

Después de contarle y enseñarle todo lo visto a Ana, lo demás ha sido lo de siempre: cenar, escribir, y a dormir.
Dato: todos los avistamientos estarán, seguramente, mucho más claros y detallados en lo que escribe Asier, yo soy una negada para eso. Me olvido de la mayoría y de los que me acuerdo, como no me sé el nombre, hago una de paso palabra.

Ana:
Solo una aclaración respecto a la propina: lo que estamos dejando, es lo que se estila, el 10 % del total de la factura. En esta ocasión, fueron unos céntimos más de lo que dicen los chicos, pero no mucho más, ya que como excepción a todas las atenciones de este hermoso país, no fuimos bien atendidos.



Día 20 de agosto, sábado: morning drive en Lower Sabie

Asier:

Hoy ha sido un día muy largo (supongo que será porque me he levantado a las 4 h, aunque el despertador ha sonado a las 4:20 h. Nos tocaba hacer un safari de madrugada. Como íbamos de noche en la camioneta, tenía que llevar focos y justo a mí me tocó manejar uno.

Nada más salir vimos unas “liebres de matorrales”. Después continuamos por el camino, y vimos: impalas, elefantes, jirafas y un gálago y unas hienas con cachorro y todo. Después ya amaneció y pudimos ver unos cuantos animales: impalas, steenboks, duikers, busbucks, waterbucks, kudus, nialas,rinos, jirafas, elefantes, serpentario, buitres, águila pescadora, bateleurs, avutardas, francolines, puercoespín, avestruz, y alguno más que no recuero.

Después del safari, fuimos a comer y después estuvimos un rato relajados sin hacer nada y cuando eran las 16 h, decidimos salir a ver animales, menos Laura que no quería ir a ver animales.

Acabamos viendo dos codornices, un francolin, gallinas de Guinera, gansos del Nilo, un jaribbú, waterbucks, impalas, una garza y una tortuga.

Al volver Laura nos contó que había visto una hiena caminando alrededor de la valla del campamento.

Después de cenar, Jon Ander y yo nos fuimos a ver un partido de rugby ( Sudáfrica – Argentina ) y cuando acabó, nos fuimos a dormir.

Laura:

El día se me estaba haciendo muy cuesta arriba, demasiado trayecto en coche para mi gusto. Además, desde la mañana no veíamos nada interesante y eso que el día había empezado bastante bien en el morning drive.

Por eso, aproveché la parada que hicimos en nuestro campamento para ver hacía dónde nos dirigiríamos dependiendo de los avistamientos, que pusiese la gente en los mapas, y me quedé ahí. Estaba saturada del coche y sabía que si no descansaba un poco,acabaría yendo en mi contra ya que estaría de mala leche e irritable.

No me arrepiento para nada de mi decisión porque, además esa hora y media, se me pasó volando y no me perdí nada por no ir.

Aproveché ese momento a solas para dar una vuelta por el campamento y ver lo grande que era y lo que había, ya que o lo habíamos hecho en ninguno de los días en Lower Sabie. Y, la causa de eso, al contrario de lo que nos habían dicho Ana y Jon Ander, descubrí que el campamento, sí tenía piscina, un poco sucia, pero tenía. Me hubiese pegado un chapuzón de no ser por la pinta a charca de elefante que tenía eso, con tanta mierda.


No pude haber tenido más suerte porque mientras paseaba con los cascos por el borde de la valla, pude ver y andar a la par a una despistada hiena. Quién lo diría, una hiena a tan poca distancia. Lo siento por los que se fueron en busca de animales, pero la afortunada fui yo, y no tuve que meterme en ningún coche. Los animales vienen solos a donde Lora la exploradora. (Dato: le he robado a Jon Ander el nombre).


Día 21 de agosto, domingo:      de Lower Sabie a Satara

Laura:

El día de hoy, empieza a las 5:30 h con un lío de maletas y bolsas de comida del copón. La suerte, como siempre, estaba de nuestro lado sin nosotros saberlo.

No llevábamos nada en el coche, cuando de repente Asier ha gritado: “ un león, un león”. Se le notaba por su tono de voz y lo inquieto y eufórico que estaba que deseaba con todas sus fuerzas ver uno, como todos la verdad. Tenemos muy buena vista, eran dos leones camuflados en unas rocas, majestuosos.

Acto seguido, yo he anunciado también a grito pelado el avistamiento de un león. 

No podía dejar que Asier me dejase en mal lugar al no encontrar un buen bicho como él.

Ha sido mucha suerte porque justo habían dicho que para estar atentos mirando a la derecha porque parecía un lugar idóneo para leones. Pero yo, sin hacer ni caso, he seguido mirando a la izquierda. Ha sido entonces cuando he visto algo andando, muy elegante, y a diferencia de lo gritado, era un precioso leopardo, no un león.

El primer leopardo que vemos activo, y hemos sido además los primeros en verlo, aunque luego ya han empezado a venir más coches. Nosotros, al ser los primeros, hemos tenido la suerte de verle acercarse poco a poco hacia nosotros, cruzar la carretera a dos metros de distancia muy lentamente y de esconderse detrás de un mato. Simplemente, brutal.



Luego, hemos seguido el camino viendo también bastantes bichos, hasta llegar a una parada para comer. Había un montón de monos delincuentes expertos en robar comida a los turistas. No dudaban dos segundos en saltar incluso a los brazos de la gente, para quitarles sus pertenencias.

