El día 7 de agosto de 2010, cogimos el vuelo de Bilbao a
Frankfurt, para allí encontrarnos con Marga y José Luis, y volar vía Johannesburgo
a Ciudad del Cabo.
Tras 21 h de viaje con conexiones incluidas, llegamos a
Ciudad del Cabo el domingo 8 de agosto a las 11,10 h de la mañana. Nos estaba
esperando un taxi que habían mandado los de nuestro alojamiento en Ciudad del
Cabo, Verona lodge. En los cajeros del aeropuerto obtenemos los primeros rands,
exactamente R 5000, que fueron 524 €.
El taxi nos costó R 300. Llegamos a la casa de Shane y
Lea, Verona lodge, ella austríaca y él sudafricano, nos dieron unas básicas
explicaciones y nos dirigimos a dar una vuelta hasta el Waterfront, la zona del
puerto, con muchas tiendas y restaurantes. Comimos allí en el Karibu
restaurant, unas hamburguesas: de avestruz, kudu, etc, muy barato, pero también
hay que tener en cuenta que eran hamburguesas.
Seguimos nuestro paseo, recogiendo información del autobús
turístico, la tarjeta “wild card” válida para un año en todos los parques
nacionales, etc. También cenamos en el Waterfront, en plan postres, y con los
reparos respecto a la seguridad en el país, sobre todo por las noches, nos fuimos
paseando cerca del estadio para ya descansar.
Lunes 9 de agosto
Bajamos a desayunar, tras haber dormido muy bien, debido al agotamiento.
El desayuno era muy escaso: zumo, pan para tostar,
yogures, mermeladas y fruta. Yo sólo comí pan tostado con mermelada.
Estuvimos hablando con los de la casa, y nos contó que la
hija de ella vivía en isla Mauricio, y su hijo en Dublín, también la hija había
estado dos años y medio viviendo en New York.
Le comentamos para ir a cenar al Mamá África, intentó
hacernos la reserva y nos dijo que como era el día de la mujer, estaba cerrado,
por lo tanto nos hizo la reserva en otro sitio similar, el África Café.
La víspera habíamos comprado unas postales para Asier e
Irene, y no había manera de pegar los sellos, por lo que dedujimos que nos
habían engañado y no eran sellos, les transmitimos esto a Shane y Lea y se
encargaron de ir a la tienda para aclarar el tema. Les parecía muy muy raro,
pero ella se mostraba dispuesta a “pelearlo”.
Empezamos la jornada con el bus turístico, y compramos los
tickets en el mismo bus, R 240 para los dos un día entero. Primera parada en el
Waterfront, para rellenar los papeles de la Wild Card en la tienda Capestorm; y
nos comentaron que la tarjeta se activaba a las 12 h de la noche de ese día,
por lo que la podríamos usar el día 10. No obstante, fuimos en el bus turístico
a Table Mountain, y allí la pudimos usar sin problemas, las entradas valían R
160, y nosotros pagamos R 128 por persona.
La subida era en el cablecar (teleférico), cuyo suelo
empezó a girar para que todos los viajeros disfrutasen de buenas vistas sin
disputarse la posición. El paisaje de toda la costa y Ciudad del Cabo, es
espectacular, fuimos bordeando la explanada de arriba, y aunque el termómetro
marcaba 6º C, mereció la pena, era impresionante, afortunadamente fuimos bien
abrigados. Las dos horas que estuvimos pasaron rapidísimo.
Al bajar en el teleférico, el empleado nos puso en la
megafonía la música del equipo A y el
coche fantástico, la verdad que muy apropiada y resultó simpático.
Bajamos al bus, y camino a Camps Bay, al ver su playa tan
espectacular de arena blanca e infinidad de olas, debido al viento, decidimos
quedarnos a comer allí. El lugar tiene unas casas preciosas, con grandes
ventanales al mar, y allí vive gente con dinero.
Comimos en el Nando´s, en plan pollo y patatas y fuimos a
hacer fotos a la playa.
Perfectamente podría vivir allí, me encantó el sitio, en
verano se tiene que poder disfrutar a tope de dicha playa.
Volvimos al bus, y nos dirigimos al centro de la ciudad
para pasear, eran las 17,30 h y todo estaba cerrado, no había casi nadie por la
ciudad. Así todo, paseamos y nos dirigimos a Boo Kap, el barrio musulmán con
multitud de casas de colores, las cuales no paramos de fotografiar.
Empezó a salir algo de gente por el centro, y tras
preguntar varias veces, al fin encontramos el África Café.
Cenamos platos de diferentes países africanos, había
varios salones y a nosotros nos tocó el que estaba ambientado en Marruecos.
Antes de empezar a comer nos explicaron en qué iba a consistir la cena, y como
es costumbre en África, vinieron a lavarnos las manos con una palangana antes
de cenar. La cena en sí, era curiosa, pero a mí no me gustó, pagamos bastante
comparando con otros sitios.
Después de cenar, nos fuimos de regreso a casa, guiándonos
Jon Ander, fuimos por una carretera, y la verdad es que llegamos enseguida.
Martes día 10 de agosto
José Luis y Jon Ander madrugaron más, y se fueron a
recoger el coche al centro de la ciudad, ya que había que cogerlo sobre las
8,30h, se fueron andando.
Nosotras mientras tanto, habíamos estado preparando las
maletas. Al llegar, Jon Ander me dijo que no sabía cómo íbamos a llevar las
maletas ya que el coche era muy pequeño, y también me dijo que no sabía cómo
íbamos a llevar el tema, para nosotros novedoso, de conducir por la izda.
Bajaron a desayunar, yo bajé más tarde, ya que no me
parecía un desayuno atractivo, y no me apetecía.
Ellos estaban hablando con los señores de la casa, que le
contaron que cuando estuvieron en España, al ir a cambiar las marchas del
coche, abrió la puerta. También nos comentaron que habían ido a la tienda donde
compramos los sellos, y que efectivamente lo eran, solo que los habíamos
despegado mal, y por eso no tenían el correspondiente pegamento. Se ofrecieron
ellos para echarnos las postales al correo.
Fuimos a ver el coche, era un Toyota Yaris, nosotros
teníamos en la reserva un Chevrolet Aveo, y el señor de la casa, nos comentó
que incluso era más pequeño. Viendo que nuestras maletas iban a estar visibles,
cosa no recomendable en ningún país, y especialmente en éste, Jon Ander y José
Luis habían intentado coger otro coche en la oficina, pero no había sido
posible, así que el señor de la casa, llamó a la oficina de Hertz en el
aeropuerto para intentar que nos dieran otro, nos dijeron que sí, y tras
desayunar, nos dirigimos allí.
Al llegar al aeropuerto, la señora de Hertz que estaba en
el aparcamiento, nos comentó que nos habían robado los 4 tapacubos, a lo que le
dije que era imposible ya que el coche había estado aparcado delante de la
puerta de casa, en el barrio de Green point, sólo mientras desayunábamos,
además habíamos estado saliendo con frecuencia a verlo.
Pues no tenía razón yo, efectivamente nos los habían
robado, debe ser algo bastante frecuente.
Mientras estábamos esperando en la oficina de Hertz, José
Luis se dio cuenta de que se había llevado las llaves de la habitación,
comentamos en la oficina si podíamos hacer una llamada a la casa, y después de
hablar con la señora, le dejamos las llaves en la misma oficina ya que luego se
pasaría alguien a recogerlas.
Al principio en la oficina, nos comentaron que no teníamos
coche, pero tras hablar con ellos diciendo que habíamos ido allí porque nos
habían dicho que sí, nos hicieron esperar más de una hora, pero finalmente
conseguimos un Toyota Corolla blanco, en el cual nos cabían las maletas.
Intentamos darle una propina al chico del mostrador, pero
nos comentó que lo tenían prohibido.
Cambiamos las maletas de coche, y nos fuimos a seguir con
el plan original, sabiendo que seguramente al haber perdido tanto tiempo, tendríamos
que renunciar a algo.
Fuimos a Hout Bay, a unos 40 km de Ciudad del Cabo, con
idea de hacer una excursión a Duiker island, donde hay una gran colonia de
focas. Las excursiones no eran muy frecuentes, y llegando allí a las 13 h, nos
pareció que había una a las 13,30 h, por lo tanto, como no había desayunado,
decidí comer un hot dog con patatas en un chiringuito local. La salchicha tenía
muy mala pinta, pero se podía comer, me senté allí con los locales, y pude
hablar con un marinero que había estado dos años en Vigo, y con otro señor que
había trabajado de trapecista en el circo americano, en España.
Mientras tanto, seguíamos viendo cómo llegaban los barcos
cargados de snoke, un pescado con muchísimas espinas, y que vendían y
preparaban las mujeres allí mismo.
Como Marga y Jose Luis no querían hacer la excursión de
las focas, Jon Ander pudo comprobar que no había ninguna hasta las 14,45 h, y
entonces viendo que no podíamos esperar tanto, decidieron comer snoke allí
mismo, yo lo probé, pero me pareció bastante seco, aunque estaba rebozado.
El hot dog, me costó R 14 y el snoke R25, hay que dividir
entre 10 para pasar a €, o sea, barato.
Nos fuimos de Hout Bay dirección Boulders beach, y en el
camino me llevé un susto monumental al comprobar que no tenía la cartera, tras
buscar bastante comprobamos que se la había dado a Jon Ander para pagar el
snoke, pero al principio sospeché de la gente que estaba en el puerto, la
verdad que después de lo de los tapacubos, estábamos más atentos a todo.
En Boulders beach, cerca de Simon´s town, vimos una
colonia de pingüinos africanos, es muy gracioso ver cómo andan, había muchos en
una playita, estuvimos un rato contemplándolos.
A continuación nos dirigimos a Cape point, Cabo de las Tormentas, al llegar
allí había mucho viento y oleaje, y el paisaje era precioso, el viento nos
llevaba, no podíamos ni ponernos el gore - tex.
Desde allí mismo, ya apurados de tiempo en cuanto a la
hora de cierre del parque, que era a las 18,11 h,, nos dirigimos al Cabo de
Buena Esperanza, el cual no es el punto más al sur del continente africano, ya
que el punto más al sur es Cabo Agulhas, allí las brújulas no paraban de
moverse hasta que al final marcaban el norte.
Después nos dirigimos a Hermanus, pueblo costero, típico
por el avistamiento de ballenas, las cuales en ésta época del año vienen a
aparearse. Se nos hizo muy de noche conduciendo y tuvimos que llamar en 2
ocasiones a la casa ya que no la encontrábamos. La dirección de la casa no era
la correcta, y Jon Ander tuvo que apuntar las indicaciones que nos dieron por
teléfono hasta que al final pasadas las 21h llegamos.
Amakhosi guest house, era una casa muy bonita pero
terriblemente fría. La casa concretamente está en Sands Bay. Nuestras
habitaciones estaban en el piso de arriba, y la nuestra en particular era
preciosa. Cenamos cada uno en su habitación, ya que estábamos muy cansados. La
señora de la casa nos explicó las excursiones para ver ballenas y el famoso
tiburón blanco.
Miércoles 11 de agosto
Nos levantamos para desayunar a las 9 h, el desayuno era
también muy escaso: fruta cortada, zumo, mantequilla, mermelada, leche, pan
tostado, pero en pequeñas cantidades para que no cogiéramos mucho, así todo, le
pedimos que nos hiciera unos huevos revueltos para José Luis y para mí.
Tras desayunar, nos fuimos a Stoney Point, otra colonia de
pingüinos que está en Betty´s Bay, tras pagar R10, estuvimos disfrutando de
ellos un buen rato y de su paisaje marino.
A continuación fuimos al pueblo de Hermanus para ver
ballenas desde el Cliff Path, largo paseo de la costa con bancos para el
avistamiento de ballenas. El paseo fue bonito, pero lo de ver ballenas fue un
poco decepcionante ya que vimos pocas, y teníamos la referencia del maravilloso
paseo en Tadoussac, Canadá.
Comimos en el Spur, calamares, langostinos, pescado,
costillas, filete y un brownie para cada uno riquísimo, todo servido por una
camarera portuguesa.
Nos sentamos en las rocas a ver ballenas, y fuimos a hacer
compras para cenar en la habitación.
Al llegar a la casa, perdimos mucho tiempo en internet
buscando alojamiento para la noche siguiente, ya que no estaba cogida y todo
nos parecía caro. También Jose Luis comprobó que no le habían devuelto el
importe pagado por el coche pequeño, e hizo una recarga de dinero en la tarjeta
de compras de internet. Parece ser que en dicha tarjeta no se puede ingresar
dinero, así que tuve que mandar un e-mail a Autoeurope para reclamarles el
dinero.
Tras pasar mucho tiempo en internet, el enfado de Jon
Ander era lógico, ya que uno en internet y los demás sin hacer nada ni poder
cenar, pues no era muy agradable que se diga.
Para cenar se fue la luz de nuestra planta, y sólo
funcionaban algunas lámparas, pero como los señores se habían ido de barbacoa,
pues cenamos con poca luz y con la frontal de Jon Ander,lo cual le hacía mucha
gracia a Marga.
Jueves 12 de agosto
Jon Ander y yo nos levantamos a las 7,30 h para desayunar
a las 7,45 h e ir a la excursión en barco a ver ballenas, la excursión había
sido contratada previamente por la señora de la casa.