Por eso, Asier no ha tardado lo más mínimo en apoderarse de nuevo de un palo para defender el territorio, aunque esta vez estaba vestido, a diferencia de la otra, que estaba en calzoncillos.

Debe de estar muy negro de roña y tener complicaciones al hablar, de tal manera que parezca que su idioma es el afrikans, porque una señora le ha preguntado a ver si era de aquí, cuando le ha visto en plena acción con el palo.

En la parada, hemos oído a un hombre que aseguraba haber visto 21 leones por el camino que nosotros íbamos a hacer. Evidentemente, no íbamos a ser tan tontos de creernos su testimonio al pie de la letra a la primera de cambio, había que comprobarlo.

Sin tener todas con nosotros, nos hemos dirigido hacia ese lugar, dispuestos a encontrar de una vez por todas, leones que estuviesen fácilmente reconocibles y cerca y un león macho, digno del “libro de la selva”.

Pero como 21 era un número muy grande y difícil de ver de una vez, pensábamos que ese sería el recopilatorio de distintos grupos de leones.

Sin embargo, el hombre había sido honesto y decía la verdad. Lo contrario que ocurre con algunas personas que marcan mal e incluso a voleo los avistamientos en los mapas, y nos hacen ir hasta allí para nada. Y no es que el animal se haya ido no, es que luego te paras a pensar y todo lo que viene marcado en ese mapa, te das cuenta que no tiene ni pies ni cabeza.

A lo que iba, el avistamiento ha sido una verdadera pasada. Al principio hemos visto dos o tres leones en la carretera, tumbados. Los hemos tenido tan cerca que incluso cerrábamos las ventanas por si acaso. (Dato: Ana es una mandona y una paranoica con eso).

La verdad es que impresiona tener un animal de tal tamaño y peligro, con esos ojos grandes amarillos mirándote mientras le intentas sacar una foto a un metro (si es que llega) de distancia.

No dejabas de estar en shock y ya de repente tenías a todo un grupo enorme de leonas y crías tumbadas más a la distancia. Exactamente ha sido un avistamiento único, algo así no pasa todos los días.

Arriba, encima del grupo tumbado a la sombra, se encontraba un precioso Rey León. Aunque Jon Ander, decía que él veía otro, ninguno de los demás veíamos en ese supuesto “segundo león”, algo más que una enorme roca. Pero, tras dar por hecho que no era un león con la excusa de “los prismáticos tuyos no van bien, con los de Asier se ve mejor”, hemos acordado que era claramente una roca.

Menos mal que Jon Ander no se ha dado por vencido y tras ampliar con el zoom una foto, nos ha dejado boquiabiertos al demostrarnos que sí que era y había un segundo león.

Luego el camino ha seguido y ha estado genial también, tanto de avistamientos como de diversión. Y, tras llegar a nuestro nuevo campamento y comer, nos hemos ido a la piscina.

Echaba de menos el agua, tomar el sol… Mañana lo pienso repetir, lo tengo claro, ha sido la carga de energía que necesitaba.

Después, hemos vuelto a coger el coche pero esta vez con rumbo fijo: la charca anterior al avistamiento de leones.

Ahí hemos podido disfrutar viendo cómo los elefantes se embadurnaban de barro mojado, se mojaban con la trompa, y cómo se echaban tierra seca por todas partes. Para ello, aparte de usar la trompa y las patas, los más pequeños aprovechaban para tirarse al suelo y juguetear como niños. No sé si lo he dicho alguna vez, pero AMO los elefantes.

Como la cosa estaba divertida con los leones y los elefantes, hemos apurado el trayecto al máximo, con solo cinco minutos de margen para que cerrasen las puertas del campamento.

Por último una cena y a hacer un safari nocturno, y ha estado también genial. 

Aparte de muchos bichos raros,  también hemos visto a un león macho con su pieza de carne al lado, tumbado tras el empacho.

De los días que llevamos de safari, creo que éste si no ha sido el mejor, está entre uno de ellos.

Asier:                                        

Hoy nos hemos despertado a las 5:30 h de la mañana. Una hora más tarde salimos hacia el nuevo campamento. Nada más salir a unos 600 metros, vimos los dos primeros leones. Después vino el primer leopardo del día. Mucho más tarde el segundo leopardo, y después de éste, llegó una manada de 21 leones. 

Entre tantos buenos avistamientos pudimos ver cómo uno de los leopardos cruzó la carretera delante de nosotros y cómo una leona se sentaba delante del coche.

Aparte de esos también vimos: impalas, waterbucks. Duikers, steenbooks, kudus, nialas, un francolin, elefantes, babuinos, jirafas, cocodrilos, hipos, bateleur, águila pescadora, águila de walhbert, facóqueros, mangosta enana, tres codornices, etc…

Después de comer estábamos en la piscina y a las 16 h, fuimos a ver el atardecer a donde estaba la manada de leones. En ella pudimos ver en lo alto de una roca cómo el león macho ( el de melena), vigilaba sus extensos terrenos. Un señor nos avisó que a unos 300 m, hacia adelante, había un leopardo, así que después de ver la manada fuimos a ver el tercer leopardo del día ( qué buena racha llevábamos con los gatitos).

Apuramos la puesta de sol en una charca en la que los elefantes se echaban barro por encima para protegerse de mosquitos.

Llegamos al campamento y al de acabar de cenar nos tocaba safari nocturno.

En él, vimos: chacales de lomo rojizo, ginetas, una civeta, un hipo, un cocodrilo, hienas, impalas, murciélagos, un gato africano salvaje, leones y lo mejor de todo: un león macho comiéndose un impala.