Yo no desayuné. Nos dirigimos en coche, conducido por Jon
Ander al puerto, la verdad es que se le dio bien, sólo tuvo una vez problema
con dar el limpia, en lugar del intermitente.
Llegamos al puerto, y la excursión que estaba a mi nombre,
nos cotó R550 por persona, algo menos que la de Canadá, pero también hay que
comparar el nivel de vida, y allí fuimos en zodiac.
Tras darnos varias explicaciones antes de montar al barco,
a las 9 h subimos unas 20 personas, y nada más salir del puerto, empezamos a
ver ballenas. A lo largo de 1,30 h que duró el paseo, pudimos ver durante mucho
tiempo, ballenas apareándose, sus movimientos a diferencia de Canadá, son muy
lentos, aquí te da tiempo a avisar de que estás viendo algo para sacar la foto.
Las ballenas tienen el morro lleno de moluscos, y pasaron
rozando el barco, de esa manera pudimos verlas en primera línea. Me parece
espectacular poder verlas tanto tiempo y tan de cerca, la verdad es que podría
estar un día entero disfrutando de ellas. Muy lejos, vimos saltar una, y también
sacaron alguna cola pero muy poco, de todas formas, fue muy distinto a lo de
Canadá, no sabría decir cuál fue mejor, simplemente distinto.
Al acabar la excursión, volvimos a la casa, ya que estaban
esperándonos Marga y José Luis tranquilamente leyendo guías y revistas.Como
había que esperar, ya que habíamos encargado un dvd de la excursión, nos
conectamos a internet y vimos que Autoeurope nos había escrito diciendo que nos
había devuelto el dinero del coche pequeño.Como a José Luis no le aparece, antes
de entregar el coche en Port Elizabeth, nos pasaremos por la oficina de Hertz
para comentarlo, aunque el tema es con Autoeurope, la intermediaria con la cual
lo alquilamos. Tras recoger todo, nos fuimos al pueblo a comprar algo para
comer de camino a George, nuestro siguiente destino.
Hicimos compras en el super Pick and pay, y fuimos otra
vez al puerto a coger el dvd de nuestra excursión en barco, el cual nos costó
R150. Tuvimos que esperar unos 10 minutos y en esa espera, compré 2 llaveros
con cola de ballena, que me costó cada uno R20. Me encantan las ballenas, ¡¡qué
le vamos a hacer!!
Paramos a comer en unas de las múltiples mesas con
tejadito que hay a lo largo de todas las carreteras, que todo sea dicho, por
ahora son buenísimas.Dichas áreas no tienen nada que ver con las nuestras,
aquellas parecen africanas, cuando las hay claro, porque lo normal en casa es
no encontrar nada, pero eso sí, pagar una pasta por la autopista.¡¡En fin!!
Había unos pájaros verdes preciosos, pero imposibles de
fotografiar, vimos sus nidos, hechos al revés, el agüjero por donde entran está
abajo.
Llegamos con las indicaciones de Google maps al
alojamiento de George, que también estaba en las afueras. Nos hizo dudar si
íbamos bien o mal, pero al final llegamos al Alpine Inn, unas casitas de un
señor alemán, el cual llevaba ya 9 años viviendo en Sudáfrica.
Tras dejar las maletas, fuimos a cenar siguiendo las
indicaciones que nos dio el señor, en teoría a un centro comercial a unos 15
minutos en coche, pero como no lo encontramos, acabamos cenando en el
restaurante Spur, conocido por nosotros como el del indio, y en el cual cenamos
a gusto. Era un poco yankie porque los camareros bailaban al ritmo de la
música.
Viernes 13 de agosto
Tras desayunar abundantemente, Marga no quiso el revuelto
con bacon y salchicha y como Jose Luis le dijo que no rechazara el plato, pues
al final comió él una parte de su desayuno.
Cogimos el coche y nos fuimos dirección Knysna, el pueblo
en sí no tiene nada, dimos un paseo por el lago, nos asomamos a 3 miradores
sobre el Índico, y como Marga quería comprar un batik para colgar en la pared,
paramos en un mercado de artesanía africana con idea de hacer su compra, me
bajé del coche con ella, y para nuestra sorpresa, había más puestos de los que
pensábamos. Fuimos viéndolos a la carrera, para que los chicos no se agobiaran
esperando, pero ya se sabe, el que espera desespera.
Ví una jirafa que me gustó, y por la que me pedía R650, al
final me la llevé por R200, no sin antes decirle a Jon Ander que viniera a
verla. No quiso venir ya que nos quedaba mucho viaje y no podíamos estar
llevando la jirafa a cuestas tan pronto. Hice caso omiso y la compré, a partir
de entonces me dijo que no quería saber nada de ella, y que cambiábamos las
maletas, pero que yo iba a tener que hacerme cargo de mi maleta, él ni tocarla.
Pienso sinceramente que te puede parecer una barbaridad
comprar una jirafa cuando queda tanto para el fin del viaje, pero para llegar
al punto de no querer ni oír hablar del tema, y con esas caras.
En este viaje nos vamos a acordar de la jirafa todos. Si
no la quiere en casa, se la regalaré a mi madre.
Paramos a comer en Plettenberg bay, en un restaurante
llamado The Lookout, con vistas al mar. Yo pedí para comer un plato de atún con
champiñones y langostinos, sin queso parmesano. Para mi sorpresa, cuando llegó
el plato, estaba cubierto por una salsa con nata, así que Jon Ander me lo
cambió, y yo comí el suyo que era un pescado llamado Kobeljou, no sabemos qué
era, pero estaba bueno. De postre pedimos brownie, pero no me gustó mucho.
Nos tardaron mucho en servir, y estábamos nerviosos porque
queríamos llegar a Tsitsikamma National Park antes de que se fuera la luz para
dar un paseo.
De camino al parque, pasamos por el Brouckers bridge,
desde donde se hace el salto más grande del mundo desde un puente, 216m. No
vimos saltar a nadie, yo creo que no me habría atrevido, Jon Ander sí, pero
como nos suponía pérdida de tiempo, seguimos camino a Tsitsikamma.
Al llegar al parque, cogimos las llaves de la casa, con
vistas al mar, era la family cottage 23, una casa de madera preciosa, con 2
habitaciones, un salón, baño y cocina. Le dí a elegir a Marga habitación, pero
al darse cuenta de que había elegido la que tenía una terraza al mar, nos la
cedió ya que a mí me hacen más ilusión esas cosas.
Dejamos las cosas, y como no teníamos comida, nos fuimos
rápidamente a comprar a la única tienda del parque, la cual cerraban a las 18
h. Era una tienda con 4 cosas, así que compramos lo necesario para hacer una
barbacoa a la noche. José Luis se encargó de ello, cenamos chuletas de cordero,
hamburguesas con sabor a morcilla, galletas etc.