Hoy ha sido el día con mejores  avistamientos  del viaje y por si fuera poco vimos dentro del campamento, un tejón mielero (ratel), que tan difíciles son de ver.

Esperemos seguir con la racha.




Día 22 de agosto, lunes:  tormenta de arena en la sabana de Satara

Asier:

La verdad es que hoy no ha sido el mejor día que hemos tenido en cuanto a avistamientos.

Primero íbamos a salir a las 6 h a buscar animales, pero como la tripas de las chicas no lo han permitido, hemos tenido que salir a las 7 h. En toda la mañana no hemos visto mucho, solo hemos visto: ñus, facóqueros, bushbucks, hipos, impalas, waterbucks, águila walhbert, codornices, babuinos, cocodrilos, jirafas, cebras, hienas, francolines, abutarda, buitres, kudus, tortuga, ratel, elefante, avestruz, steenbok, y lo más interesante de todo unos cálaos (que son como unos pavos que como hay muy pocos, si se ven hay que dar todos los datos al parque), y por último también vimos a un león (que estaba viejo y en muy mal estado, ya no le quedarían muchos días de vida).

Después de estar toda la mañana buscando animales, volvimos a comer al campamento. Aprovechando cada uno para hacer sus cosas: Jon Ander y Ana con el ordenador intentando recuperar fotos, ya que la tarjeta de la cámara parece que se ha estropeado y hemos perdido las fotos de leones y el leopardo al lado del coche), Laura piscina, y yo comprando regalos.

A la tarde teníamos safari. Un safari que era el que más éxito tenía porque habían visto los big 5 en el safari durante días seguidos.

Pero a nosotros se nos levantó un temporal tremendo y solo vimos poquísimos animales: gálagos, leones, impalas, hippo y waterbuck y steenbok, Y para colmo me tocó a un imbécil al lado que no paraba de tocar las narices, yo llevaba uno de los focos de la camioneta.

Solo nos quedaba cenar y dormir con la esperanza de tener más suerte al día siguiente.

Laura:

El día de hoy ya se anunciaba complicado desde primera hora de la mañana.
Ana y yo,muy sincronizadas las dos, nos hemos despertado con las tripas revueltas y por eso, aunque nos habíamos despertado a las 5:30 h para salir a primera hora, hemos decidido retrasarlo una hora. No hay nada como despertarse con un buen apretón y una diarrea.

Después, hemos empezado la búsqueda aunque con unas paradas para que yo, fuese al baño. Me las arreglaba como podía para no tener que bajar del coche y jugarme la vida por plantar un pino.

La temperatura era bastante baja, 19 C más o menos y no se veía ningún bicho. 

De hecho,desde las 7 h hasta la hora de comer, que ha sido sobre las 14 h, no hemos visto nada interesante. No había nada, NADA. Creo que es suficiente con decir que la gente se paraba a sacar fotos a monos e impalas, para que entendáis la desesperación que había en el ambiente.

Una vez comidos, tal y como tenía anunciado y pensado desde ayer, he ido a la piscina a pegarme un chapuzón y a tomar el sol. La temperatura había subido, en cuestión de minutos, de los 19 a los 35 C.

Esa temperatura era matadora tanto para los animales como para los turistas ojeadores. Por una parte, los animales aplatanados, se esconden en una sombra y no se mueven. Razón de más para no ser vistos desde el coche, y por otra, nosotros los turistas nos agobiamos por el calor y por la desesperación y el aburrimiento del que lleva todo el día cociéndose en el coche y no ve nada.

En serio, el calor ha sido horrible, y lo digo yo que soy experta en aguantar hasta las temperaturas más extremas cual girasol para ponerme morena. El asiento quemaba y tú, al sudar, como los asientos son de cuero, no haces más que quedarte pegada y empaparlos de sudor. Una estampa asquerosa.

Tras el chapuzón, a las 16:15 h nos hemos encontrados los cuatro en recepción para hacer el sunset drive. Era el que, según las anotaciones de avistamientos de los días anteriores, mejor pinta tenía.

Teníamos muchas esperanzas puestas en ese safari, esperanzas que poco tardaron en desaparecer.

Nada más montarnos, Asier nos advirtió a todos de que nos encontrábamos en el safari de los jóvenes. Fue un comentario que, igual  por la forma en que lo dijo, pero me hizo muchísima gracia. Teníamos un percal en la furgo… ¡¡ los de la tercera edad nos rodeaban!! No espero ofender a nadie con esto, pero es que para ir a hacer un safari no es lo más idóneo la verdad, ni tampoco lo que te esperas, claro está.

Algo bueno tenía, íbamos a poder ver más avistamientos. Normalmente, en los safaris, cuantos más ojos haya para ver, es mejor, pero si esos ojos vienen con gafas, pues muchísimo mejor.

Yo ya me había imaginado que la velocidad sería menor, debida a los botes incómodos para los señores. Pero, había algo más en lo que no había caído. De hecho, ninguno lo habíamos pensado hasta una vez empezado el viaje.

Los señores mayores, a menudo, movidos por el aburrimiento o por el simple deseo de hacer nuevos amigos, se enrollan y se enrollan hablando con la gente. Y digo la gente, porque da igual quién sea, todos son bienvenidos; alguien paseando al perro, esperando al bus, comprando….

El caso es que, había un hombre al que, el simple hecho de ver un impala o un kudu, le sugería una larga y tendida conversación con el conductor para hablarle un poco de su vida.