Sábado 14 de agosto
Tras desayunar nos fuimos a hacer el paseo hasta la
cascada, 3,2 km según marcaba 3h30 min de duración, el recorrido me gustó
mucho, según empezamos a andar vimos 3 antílopes. El camino transcurría entre
rocas, y aunque nosotros avanzábamos sin dificultad, a Marga le resultó
estresante debido a la especial atención que tenía que poner para no caerse, lo
cual muchas veces le suponía sentarse en las rocas.
Llegamos a la cascada, hicimos fotos y vuelta a la casa.
Como nosotros avanzábamos más rápido, José Luis nos propuso no esperar y así ir
preparando la tortilla de patatas para comer.
Hicimos 2 tortillas en una sartén que se pegaba todo en el
fondo. Su tortilla más seca con 3 huevos y la nuestra con 5 más jugosa. Como
tardaban en llegar, pensamos que estarían haciendo fotos, pero cuando llegaron
45 minutos después, nos comentaron que para no venir por las rocas, buscaron un
camino que les sacara a la carretera de recepción, lo cual les supuso empezar a
subir por el monte, y al final tuvieron que retroceder ante la incertidumbre de
si realmente les llevaría de regreso o no.
Después de comer con mucho hambre, descansamos un poco, y
nos fuimos a hacer el paseo por el puente colgante de 30 minutos de duración.
Tras dicho paseo, según los planes, nos quedaba otro de 1 h, pero Marga y José
Luis decidieron no hacerlo y por lo tanto fueron a comprar alguna cosilla a la
tienda.
Nosotros nos fuimos a andar, el paseo empezaba con mucha
cuesta, como es lógico si tienes que llegar a un mirador. Lo hicimos en 35
minutos, y no vimos ningún animalito.
Al llegar a la casa, José Luis preparó la barbacoa:
pinchos morunos de cordero, chuletas de cerdo y cebolla frita para que no
sobrara nada.
Después de la cena y la chachara, nos fuimos a dormir. Al
día siguiente había que entregar las llaves antes de las 9 h.
Domingo 15 de agosto
Tras dormir con las cortinas de la habitación abiertas para
ver las estrellas, Jon Ander se va prontito a correr por el parque. Cuando
vuelve desayunamos, recogemos las cosas y nos vamos camino del alojamiento de
Port Elizabeth.
Hacemos una breve parada en Jeffrey´s bay para ver las olas,
ya que es donde se celebra una de las 11 pruebas de la Billabong Pro, son
playas largas, pero no me parece nada destacable.
Llegamos a Port Elizabeth, y gracias a que tuvimos internet
unos días antes, para leer el e-mail que nos había mandado la señora de la casa,
explicando cómo teníamos que entrar en su casa, Garden gate guest house. La
casa estaba situada en la 3º avenida en Newton Park, nº89. Las instrucciones
nos decían que cogiéramos las llaves de un buzón, el cual no veíamos ya que
estaba camuflado al lado de la puerta, metí la mano, y encontré los 2 manojos
de llaves. Con una llave abrimos la verja para meter el coche, y tras cerrar,
con otra, abrimos la puerta de casa, al lado de una floristería de su
propiedad.
Abrimos una verja con candado que protegía la puerta de
casa, luego la puerta, y después tocaba correr para desactivar la alarma, ya
que no sabíamos dónde estaba. El código de desactivación era 2580, lo encontró
Jon Ander y lo desactivó.
Nuestra habitación era la nº2, preciosa, con un baño muy
grande y bonito. Teníamos también una cocina compartida para las dos
habitaciones, y como era mediodía y estábamos solos, decidimos hacer en total 3
coladas de ropa y tras colgar una, nos fuimos en coche a dar una vuelta a la
ciudad y luego a comer. Las otras 2 coladas, las hicimos más tarde.
Cuando nos marchamos, no sabíamos cómo se activaba la
alarma, así que aunque creímos que lo habíamos hecho, al volver descubrimos que
estaba sin activar.
El paseo por el centro de la ciudad, no nos aportó nada. Era
domingo, y estaba desierta, sólo algunos negros, pero ningún blanco.
Fuimos hacia un centro comercial donde suelen ir los
blancos, y comimos allí en el 34ºsouth, yo comí calamares con patatas fritas y
brownie, el cual no me gustó.
Después de comer, Marga y yo, entramos a ver el casino. Allí
había mucha gente jugando.
Como no tenemos ni idea del juego, decidimos tentar la
suerte jugándonos R10 en una máquina, pero no sabíamos ni meter el billete. Nos
ayudó un señor, y al final nos explicó que teníamos que comprar previamente en
un cajero, una tarjeta, así que no pudimos jugarnos nada.
Paseamos un poco por un paseo de madera,que bordea la costa,
otra vueltita con el coche, y de camino a casa, echamos gasolina en una
gasolinera de bp y luego compramos cosas para cocinar de cena en la casa, y
para comer de bocadillo al día siguiente en la excursión al Addo National Park.
Cenamos una crema de champiñones de sobre, y una chuleta de
buey, además de la fruta y chocolate. Marga fregó los cacharros, y limpió la
cocina, después a dormir, para al día siguiente ir de excursión al parque de
los elefantes.
Lunes 16 de agosto:
A la hora del desayuno, nos encontramos con una señora negra
haciéndonos el desayuno, que es como la mami de Escarlata O´Hara en “Lo que el
viento se llevó”. Le explico que no voy a desayunar, y cuando Marga le pide hot
milk, se la pone a José Luis y se va. Como tardaba mucho en venir, creíamos que
al haber poca leche, se habría ido a comprar más al Spar, cosa ya muy rara,
pero nunca se sabe cómo funcionan.
Total que tras esperar un rato, José Luis la descubre
sentada en la calle, entonces le comentamos lo de la leche y dice que no nos
había entendido. Para entonces Marga, ya había empezado a preparársela y Jon
Ander había decidido no tomar.
Al acabar el desayuno, hablamos con la dueña de la casa, que
al mismo tiempo es la de la floristería y nos explica que en el Addo vieron 14
elefantes y que se les acercaron mucho. También nos da permiso para su
ordenador en la tienda cuando está ella, para mirar el correo. Antes de salir,
decidimos echar un vistazo rápido por si hay algo interesante, y José Luis para
ver si hay noticias de Ana.
Nos vamos al Addo Elephant National Park; nada más llegar
nos dan una ficha roja con las horas de cierre de cada puerta, lo cual hay que
respetar.
Según nos dirigimos a la primera charca, cuento 46 elefantes
bebiendo agua, y más en la ladera, también por el fondo viene uno solitario y 2
búfalos. Estamos mucho rato mirando y haciendo fotos.
Según nos vamos, otro elefante se pone a cruzar la
carretera, y pasa al ladito del coche, nosotros en ese momento más quietos que
nada, no vaya a ser que se mosquee.
Seguimos la excursión y vemos al lado de la carretera
kudúes, uno de ellos con una cornamenta enorme.
A lo largo del día, hemos visto también facoceros, escarabajos peloteros (para mi gusto
horribles), suricatas, tortugas “leopardo”, algún avestruz, diferentes tipos de
pájaro, chacales, uno de ellos intentando cazar un pato en una charca, pero los
patos anduvieron más listos, y el chacal se tuvo que ir de vacío, con el rabo
entre las patas...y el pobre algo cojo.
También hemos estado en un “hide” escondite para observación
de fauna, donde hemos estado a gusto sentados, viendo elefantes en una charca y
kudúes.
En otra ocasión hemos vuelto a tener un elefante al lado del
coche, lo ha bordeado para pasar, francamente emocionante.
A lo largo del recorrido había también algún cráneo de
elefante y huesos.
Hemos comido en un área de picnic, rodeada de vallas y
empalizada, en la cual para entrar hay que apretar un botón para que se abra la
puerta. Ni qué decir tiene, que está prohibido bajarse del coche en el
recorrido, sólo se puede en ciertos miradores, pero siempre bajo tu
responsabilidad.
Ha sido un día precioso, en el que en ningún momento nos ha
entrado sueño, eso sí, teníamos la vista agotada de estar tan atentos, de
acechar entre los matorrales y querer ver todo lo que pudiera moverse.
Hemos cenado en el Spur llamado Silver Cloud Nube Plateada,
el cual está cerca de casa, y aunque el parque nos ha gustado mucho, hemos
decididó no volver, ya que segundas partes nunca fueron buenas, y porque nos
queda el Kruger, el rey de los parques.
Le mando un mensaje a Edu diciendo que estamos en Port
Elizabeth, por si se le ocurre recomendarnos algo y viendo que la ciudad no nos
aporta nada, y me contesta rápidamente que le pareció una ciudad muy tranquila
y que visitó el oceanario y la parte alta de la ciudad.
Mañana veremos qué hacemos.
Martes 17 de agosto
Mientras ellos desayunan, yo voy a hablar con la señora de
la casa, le enseño las fotos del parque Addo y las de las ballenas de Hermanus,
alucina con ellas ya que cuando fueron al Addo vieron muy pocas cosas,
seguramente porque fueron a la tarde¡¡ Viven tan cerca, y tan mal organizados!!
Miro por si hay algún e-mail del vuelo de mañana a Durban,
ya que volamos a las 7,55 h, y Marga mira su correo.
Sobre las 10 h de la mañana cogemos el coche con intención
de hacer el recorrido al aeropuerto del día siguiente.
Después nos damos un paseo por el Donkin Heritage Trail,
famoso por sus casas victorianas, y alguna iglesia más. Sinceramente no me
aporta nada esta ciudad, sus “casas victorianas”, están viejas y destartaladas.
Paseamos con el coche, por los barrios de la gente negra, un
centro comercial en el que se les ve vestidos como si estuvieran de domingo en épocas
de la abolición de la esclavitud en los campos de algodón del sur de los EEUU. Finalmente
volvemos a comer al Spur “Silver Cloud”, que es la opción segura y conocida, ya
que no vimos restaurantes, apenas algún pequeño establecimiento de comida
rápida y eso sí, KFS cada 500 metros.
Echamos gasolina para dejar el depósito lleno, compramos
algo en el Spar para completar la cena que tenemos en casa. Mientras estamos en
el Spar, Marga se queda en el coche comiendo mandarinas que habíamos comprado a
una señora en un semáforo. Sale del coche a comerlas y cuando está fuera, llega
un señor a aparcar su coche, y cuando acciona su cierre a distancia también cierra
el nuestro. Sorprendida, Marga decide meter la mano por la ventanilla medio
abierta para abrir el seguro, y entonces empieza a sonar la alarma sin parar;
como todo el mundo la miraba, ella decía: “no, it´s mine”. Menudas risas cuando
nos lo contó, pero menudo rato para ella. Y Jon Ander con José Luis dentro se
habían estado entreteniendo comentado unos posters de los Springbok (la
selección de rugby sudafricana).
Una vez en casa, Marga y yo nos quedamos haciendo cosas, mientras
José Luis y Jon Ander se van a dar un breve paseo ya que la luz cae muy pronto,
y a las 18h es ya de noche. Cenamos, y a dormir que al día siguiente hay que
levantarse a las 4.55h para ir al aeropuerto.
Miércoles 18 de agosto
Madrugamos un montón, y cogimos el vuelo de Port Elizabeth a
Durban a las 7,55h, llegando a las 9h.
Las maletas salieron antes de que nosotros llegaramos a la
cinta. El aeropuerto se llama King Shaka, y se ve que lo han hecho nuevo para
el mundial. El estadio lo pudimos ver desde el aire.
Fuimos a coger el coche a la oficina de Hertz, y otra vez
lío, nos habían dado un Khia Rio, que según ellos es similar al Toyota Corolla
que teníamos contratado, pero de eso nada, no nos entraban las maletas, y por
dentro era más pequeño.
Fuimos a la oficina, y nos decían que no tenían nada, que
teníamos que esperar un día. Al final, salió el jefe, y nos comentó que existía
la posibilidad de cambiar el coche y coger un Toyota Corolla en Richard´s Bay
en el aeropuerto, como no había otra opción y pese a que José Luis decía que
no, que nos tenían que dar uno superior, nos fuimos al aeropuerto de dicha
ciudad a cambiar el coche.
Aunque nos pillaba de camino, nos costó bastante encontrar
el aeropuerto, ya que no estaba indicado y era muy pequeño.
Llenamos el depósito echando R90 y preguntamos por el
aeropuerto.
Al llegar tuvimos que esperar bastante a que viniera el
empleado de Hertz, ya que estaba en el aparcamiento. Al final, tras hacernos
los papeles del cambio, y el correspondiente para pasar Swazilandia, nos
llevamos el Toyota Corolla marrón, con bastantes marcas y una rotura en la luna
delantera.
Llegamos al hotel de St. Lucia a las 14 h, y contratamos la
excursión en barco por el estuario para las 15h, para poder ver cocodrilos e
hipopótamos.
Fuimos rápidamente al Wimpy y nos llevámos la comida en
cajitas para comer rápido en el embarcadero.
Embarcamos, y pudimos ver varios hipopótamos, algún
cocodrilo, e incluso un águila comiendo una serpiente.
Al acabar dimos un paseíto y nos fuimos al hotel.
Preguntamos para hacer un safari nocturno esa noche, y tras hacer varias
llamadas, no pudo ser, ya que estaba completo, así que lo contratamos para el
día siguiente con la empresa World Heritage Tours.