El conductor, por su parte, tampoco era para echar cohetes y como un inocente niño, se dejaba enredar. La verdad es que no se enteraba de la misa a la media; hablaba bajo, no explicaba nada… y, por si fuera poco, cuando paraba la furgo y se ponía a charlar con el señor, no se enteraba que el tiempo pasaba y que los demás nos aburríamos ahí quietos esperando.

Menos mal al maleducado italiano de al lado mío, que en medio de la faena, le ha soltado un “ come on”, y el conductor ha espabilado.

Lo único bueno que tenía el safari hasta entonces, era la temperatura. Pero, de repente, como si de la película “ ocho apellidos vascos” se tratase, hemos visto todo lo que nos venía de frente. No había marcha atrás, íbamos directos hacia ese paisaje tan negro.

Lo juro, ha sido como en la película. Hemos pasado del cielo claro y resplandeciente con el anochecer del sol en unos segundos, un cielo gris lleno de bruma y fuerte viento.

El trayecto era eterno para todos, sin además ningún avistamiento, y es que, por mucho que hubiese un animal enfrente de nuestras narices no hubiésemos sido capaces de verlo, ya que, el viento y el polvo no nos dejaba abrir los ojos.

Pero, el conductor, no parecía darse cuenta de nuestro sufrimiento ni del temporal porque, cuando ya estábamos volviendo y solo nos quedaban 2 km para llegar al campamento, el muy idiota se ha desviado. La verdad es que yo lo quería matar, quería llegar ya a mi casa, y como yo, todos.

Si es que cuando digo que es tonto, es tonto. No sé qué narices pretendía con ese desvío, igual nos llevaba a un sitio donde siempre está el mismo bicho, y así conseguía mejorar el viaje. Pero, era ilógico totalmente desviarse para después dar la vuelta y volver por el mismo sitio, cuando todos estábamos deseando llegar ya hacia rato.

Por si fuera poco, al llegar a la puerta del campamento, nadie nos abría, y tras un par de minutos, ha tenido que ser el propio conductor el que se ha bajado y ha abierto la puerta. Todo un éxito.

Después, el plan era cenar en el Mug & Bean para cambiar un poco de menú, porque estos días comemos prácticamente todo el rato lo mismo. Esto de no tener cocina.., como hecho de menos el comer caliente o en algún restaurante de Cape Town.

Sin embargo, al contrario del dicho de “a quién madruga, Dios le ayuda”, Dios no nos había ayudado durante el transcurso del día. Así que ¿por qué hacerlo ahora?

Cuando hemos llegado, nos hemos encontrado con que el restaurante estaba lleno dentro y que fuera, por el fuerte viento, no atendían ¡¡ con lo que nos apetecía cenar de restaurante!!

Así que, cenita en casa y a la cama. Sin antes, como no, lavarnos bien la cara y las manos (o enteros con una ducha) porque parecíamos mineros por el temporal. Jon Ander tenía mugre negra por toda la cara, y se le notaba claramente. Sin embargo, a Ana le daba un toque a turista de Benidorm o de solárium guarro.

No os preocupéis, todo estaba planeado al dedillo, solo buscábamos rendir homenaje a la canción del cola-cao.

Dato: (quién no la sepa, que busque o que se fastidie).  


Día 23 de agosto, martes:
mas Kruger: desde Satara hasta Berg-en-Dal

Laura:

No voy a enrollarme contando todo lo que hemos hecho hoy, porque estoy segura de que Asier lo habrá hecho genial y no se habrá dejado nada en el tintero. Los animales le pierden y se le nota a distancia.

De lo referido a los pájaros azules de las fotos (ya colgaremos todas al llegar, en un enlace), ya os lo explico yo, ya que Asier así lo ha preferido.




Esos pájaros aparte de la indudable belleza que tienen con esos colores que brillan aún más bajo el sol, y esos enormes ojos amarillos, tienen otra cualidad.

Cuando se relajan tienden a encogerse y se hacen una bola cuquísima, pero cuando se estiran para ver algo o para coger la comida que tienes en tus manos, se estiran con muchísima facilidad y se convierten en unos pajaritos esmirriados. Ahora bien, ¿a quién se parecen?

Yo, sin dudarlo un segundo le he encontrado clarisimamente el parecido con mi padre. Y  el porqué de tal inesperado parecido es también muy fácil de explicar.

Mi padre, tal y como dice todo el mundo, es un tirillas, piernas delgadas, tripa inexistente... Sin embargo solo hay que pasar un par de minutos con él en el salón para que uno se de cuenta de lo que esconde (no sé dónde la verdad).

Es tremendamente gracioso porque sentado en el sofá, disfrutando de la música que escucha con su grandísima radio y sus cascos se relaja de tal manera que deja al descubierto una enorme panza dura. Es el claro reflejo de Homer Simpson.

Puede y suele incluso apoyarse a veces cuencos de cáscaras de pipas, algo de comida en la tripa. Es flipante porque mi padre es y siempre será delgado. Como esos pájaros, su cuerpo se amolda a las circunstancias perfectamente.

Por otro lado, cuando todos se han vuelto a subir al coche, después de comer para seguir viendo animales, yo he decidido, en el último momento, quedarme.

Mi plan ha sido dar una vuelta por el campamento para explorarlo escuchando música. Pero, para mi sorpresa, he vuelto a encontrarme con animales inesperados por el camino, sin necesidad de volver a subir al coche.

Me he encontrado con gallinas de Guinea, codornices, ardillas, impalas y otros antílopes, que todavía en éstas tres semanas ni me sé el nombre.

Pero, lo mejor ha sido una manada de elefantes que han aparecido de repente delante de la valla. Todos de distintos tamaños y en fila india, muy formales siguiendo al de adelante. Sencillamente, impresionante. Luego Ana colgará los vídeos que he hecho como prueba del avistamiento sorpresa.

Asier:

Hoy ha sido el último día completo en el Kruger.

Hemos cargado las maletas en el coche y hemos salido a las 6 h al nuevo campamento y hemos aprovechado para ver animales. Hemos visto unos cuantos, en especial: ratel (tejón mielero), hiena, cálao, leones y rinos. También una manada de elefantes cruzar la carretera

Ha habido dos novedades: klipspringer (saltarrocas), y águila culebrera. Lo demás era lo de siempre: estorninos, ñus, babuinos,kudus, avutarda de Kori, francolin, jirafa, impalas, duikers, búfalos...

También hemos visto un baobab bastante chulo, que tenía unos mil años más o menos. Solo en una mañana habíamos visto 4 de los 5 big five, nos faltaba el leopardo. A medio camino, hemos hecho una parada y le he dado una patata a un pájaro y se me han acercado como otros 30 estorninos. Eran gordos y azul brillante.

Llegamos al campamento a las 13 h y hemos comido en el restaurante de Berg en Dal, donde Ana y Laura no acabaron muy contentas. A la tarde Ana, Jon Ander y yo, fuimos a ver animales.

Mientras,Laura se quedó en el campamento porque estaba harta de tanto animal. Acabamos viendo jirafa, búfalo, impala, rinos, mangostas, un go-away y ardillas.

Después fuimos a cenar sin haber encontrado a nuestro leopardo, pero el día no había sido malo.

Por último nos fuimos a sobar.



Día 24 de agosto miércoles:
despedida del Kruger y llegada a Johanesburg

Laura:

Hoy el día empieza con un mini footing, seguido del desayuno y del lío del equipaje y el tamaño del capó del coche.

Al salir del Kruger, nos pedían un papel que no teníamos a mano porque pensábamos que no hacía falta nada para salir. Menos mal que Jon Ander, muy desobediente lo había guardado y no lo había tirado a la papelera, tal y como le había dicho Ana.



Pero, todo pasa por algo. Lo digo porque aunque en ese momento esa inoportuna parada, nos suponía una faena, luego nos hemos dado cuenta de lo equivocados que estábamos.

Si no nos hubiesen hecho parar y salir del coche, nunca nos habríamos parado en el puente de la salida. Las vistas eran espectaculares, incluso sin animales, así que los animales incluso mejoraban lo inmejorable.

Nos han dado unos muy buenos momentos viendo cómo la naturaleza sigue su curso. Queríamos ver cacería y la hemos visto. Eran unos nueve cocodrilos separados en dos grupos, saltando (haciendo movimientos bruscos del cuerpo y la cabeza), para pillar los peces que estaban claramente rodeados, sin escapatoria alguna y viviendo un auténtico infierno.



Lo tenían chungo, la verdad y no solo por esos enormes y hambrientos cocodrilos si no también por los patos y demás aves que también se habían apuntado a la cacería. Era todo un show, un auténtico banquete.

Pobres pececitos indefensos, saltaban fuera del agua para no ser devorados poor los cocodrilos sin ser conscientes de que por el camino de vuelta al agua, seríaan presa fácil de esos pajarracos.

Se podía perfectamente escuchar el sonido de las fuertes mandíbulas y dientes de los cocodrilos zampándose a esos peces. Mientras, algunas aves, cuando pillaban algún pez, se iban a marginarse a tierra firme para comérselo.
Aunque por el camino, algún que otro pez se ha podido liberar y volver al agua, peces con suerte, está claro.

Y por último, las aves blancas más grandes, comían sin sacar el enorme pico naranja del agua, desde detrás de los cocodrilos. Por eso, todos en el fondo deseábamos que sin querer le pellizcase la cola al cocodrilo y éste cabreado se lo cepillase. Cosa que, desafortunadamente, no ha ocurrido.

La pobre carnívora de Ana, que tenía sed de sangre....

Después, ha sido un viaje largo hasta llegar a Johannesburgo. La casa, Orangerie Guest House, sin palabras, impresionante. Pero yo creo que las casas aquí son y deben ser así porque al ser tan peligroso éste sitio, la vida uno la tendrá que hacer más en casa. Es una pena porque no se puede disfrutar de este sitio. Pero bueno, todo en esta vida no se puede.

Una vez hemos comido, los chicos y yo, hemos ido a ver las tiendas de abajo y a comprar algo de comida. Dato: (no hacemos más que comprar y comprar, pero comida claro, que de shopping no se puede ir.., nos deberían de hacer precio amigo con el pan bimbo y el agua, no hay día que no lo compremos)

Hemos entrado en una tienda enorme de verduras y frutas. Era espectacular, con cosas raras y todo. Era mi tienda claramente. Yo es que es ser verduras y frutas y me pierdo, me compraría todo.

Por último hemos ido a un "bar - restaurante - panadería" de al lado a comprar algo de desayuno para mañana, y yo, solo con verlo sabía que ese sitio llevaba mi nombre. No estaba mal encaminada.