El de recepción, nos comentó que si queríamos ir a cenar al
pueblo, era mejor que fueramos en coche, ya que era peligroso ir andando porque
solía haber hipopótamos, incluso en una ocasión, estuvieron a punto de matarle
uno de los perros que tenía.
A José Luis le entró miedo, y se quedaron a cenar en el
hotel. Nosotros nos cogimos el coche, y fuimos a cenar al Alfredo´s. Después de
la cena, volvimos a coger el coche, y antes de regresar, nos dimos una vuelta
buscando hipopótamos, pero nada de nada.
Jueves 19 de agosto
Jon Ander madruga mucho y se va a correr, viene entusiasmado
diciendo que ha visto muy bien hipopótamos, pájaros y algún antílope, y tras
hablar en el desayuno, decidimos cambiar de planes y no ir al parque de los
rinocerontes blancos, llamado Imfolozi.
Dimos un paseo por la orilla del río y por la playa que por
cierto era inmensa y hacía mucho viento. Jon Ander y yo, metimos los pies en
las aguas del Índico, y no estaban nada frías pese a ser invierno.
Volvimos
andando al hotel, y Marga descubrió que había perdido su jersey, y nos enseñó 2
batiks que había comprado por R400.
Cogimos el coche y yo sugerí hacer una excursión guiada a un
pueblo zulú llamado Khula, como era a las 14h, comimos muy rápido y por cierto
muy rico, en el Ocean basket, y nos fuimos en el jeep con otra pareja de
belgas.
Como la comida nos gustó tanto, Jon Ander y yo encargamos lo
mismo para recoger a las 21,30 h, después de volver del safari nocturno, a modo
de cena.
El pueblo y la visita fueron un poco rollo, y no tengo mucho
que decir, bailaron una danza corta y José Luis también bailó con ellos.
Al acabar la visita, nos dejaron en el pueblo, hicimos unas
compras para la cena de Marga y José Luis, y para la comida de pic-nic del día
siguiente en Swazilandia.
Sobre las 17,30 h, nos fuimos al hotel, ya que nosotros
teníamos un safari nocturno a las 19h.
En ese tiempo, no paró de llover, incluso se nos pasó por la
cabeza la idea de que igual suspendieran el safari.
Cuando fuimos a recepción, el encargado telefoneó para preguntar,
y nos dijo que venía el guía de camino. Cuando llegó nos preguntó si queríamos
ir, y que venían 2 personas más. Le dijimos que sí, y nos dio un impermeable y
una manta a cada uno.
Pasamos a buscar a la otra pareja, que eran italianos, y
allí fuimos a buscar animales.
Viernes 20 de agosto
Desayunamos a las 8h, y emprendemos viaje a Swazilandia, sin
tener alojamiento contratado ya que la intención era ir acercándonos al Kruger.
El paisaje va cambiando, se vuelve más seco, y no paramos de
ver antílopes por la carretera.
Llegamos a la frontera en Golela, y para salir de Sudáfrica
hay que pasar primero por inmigración, nos ponen en una cola a los 3, y al
conductor en otra. A nosotros nos sellan el pasaporte y punto, y José Luis
tiene que rellenar unos papeles con los datos del coche, como número de motor,
matrícula, etc. ¡¡menos mal que cuando cogimos el coche, nos acordamos de
decirle al de Hertz, que íbamos a Swazilandia!!
Tras hacer esos trámites, nos quedaba entrar en Swazi.
Tuvimos que hacer algo de cola, ya que coincidimos detrás de un grupo de
italianos.
La aduana era para contar: en una pared la foto del rey, la
reina madre y el primer ministro. En otra pared la de otro tipo en busca y
captura. Encima de un mueble, unos archivadores viejísimos, apilados a punto de
caerse y de cualquier forma. También tenían en una pared, unas baldas viejas de
madera a medio caer, en las que ponía:” información turística”, y no había
nada.
Antes de que nos tocara, a la empleada se le ocurre sacar
unos impresos que había que rellenar, y ¡¡menos mal!!, porque así fuimos
adelantando, rellenando cada uno el suyo.La empleada preguntó a un compañero si
los españoles necesitábamos tener visado, y éste le dijo que no. Tras rellenar
el impreso, pasamos al lado donde otro señor, a pagar las tasas de aduana, y
pagamos por los 4 y el coche R50. A todo esto, las cosas las íbamos deduciendo,
porque ellos no decían nada.
Según entramos en el nuevo país, ya pudimos comprobar que no
tenía nada que ver: la gente es muy negra, no se ven blancos, tienen las chozas
diseminadas por el campo, en el que corren los niños y los animales, y se ve
gente realmente pobre, pero que si tienen oportunidad, te saludan al pasar.
Se va acercando la hora de comer, y nos habíamos puesto como
meta el pueblo de Ezulwini, unos 20km antes de la capital Mbabane, ya que
teníamos intención de al día siguiente visitar el pueblo de Lobamba, que había
leído era auténtico.
José Luis le dice a Jon Ander si quiere conducir, y tras
hacer el cambio, paramos delante de una casa a comer, ya que son las 14,10h y
no podemos posponerlo hasta encontrar el alojamiento, ya que no sabemos cuánto
nos llevará. Pese a que a José Luis no le gusta parar en la carretera, la
lógica dice que tiene que ser así. Paramos a comer, y todo el mundo que pasa
nos mira, pero en plan bien, ya que no había más blancos.
Se me había olvidado contar que antes habíamos parado en un
mercado junto a la carretera, y compramos algo en un super, y naranjas en un
camión, previo regateo al niño, que pedía R13 por 13 naranjas, y al final nos
lo llevamos por R10.
Cuando finalmente llegamos a Ezulwini, preguntamos en un
hotel, y nos dijeron que estaba todo lleno porque había una convención, que
estaban todos los pueblos llenos, y la habitación que nos ofrecía, era sencilla
y por R740. Como nos parecía muy cara para lo que estábamos viendo del país, le
dijimos a la chica que no, y entonces nos dijo: “ pues cuando volváis aquí, ya
no vamos a tener, porque está todo lleno”, sólo le faltó decir: “ y os
chinchais”, la verdad es que era una bruja.
Seguimos buscando y todo lleno o igual de caro, en una de
las casas que preguntamos, una amiga de la señora, se ofreció a ir con nosotros
en el coche para enseñarnos otro sitio. La hicimos sitio en el coche, y se
sentó al lado de Marga, describo la situación: la gorda al lado de Marga, con
las manos en los bolsillos, sin sacarlas y dando las indicaciones a Jon Ander.
A todo esto, de vez en cuando le daba con las tetas a Marga.
En una de éstas, la veo que empieza a enredar en el seguro
de la puerta, y como íbamos muy prietas, me pienso que quiere abrir la ventana,
y digo: “ abrirle por favor la ventana a la señora que no para de dar al botón
y se estará ahogando”, pues no, al final José Luis le abre la ventana y era
para hablar con un señor en el alojamiento al que íbamos.