Para mi sorpresa, como pensábamos que solo era panadería y bar, me ha sorprendido encontrarme el menú. Por eso, le he echado un vistazo y he visto que tenían una gran variedad de cosas: hamburguesas, croissants, desayunos, platos.. ¡ y para todos los gustos! (veganos y no veganos).

O sea que, como es muy raro que Ana y yo coincidamos en un sitio al 1005 para comer y que haya para las dos, hemos decidido plantearle a Ana el cenar lo del desayuno y desayunar mañana ahí.

Gracias a Dios, ha aceptado.

Asier:

Hoy ha sido el último día del Kruger. Hemos salido a hacer un footing (bastante corto) por el campamento de Berg en Dal. En él hemos visto: bushbucks, francolines, gallinas de Guinea, ardillas y aves. Como a las 14 h teníamos que estar en Johannesburgo (Joburg para los amigos), a las 9 h teníamos que salir.

Durante el viaje, a la salida vimos: impalas, jirafas, búfalos,, waterbucks, busbucks y un duiker. Justo al salir del parque en un río que había, decidimomos ver a los cocodrilos y justo se pusieron a comer peces y las aves aprovechando el alboroto pescaron a los peces alterados.

Había cocodrilos, aves martillo, martín pescador ( era una chulada verle pescar), jacanas, jabirús, garzas, hipos, monos... Había muchísima vida animal en el río Crocodile.

Fue una manera genial de despedirnos del Kruger.

Me ha dado pena dejar el Kruger, a pesar de haber estado una semana, se me ha pasado rapidísimo, podría estar toda la vida buscando animales.

Después de salir, hemos estado 5 horas de viaje a Joburg.

Entre tanto, nos paramos para limpiar el coche, y en la gasolinera, Ana se ha llevado por delante una papelera.

Cuando llegamos a Joburg nos enseñaron el apartamento que era un enorme y moderno establecimiento. Tenía piscina y todo: Laura, Jon Ander y yo, bajamos a la ciudad a hacer unas compras para la cena.




A las 17:30 h teníamos que estar en la casa porque la ciudad se convierte en peligrosa.

Ya se había acabado el último día completo en Sudáfrica y por desgracia quedaba menos para volver.
 

Día 25 de agosto jueves:
visita a Soweto y la vida de Nelson Mandela

Laura:

Desde que salimos del Kruger para nosotros ya era como el fin de esta aventura, nuestro viaje de vuelta había empezado. Sin embargo, aún quedaba una última visita, apurando las últimas horas, a Soweto.

Por eso, fuimos a desayunar antes al bar - pastelería - restaurante que ojeamos el día anterior los chicos y yo. Acertamos de pleno, creo yo. Aunque, el ritmo sudafricano inevitablemente seguía presente en cualquiera de los establecimientos. Aquí, eso de servirte va muy pero que muy relajadamente. Sin embargo, a la hora de recoger los platos, son todos unos fieras. No te dejan ni terminar el plato, es muy intimidante y estresante.

Esta vez, como las camareras, aparte de un poco lentas, eran muy majas, decidimos también, dejarles propina. Tenían mucha paciencia con nosotros ya que nuestro nivel de inglés, escasea un poco.
Nuestro punto débil es la pronunciación claramente.
Por eso, cuando yo le tuve que decir a la camarera que yo quería un “ healthy breakfast “ ( desayuno saludable ),pero sin “ honey “ ( miel ), no lo había entendido, aunque hubiese dicho que vale.

Unos minutos después, otra camarera confusa, vino a decirnos que si la tortilla la queríamos sin “ onion “ ( cebolla ), pensando que eso era lo que le había dicho. Pero todos menos Asier le entendíamos que no le quedaba cebolla, y por eso le dijimos que vale, que no pasaba nada.

En conclusión, si no llega a ser por Asier que nos aclaró la confusión de las pobres camareras con la “ honey “ y el “ onion “, no sé qué hubiese sido de todo eso. Bueno, en realidad sí; yo hubiese tenido que apechugar y comerme la miel. Asier se hubiese quedado con una simple tortilla francesa de nuevo y ellas sin propina. Al final todos salimos ganando.

Dato: ( seguramente nadie después de leer el lío con el desayuno, haya entendido nada, pero es que es muy difícil de explicar, y más aún de forma escrita. La culpa echarsela a Ana que nos dijo que lo contasemos ).

Ana:
Hago una interrupción en el diario de Laura simplemente para aclarar el tema de la confusión de las camareras, como bien dice Laura, la pronunciación incorrecta por nuestra parte, daba lugar a errores.

En esta ocasión, Laura les dijo que su desayuno sin “ oni “ ( escribo la pronunciación ), en lugar de sin “ jani “ ( escribo la pronunciación de miel, que se tenía que haber dado ). Por eso entendieron cebolla, en lugar de miel.


Sigue la narración de Laura:

Después del desayuno, fuimos a hacer esa visita a Soweto y a la casa de Nelson Mandela. Me encantó.

No sé qué decir de Soweto y su gente aparte de que es una pena no haber podido conocer más de ellos, y estar más tiempo. Me parece genial, una pasada, la labor que hace el programa de KYP ahí.

Por otro lado, la historia de Mandela y la manifestación de los estudiantes del día 16 de junio, me pareció brutal. Me encanta conocer las historias de otras personas o momentos que marcaron un antes y un después en la sociedad. Sin duda alguna, tengo que verme alguna película de Mandela y leerme su libro.

A diferencia de Asier, yo hubiese estado encantadísima si el viaje hubiese consistido en pasear por Sudáfrica, conocer a su gente, sus calles, costumbres, problemas.. Creo que soy más de historia que de biología, ¿ qué hago yo ahora con mi vida si yo quería ser bióloga ?. Espero que la biología marina me guste tanto como creo si no, habrá que hacer un cambio de planes. Algo está claro, lo de los safaris se lo dejo a Asier.

Algo muy curioso en Sudáfrica es lo que nos contó la señora de las furgonetas blancas que solíamos ver.
Esas furgonetas a menudo con música y bien llenas de gente, son nada más y nada menos que taxis comunitarios. Para pararlos, tan solo hay que utilizar un lenguaje de gestos mediante el cual se le dice al chófer a dónde le gustaría ir, y éste, te responde cuál es su ruta también con otro gesto en caso de que no se pare.

Por ejemplo: un dedo arriba significa una ruta, cuatro dedos otra, y así con distintos gestos.

Después, el día no ha sido más que horas en el aeropuerto y en el avión, nada interesante. Aunque, he de decir que ya estoy eufórica por volver. No he echado en falta nada durante el viaje, aparte de hacer deporte e ir a la playa la verdad. Pero, ya hay ganas de ver a tu gente.

Mi conclusión de este viaje es que espero con todas mis fuerzas que no sea el último.
Me ha encantado la experiencia y todo se lo debo a estos tres acompañantes, han sido todo un descubrimiento. No nos conocíamos apenas mucho, nunca habíamos estado juntos tanto tiempo ( me refiero a Ana y Jon Ander ), pero yo creo que hemos estado todos muy a gusto. No pensaba que me iba a sentir tan cómoda y acogida como me he sentido.

No hemos tenido ningún roce y eso es brutal teniendo en cuenta que sé que soy muy complicada.

Y Asier, para la edad que tiene, me ha sorprendido mucho, es todo un hombre. No parece que tiene la edad que tiene, me ha parecido majísimo, toda una sorpresa también.

En cuanto a Sudáfrica, qué decir, aparte de que es toda una droga. Sin duda alguna, no va a ser la última vez que pise Sudáfrica.

Todavía me queda mucho que conocer de este lugar.
Eso sí, no creo que vayan a haber muchos más safaris en mi vida. Para unos años por lo menos, he tenido suficiente.

Un viaje inolvidable, gracias mil veces.

Asier:

Hoy ha sido el último día de Sudáfrica. Como teníamos que viajar, solo teníamos la mañana para disfrutar con Johannesburgo.

Fuimos a los “townships“, a la casa de Mandela y a un museo. Lo que más me gustó fue ver los “townships“, que eran la auténtica África. También impactaba ver cómo había gente que vivía en tan malas condiciones, mientras que nosotros (los europeos), vivimos tan bien y con tantos lujos.

También me llamó la atención ver en el museo cómo comenzó una “guerrilla“ de “blancos vs negros“.

Una cosa más también me llamó la atención: que Mandela era boxeador, no le pega nada.

A la tarde nos tocó ir al aeropuerto a comenzar el viaje de vuelta a casa de 17 h (con escala), 5h menos que a la ida.

Me ha dado muchísima pena irme de África, como dice la gente “África enamora“. Y es que una vez que lo descubres no te quieres marchar.

Lo que más me ha gustado ha sido el Kruger, después Swazilandia y los townships.

Pero todo lo demás ha estado también genial.

Lo único incómodo de todo el viaje ha sido el día que nos robaron, aún así ese día también estuvo bien por lo de los pescadores.

Me marcho de África con las ganas de algún día volver. Ha sido un viaje inolvidable.




Ana:
Bueno, ahora me toca a mí hacer un breve resumen de la experiencia de este viaje.

Para empezar, todos los que nos habéis leído durante estos días, sabéis de nuestra verdadera pasión por viajar: conocer gente, culturas, costumbres y demás.

Este viaje se presentaba ante nosotros como un reto personal, por los jóvenes acompañantes que llevábamos a un país tan lejano y a un continente distinto, aunque partíamos con la ventaja de conocer un poco Sudáfrica y que a diferencia de lo que la gente pueda pensar, Sudáfrica no es tercer mundo, es bastante primer mundo.

Una vez asumido el reto, los acontecimientos de atentados en países como Turquía, por el que íbamos a pasar, hacía que nos entrara el miedo razonable por la responsabilidad que llevábamos. Si hubiéramos ido solos es distinto, asumes el riesgo de otra forma.

Después de juntar todo esto, llega el tan ansiado momento de irse y después el tan triste momento de volver.

Ahora que estamos aquí, toca hacer balance de todo lo vivido, que no es poco.

Cada viaje es una lección de vida en todos los aspectos, y espero que así haya sido para nuestros jóvenes acompañantes viajeros.

Como la mayor parte de los viajes, ha sido un viaje enriquecedor, y por lo que veo, ellos también lo han vivido así. Han podido descubrir entre otras cosas, cómo la gente que no tiene tantas cosas materiales como nosotros, es capaz de dedicarte una sonrisa.

De África y de Asia, me quedo con esas sonrisas de la gente. En la vida, por muy dura que sea, siempre tiene que haber un momento para esas sonrisas.
Hemos descubierto, que Asier sabe sonreir.

No voy a enrollarme mucho, que esto de darle a la tecla, me gusta que no veas, voy al grano.

Hemos disfrutado de cada momento del viaje: esos gritos cuando veían “ un león, un león “, “ para, para, atrás, atrás “, “ corre, que ese coche no nos quite el mejor sitio, ponte ahí “.