El camino fue horroroso, el coche casi se queda allí de lo
que se arrastraba debido al peso de las maletas y a la gorda que había acabado
de hundirlo. En una de éstas, va y se tira un pedo, pero menos mal que no olió.
Cuando llegamos a la casa, eran cabañas, pero sale la dueña
blanca, por cierto muy antipática, y nos dice que valen R900 para los 4, le
pedimos verlas y le sienta fatal. Al final a regañadientes viene con una negra,
y según vamos por el camino, le decimos que no nos interesa ya que nos parece
caro, y nos había metido por al lado del establo.
Volvimos con la gorda a dejarla en su casa, y le dimos R20
de propina. Al final, viendo el panorama, decidimos volver al primer sitio,
entramos Jon Ander y yo, y estaba la chica maja, nos dijo que tenía otras
habitaciones mejores al mismo precio, y después de verlas, decidimos quedarnos,
además eran más grandes. Mientras rellenábamos papeles, vino la que nos había
dicho que no íbamos a encontrar habitación, y dijo: “¡ah, aquí estáis de
nuevo”!, yo no la hice ni caso.
Le pregunté por internet, ya que José Luis quería hablar
siempre que podía con Ana y con su madre, pero después de un rollo terrible, no
le entendí muy bien, y decidí no volver a insistir.
Cuando llegó José Luis, entre Marga y Jon Ander le
preguntaron otra vez.
Al final, subimos a la habitación, y como no podíamos salir
a ningún lado, decidimos cenar en la habitación de Marga y José Luis con las
cosas que nos quedaban. Mientras tanto, yo bajé a comprar la tarjeta de
internet, pero había un chico que no se enteraba de lo que le pedía, y me
enseñó un sitio con un ordenador para que enredara. Allí fui a mirar el correo,
pero todo sin silla, ya que la silla estaba ocupada por una CPU vieja y unos
cables.
Miramos el mejor recorrido para ir al Kruger, y reservamos
la noche que nos faltaba en Komatipoort, un pueblo 12 km antes de la entrada al
parque por la puerta de Crocodile Bridge.
Le comentamos sobre la posibilidad de cenar en el
restaurante del hotel, pero nos dijeron que al día siguiente tenían una boda, y
que lo estaban preparando, pero que le podía comentar al cocinero para que nos
pusiera en una esquina, y ya nos diría lo que podíamos comer.
Viendo el panorama, decidimos cenar lo que teníamos.
Subimos a la habitación de Marga y José Luis a cenar allí. Cuando estábamos cenando, Marga dijo que
había un ruido horrible, y descubrimos que pegado a la ventana de fuera, había
un tubo como de un extractor. Decidió que quería cambiarse de habitación, ya
que según ella no iba a poder dormir con semejante ruido, y allí fuimos ella y
yo a decirle al iluminado de recepción, que nos cambiara de habitación.
Cuando bajamos, nos dijo que no podía ser, pero al insistir,
llamó al encargado y éste nos acompañó a una habitación nueva de una sola cama
de matrimonio, no sin antes mirarnos muy extrañado, e insistir en que sólo
tenía una cama, a lo que nosotras le decíamos que eso nos daba igual.
Al llegar arriba, me di cuenta que se creía que eramos
lesbianas, entonces ya no pude aguantar la risa, y me tuve que quedar riéndome
en el pasillo, no sin antes comentarle a Marga mis sospechas, y reírse también
ella. Cuando entré en la habitación, allí estaba el tipo con Marga mirándonos, no
pude aguantar y estallamos las dos a reir.
La situación era la siguiente: las dos muriéndonos de risa,
y él alucinado mirándonos. Cuando tuvimos un momento de tregua, le pedí
disculpas, y le dije que teníamos maridos, que no eramos pareja, y que ellos
estaban en otra habitación. Entonces, se rió, y nos dijo para ir a la
habitación que abandonábamos. Eso fue ya el remate final, cuando llegamos a la
habitación, allí estaba José Luis tirado en una cama, comiendo una naranja, y
Jon Ander recostado en la otra.
El hombre, ya no sabía que pensar, les miró a los dos, nos
miró a nosotras, y preguntó por si estábamos los 4 en una habitación. José Luis
y Jon Ander, que no sabían nada, nos miraban alucinados, y Marga y yo sin parar
de reir, le dijimos al hombre, que teníamos otra habitación.
Mientras se hacía el traslado, el hombre nos dijo que quería
ver la otra habitación, y cuando le llevamos allí, y vio que tenía 2 camas, nos
dijo que eso no podía ser, que recogiéramos todo porque el matrimonio tenía que
dormir en una cama. Pese a que le dijimos que no importaba, nos hizo recoger
todo, y se fue a buscarnos otra habitación.
Jon Ander estaba ya que no se lo podía creer. Cuando subió,
nos comentó que no tenían habitación disponible, pero que subiría alguien a
juntarnos las camas, a lo que le dijimos que no hacía falta, ya que las
juntaríamos nosotros. En ese momento, a Jon Ander se le ocurrió decirle que no
funcionaba el mando de la tele, y en buena hora, porque nos tuvo otro rato
esperando a que volviera con uno nuevo.
Cuando nos juntamos con Marga y José Luis, fue un pitorreo.
Sábado 21 de agosto
Nos levantamos temprano, y fuimos a desayunar al restaurante
del hotel. Como era muy básico, yo no desayuné.
A continuación nos fuimos a ver el pueblo de Lobamba, que
según había leído, era muy auténtico. Como no sabes dónde empiezan muchos
pueblos, fuimos a una oficina de información, y nos explicó también de un lugar
en el que podíamos ver una cascada, un pueblito y unas danzas típicas a las 11
h.
Así que eso hicimos, nos fuimos al pueblo de Lobamba, sin
separarnos mucho del coche, ya que era un pueblo muy pobre, y éramos los únicos
blancos. Saqué unas fotos a unos niños, y dimos un paseíto breve.
Después compramos el pack de visita al poblado, cascada y
baile que valía R150 por persona.
El jefe del poblado nos enseñó las chozas, que parecía
estaban más para ver que para vivir.
Compramos a su madre unos cubiertos para
la ensalada R30 y Marga 2 máscaras pequeñas R110.
Visitamos la cascada, y a
continuación las danzas.
En las danzas, que empezaron unos 25 minutos más tarde de la
hora, había muchos turistas, y estuvimos hablando con un matrimonio catalán,
que tenía un niño, los cuales nos comentaron que salían del Kruger, pero que
ellos no tenían ninguna reserva, iban sobre la marcha, lo cual en el Kruger,
les había supuesto tener que salir todos los días a buscar alojamiento fuera
del parque.