Verdaderamente ha sido un placer poder ver esas caritas de emoción y asombro ante los avistamientos, y el corroborar lo que nosotros ya sabíamos, en este caso de Asier: ¿cómo puede alguien de esa edad, saber tanto de cualquier tipo de animal?,verdaderamente asombroso.

No sé lo que Asier será en un futuro, pero si decide por lo que parece ser biólogo, estoy segura que será un amante de su profesión, es algo que lo lleva muy dentro.

En cuanto a Laura, pese a como ella dice reconocer ser un poco complicada, no nos ha hecho difícil el viaje, ha sido un placer estar todos juntos.

No sé si será bióloga como ella decía antes del viaje, pero hay también otras profesiones. Sea lo que sea, espero que el viaje le haya ayudado a despejar ciertas dudas.

Ha sido un viaje agotador por los horarios, y cómo no, por el diario de viaje, que hacía tener que escribir prácticamente a diario por parte de los jóvenes, y luego yo teclearlo.

Me toca dar las gracias a todos, ha sido un placer compartir estas semanas, que aunque han sido duras, han sido maravillosas.

Me encantaría haber sido capaces de despertar tanto en Laura como en Asier, esas ganas de viajar, que nosotros tan hondas tenemos.
Como leí una vez: “ viajar es lo único que compras y te hace más rico “.

Espero que esto solo haya sido un comienzo, y por eso os dejo el principio de la siguiente aventura:


Querido diario…………...





17 comentarios:

  1. Que envidia. Me he reído un poco. Menos mal que no OS han cortado un dedo para coger las huellas. Me imagino q en los coches de ponerse el cinto ni hablamos. Vosotros en el coche de alquiler a cumplir con la ley...por seguridad. Si tenèis terraza igual podéis ver ya la cruz de san Andrés. A disfrutaddd....

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  2. Que bueno, me a encantado leeros....imaginando vuestras escenas, coche, gay, maletas...ya me he reído.Gracias chicos.Me dais bastante envidia.A vosotros teniendo a Ana no os roba ni dios!!Besos a todos

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  3. Yo tambien me he reido bastante, ademas lo estaba leyendo en voz alta aqui en casa, unas risas, como dice Sara imaginarse las ezcenas es suoer guay. Un besazo para los cuatro

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  4. Da gusto leeros. Me encanta la sinceridad de Laura en sus explicaciones y las "sentecias" de Asier. Además de las cosas tan interesantes q estamos conociendo me gusta como os ven los jóvenes a Jon Ander y Ana en determinados momentos. Muy divertido.

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  5. Os siguo leyendo cada dia, Laura decirte que estoy encantada con todo lo que cuentas, y me alegro un monton de verdad que estes encontrando "señales" tu madre estara super super contenta. Un beso

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  6. Una gozada leer el blog con tantos detalles, q envidia!

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  7. Enhorabuena Asier y Laura!!conseguís trasladarme a vivir vuestras experiencias, y "ver"a través de dos personas diferentes una misma escena, es muy interesante.Estoy encantada de que podamos seguiros.
    Gracias Yon Ander y Ana!!
    Laura buff ya hablas convencida de vivir allí....un poco lejos no??

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  8. Ja,ja Laura que curioso taichi,yoga y alguno meditando por alli, las buenas costumbres están en todas partes!!!!

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  9. Hola ya veo que lo estáis pasando genial,seguir disfrutando y escribiendo para que disfrutemos los demás de vuestras aventuras

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  10. Dicen que África es mágica que te atrapa y te crea un vínculo esta tierra que no se olvida jamás.
    Disfrutad cada minuto y seguir compartiéndolo con nosotros, así en cierto modo nosotros también nos enganchamos a África

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  11. Tengo clarísimo porq entro el dueño del apartamento a poner la lavadora.
    Estaba seguro de que le ibais a ROBAR las toallas.

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  12. Seguir disfrutando y escribiendo chicos!!
    Os seguimos con mucha emocion !! Besos para los 4

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  13. Muy pero q muy guapo todo!! Y esos pequeños «hijos» son unos salaos. Ya me alegro :-)

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  14. He entrado en la página de los viajeros de Gijón. Publicaron que iban de viaje a Sudafrica pero me imagino que será cuando terminen su viaje cuando publiquen su blog.
    Me ha hecho mucha gracia que ella trabaje en el aquarium de Gijón. Te acuerdas Asier del día que me negué a entrar en ese aquarium que os dije que ya estaba harta de ver tanto animal... Y me fui de compras yo sola... Y cuando salisteis no hacíais más que decirme tu y Irene.. Lo que te has perdido ama... Lo que te has perdido. Ahora tendremos que volver y entraré sin dudar.

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  15. Me encanta leeros txik@s. Cuando acabo de leer estoy deseando que llegue el día siguiente para seguiros en vuestras experiencias. Fenomenal. Disfrutad a tope por ahí. Un abrazo para todos

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  16. El pajarito azul AITA!!!!!!???no lo hubiese acertado....Que bueno Laura....la explicación del parecido es clavada....jajajaja

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  17. Me encanta el diario de Laura, es muy intimo y personal, esta chica tiene madera de blogger, y Asier es muy gracioso en sus comentarios y aunque esta todo muy bien explicado y solo leyéndolo te trasladas hasta allí echo en falta alguna foto más y a ti Ana...también tus comentarios. Envidia de la sana...o insana...envidia al fin y al cabo! Besos para todos y todas

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