En el parque no
habían tenido mucha suerte con los avistamientos de animales, y por ejemplo los
leones los habían visto de muy lejos.
Las danzas, para mí fueron vistosas, pero no me parecieron
para echar cohetes. Había un chico animando el cotarro, que era super –
mariquita.
Marga y José Luis, compraron un cd de su música, el cual
pusieron luego en el coche, y por cierto, ya les dije que me parecía horroroso,
pero uno no sabe lo que compra en dichos casos.
Seguimos rumbo a Sudáfrica, viendo el paisaje de
Swazilandia, el cual es pobre de solemnidad. En el camino, vimos unas mujeres
haciendo unos cestos para meter los huevos de las gallinas, y decidimos parar a
sacar unas fotos.
Al preguntarles si podíamos, nos pidieron R10, y como
llevábamos alguna moneda de Swazilandia, el emalangeni, pues se las dimos
aunque faltaban unos céntimos.
Entre las mujeres había una que tenía mucho genio y no
quería que le sacaramos. Hicimos fotos, y cuando les hice a los niños, venían
todas a verlas y se reían al verse en la pantalla.
Les dije alguna palabra en Swazi, y se reían. Yo, las
llevaba apuntadas.
Al final nos despedimos, ya que nos quedaban km.
Cuando llegamos a la frontera de Swazi, no había clientes, y
fue rápido, tuvimos que rellenar el mismo formulario que al entrar, uno por
persona, y entregar un papel que nos habían dado según aparcamos el coche, con
el número de matrícula. Nos echó el sello en el pasaporte, y listo, ya
estábamos fuera de Swazi, ahora nos quedaba entrar en Sudáfrica.
La entrada fue rápida, enseñar pasaporte, sellar y listo.
Continuamos viaje, y como no había ningún sitio para comer,
pues volvimos a sacar lo que teníamos en unas mesas que encontramos al lado de
la carretera, y emprendimos rumbo a Komatipoort.
Cuando llegamos al sitio, que se llamaba Tree too guest
house, Jon Ander se bajó del coche, a hablar con la señora de la casa, y ésta
le comentó que no le había llegado la reserva que habíamos hecho con booking,
ya que a veces tenían problemas con la conexión y con la luz, pero que en este
caso, teníamos suerte porque tenían sitio, así que allí nos quedamos.
Las habitaciones eran muy bonitas, con una cama con
mosquitera,y el baño muy grande, con una bañera con patas.
Estuvimos hablando mucho en español con la señora, ya que
había estado mucho tiempo en Valencia.
Nos comentó que eran de Manchester, y
que llevaban 5 años en Sudáfrica, que estaban muy contentos, ya que tenían
mucho trabajo, y nunca habían tenido españoles.
Se les ocurrió establecerse allí ya que les apetecía cambiar
su vida, pese a que tenían dos buenos trabajos y una casa muy bonita, pero tras
3 viajes a Sudáfrica, pensaron en la opción, y eligieron Komatipoort porque
estaba muy en el centro de todo:por un lado Mozambique, por otro cerca la
entrada al Kruger, y por otro Swazilandia.
Le dije que había que ser muy valiente para romper con todo:
familia, amigos y todo, y lanzarse a la aventura, a lo que dijo que sí.
También le preguntamos por el tema de la malaria, ya que en
ese pueblo había muchos mosquitos, y por cómo hacían ellos el tema de la
medicación, porque evidentemente no podían estar tomándola todos los días. Me
comentó que en los 5 años no habían oído ningún caso de malaria, y que ellos no
tomaban nada porque no podía ser.
La cena fue muy rica: yo comí rabo de buey, y un mousse de
chocolate con amarula, que luego me sentó mal, pero bueno, fue sólo un momento.
Me conecté a internet wi-fi al lado de su oficina en la
calle, y en el poco tiempo que estuve, me picaron los mosquitos 4 veces.
Dmingo 22 de agosto:
Madrugamos mucho, ya que queríamos entrar en el Kruger a las
6 h de la mañana, pero como estábamos a 10 minutos, pues fue genial.
Antes de la puerta de entrada, ya vimos búfalos e
hipopótamos, eso hacía presagiar unos buenos avistamientos.
Entramos al Kruger, por Crocodile Bridge, nos dieron un
papel, y ya estábamos listos para buscar animales.
Tras ver muchos animales, los cuales resumiré al final de la
estancia, nos dirigimos a nuestro campamento de Skukuza, en el cual estaríamos
2 noches. Teníamos 2 cabañas, llamadas “rondavels”, son redondas con el techo
como de paja, y eran preciosas, fuera de la casa, en el porche, estaba la
cocina, con sus utensilios, y una barbacoa.
Al atardecer, teníamos un sunset drive.La verdad es que no
fue espectacular, pero menos mal que vimos 5 leones en la carretera, tan
tranquilos, y los tuvimos a un paso, fue increíble, y esto salvó el drive.
Lunes 23 de agosto:
Madrugamos otra vez, ya que teníamos el morning walk a las
5,30 h. Teníamos puestas bastantes esperanzas, ya que pensábamos que íbamos a
ver animales de muy cerca.
Nada más llegar, a Jon Ander y a mí, que íbamos uno de rojo
y otro de amarillo,el ranger, nos dijo que no se puede ir con colores
brillantes, así que nos tuvimos que quitar el gore – tex, pero como yo no
llevaba nada discreto, pues tuve que ponerme el gore al revés.
Nos llevaron a un sitio bastante alejado del campamento, y
según empezamos a ir en el coche, nos encontramos 5 hienas muy bonitas,
tumbadas en medio del asfalto, al parecer, los animales salen pronto a la
mañana y se tumban al calor del asfalto.
Cuando llegamos al sitio de andar, nos dieron las
instrucciones pertinentes explicando claramente que teníamos que permanecer en
silencio, ir en fila de a uno, y obedecer sus indicaciones en caso de peligro.
La verdad que la caminata no fue nada interesante, estuvimos
andando entre hierbas quemadas, y sólo vimos un rinoceronte algo lejos. Nos
explicó que no nos podía ver, ya que son casi ciegos, y que sí nos podría oler,
pero para eso nos habíamos puesto en contra del viento.
En caso de querer atacarnos, nos tendríamos que esconder
detrás de un pequeño arbusto, que la verdad daba risa.
Hicimos un desayuno, en medio de una roca, con lo que los
rangers llevaron, y vuelta al origen.
En resumen se puede decir que no mereció la pena.
Los rangers iban armados, pero yo creía que uno iría delante
del grupo y otro detrás, y no, iban los dos por delante.
El resto del día, lo pasamos haciendo nuestro propio safari,
y eso sí que era impresionante. Ese día en concreto vimos 3 leopardos, uno de
muy lejos, comiéndose un impala que acababa de cazar, y según nos contó un
sudafricano, ellos le vieron cazar.
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